Fiscal Martínez Soto analiza la fuga y captura de menores en Batán
El fiscal de Responsabilidad Penal Juvenil, Walter Martínez Soto, brindó un crudo diagnóstico sobre la fuga de dos adolescentes del Centro de Contención de Batán, ocurrida el pasado domingo. En diálogo con Radio Brisas, el magistrado no se limitó al hecho puntual, sino que expuso una serie de deficiencias estructurales que, a su juicio, convierten al establecimiento en un lugar vulnerable y poco apto para su función.
El hecho, según la información policial recabada por la fiscalía, se produjo “aprovechando un descuido” del personal durante la tarde del domingo. Los adolescentes lograron salir del predio, pero fueron hallados a pocos metros, en una zona lindante al parque industrial General Savio, por personal de la Comisaría 8ª. Martínez Soto describió el lugar como de “fácil acceso”, sin las características de seguridad de una unidad penitenciaria tradicional. “No es tan profundo”, explicó, señalando que esto facilita este tipo de incidentes.
Más allá del episodio, el fiscal centró su análisis en la naturaleza conflictiva del propio centro. Recordó que el establecimiento depende del Ministerio de Desarrollo Social y no del Ministerio de Justicia o del Servicio Penitenciario Bonaerense.
“Mi opinión personal es que debería pertenecer al sistema del Ministerio de Justicia, con un rol activo de personas especializadas en la temática penal juvenil pero con capacidad para contener estas situaciones”, afirmó Martínez Soto. Para el fiscal, existe una discusión no resuelta sobre si estos lugares deben tener un perfil socio-asistencial o de seguridad, lo que genera vacíos. “Cuando hay reformas judiciales o legislativas, la realización de los cambios es más lenta por la falta de recursos materiales y humanos”, argumentó.
Un patrón que se repite y la “importación” de delitos graves
El titular del fuero juvenil fue categórico: “No es la primera vez” que ocurren fugas, y el lugar no ha variado sustancialmente para prevenirlas. En contraste, señaló que en las unidades penales 15 o 44 este tipo de eventos no son comunes, evidenciando la diferencia en los estándares de control.
Otro dato alarmante que aportó es el perfil de los internos. Indicó que, si bien no hay sobrepoblación, una gran mayoría de los jóvenes alojados provienen del Gran Buenos Aires (GBA), con problemáticas y modus operandi distintos. “Hemos advertido que se han perfeccionado en algunos delitos”, comentó, vinculando este fenómeno con el contacto con redes criminales del AMBA. “Los delitos que se ven en la televisión que acontecen en el AMBA son idénticos a los que están pasando hoy en Mar del Plata”, alertó.
Contexto veraniego y el debate sobre la “feria judicial”
Martínez Soto también criticó el funcionamiento del Poder Judicial durante el verano. Cuestionó la vigencia del receso o “feria” en una época donde, según su experiencia de 40 años en Mar del Plata, aumentan los delitos por la llegada de turistas y población flotante.
“Pareciera ser que uno no trabaja… algunos encargados de los designios del poder judicial no tienen la empatía con la sociedad”, expresó con frustración. Relató que, incluso en época de feria, los fiscales de turno atienden hechos y observan cómo llegan personas que “hacen la temporada” delictiva, con modalidades cada vez más sofisticadas, como robos seguidos de compras instantáneas con tarjetas hurtadas.
El trasfondo del narcotráfico y una advertencia final
Consultado sobre la influencia del narcomenudeo, el fiscal describió un panorama preocupante. Consideró que en los últimos años se banalizó el consumo de marihuana y pastillas entre los jóvenes, lo que deriva en dependencias más graves y, finalmente, en delitos para financiar la adicción.
“Hay familias desesperadas porque no tienen los medios para brindar ayuda”, afirmó, cerrando con una reflexión sobre el círculo vicioso que envuelve a muchos adolescentes: inicio en el consumo, dependencia, delincuencia para sostenerla, y la pérdida de la libertad y los vínculos familiares.