Dormir bien podría reducir el riesgo de decenas de enfermedades, según un estudio
Dormir no solo implica acumular determinada cantidad de horas. La calidad del sueño y el tiempo que las personas permanecen en sus distintas fases también podrían estar relacionados con su salud a largo plazo, según un nuevo estudio realizado por investigadores de la Universidad Médica Capital de China y publicado en la revista científica PLOS Medicine.
La investigación analizó los patrones de sueño de 95.559 participantes del Biobanco del Reino Unido y los siguió durante una mediana de 8,9 años. Los investigadores utilizaron registros obtenidos mediante acelerómetros de muñeca para estimar diferentes características del descanso, entre ellas el sueño REM, el sueño profundo, el sueño ligero, la duración total y las interrupciones nocturnas.
Uno de los principales resultados fue que una mayor proporción de sueño REM se asoció con un menor riesgo de 83 enfermedades.
El sueño REM, caracterizado por una elevada actividad cerebral y asociado habitualmente con los sueños más vívidos, fue uno de los parámetros que mostró las asociaciones más amplias con la salud. Según el estudio, un aumento de 47,6 minutos de sueño REM, equivalente al rango intercuartílico utilizado por los investigadores, se relacionó con un menor riesgo de 83 enfermedades.
Entre las asociaciones señaladas aparecen:
- Insuficiencia cardíaca: razón de riesgo de 0,74.
- Demencia: razón de riesgo de 0,54.
- Enfermedad de Parkinson: razón de riesgo de 0,20.
Estos resultados describen asociaciones estadísticas, por lo que no significan que dormir más sueño REM prevenga directamente estas enfermedades.
También analizaron el sueño profundo
El sueño profundo fue otro de los componentes estudiados. Una mayor cantidad de esta fase se relacionó con un menor riesgo de siete afecciones, entre ellas la diabetes tipo 2 y el trastorno depresivo mayor.
Los investigadores también observaron que determinados patrones de sueño menos regulares estaban vinculados con un mayor riesgo de distintas enfermedades.
En particular, una mayor irregularidad del sueño y más tiempo despierto después de haberse quedado dormido se asociaron con varias afecciones, entre ellas los trastornos de ansiedad y los trastornos por consumo de sustancias.
La duración total del descanso también mostró una relación relevante con los resultados de salud. El análisis encontró una relación no lineal entre las horas de sueño y el riesgo de numerosas enfermedades. Para la mayoría de las afecciones analizadas, el período asociado con el menor riesgo se ubicó entre 6 y 8 horas de sueño por noche.
En cambio, las personas que dormían menos de cinco horas presentaron una mayor vulnerabilidad clínica y ese patrón se asoció con un mayor riesgo de 37 enfermedades.
Los investigadores señalaron que la duración del sueño mostró asociaciones significativas con 86 fenotipos de enfermedades. Después de aplicar una corrección estadística de Bonferroni, el análisis identificó 156 asociaciones significativas entre los patrones de sueño y la aparición de enfermedades.
De los 86 fenotipos con asociaciones no lineales, en 69 el período de menor riesgo se concentró entre las 6 y 8 horas.
Por qué este estudio resulta diferente
Una de las particularidades de la investigación es que no se basó únicamente en lo que los participantes dijeron sobre sus hábitos de descanso.
Los investigadores utilizaron acelerómetros de muñeca durante siete días y noches consecutivos y posteriormente aplicaron un algoritmo de aprendizaje profundo para estimar las diferentes fases del sueño.
Esto permitió obtener una medición objetiva del comportamiento durante el descanso, un aspecto relevante porque las estimaciones realizadas por las propias personas pueden diferir de las mediciones obtenidas mediante métodos objetivos.
Los investigadores combinaron posteriormente esos datos con los historiales médicos de los participantes para estudiar asociaciones con más de 1.000 enfermedades.
Los resultados no demuestran causalidad
Aunque los resultados muestran una gran cantidad de asociaciones entre las características del sueño y distintas enfermedades, existe una limitación fundamental: se trata de un estudio observacional.
Esto significa que los investigadores pudieron detectar relaciones estadísticas entre determinados patrones de sueño y resultados de salud, pero no demostrar que dormir determinada cantidad de horas o tener más sueño REM sea, por sí mismo, la causa de una enfermedad o de su prevención.
Otros factores relacionados con la salud y el estilo de vida podrían influir en esas asociaciones.
Por eso, los resultados deben interpretarse como evidencia sobre la relación entre los patrones de sueño y la salud, y no como una prueba de que modificar una única característica del descanso pueda evitar una enfermedad específica.
Los autores sostienen que sus resultados aportan evidencia adicional sobre el papel que podría desempeñar dormir entre 6 y 8 horas en la salud de los adultos de mediana edad y mayores. La investigación también pone el foco en una cuestión que va más allá del número de horas: la distribución de las distintas fases del sueño y la regularidad del descanso.
En ese sentido, los resultados sugieren que estudiar el sueño únicamente a partir de su duración podría ofrecer una visión incompleta de la relación entre descanso y salud.