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Por Fabrizio Zotta

Resumen para pensar la semana

sábado 02 de diciembre de 2023
Resumen para pensar la semana

Si pudiéramos reducir la semana a un solo concepto, ese sería pragmatismo. En su versión más simplificada, el pragmatismo aplicado a la política refiere a la preeminencia de la ejecución por sobre la especulación. En palabras más sencillas, adaptar las decisiones que se toman a la situación y no la situación a una idea que se tenía de antemano.

Uno podría decir que el pragmatismo es, entonces, una avivada. Puesto sólo en estos términos, quedaría más o menos así: “durante la campaña, cuando la situación era una, dije que iba a hacer tal y cual cosa, y ahora que la situación es otra y es momento de ponerlo en práctica, digo otra cosa. No cambié yo, cambió la situación”. He ahí una simplificación de toda una filosofía, pero también un resumen de nuestra última semana.

Javier Milei no es el mismo de la campaña electoral, no hace falta explicarlo. Empezó a adquirir rasgos de hábil declarante, dando señales que pueden tomarse hacia el lado de la convicción en sus criterios cuando dice, por ejemplo, “el equilibrio fiscal no se negocia” o “el cierre del Banco Central no es negociable”; y también da señales sobre su paulatina domesticación, como cuando Diana Mondino -al lado de Daniel Scioli- intenta remontar en los hechos el mal comienzo con Brasil, cuyo presidente es un “comunista, delincuente y corrupto” para Milei, pero merecedor de una carta personal de invitación a la jura del 10 de diciembre.

La semana que hoy termina estuvo signada por el viaje a Estados Unidos del presidente electo con su acompañante más destacado, Luis Caputo. Luego de su agenda personal y espiritual, Milei se fotografió en la mismísima Casa Blanca con Jake Sullivan, consejero de Seguridad Nacional de Joseph Biden, otro “socialista”, aunque moderado.

El “socialismo”, ha dicho Milei, es “excremento humano”, “una enfermedad del alma” y que “va a fallar siempre”. Pero el “mundo libre”, alianza con quienes signará la política exterior, según Milei dijo desde sus primeras horas de presidente electo, está liderado por este “socialista moderado” en cuya casa el próximo mandatario argentino se sacó su primera foto cuasi oficial.

Así las cosas, puede empezar a crecer la vieja y conocida política de la indignación antes de que asuma el presidente electo, porque se contradice o, lisa y llanamente, engañó a su electorado.

Pero, desde el punto de vista del pragmatismo, cuya presencia y extensión en el mundo no es para nada menor, es un error reducir estos cambios que vemos en Milei a la idea de cambiar de posición de acuerdo a como sople el viento.

Los principales exponentes de esta corriente que se aplica a la lógica, a la sociología y también a la ciencia política, intentan dejar claro un concepto fundamental: no existen problemas en sí, sino que siempre el problema es de un individuo o un colectivo de individuos.

Entonces, siguiendo ese razonamiento, cualquier juicio teórico es una forma confusa de pensamiento que generaliza ocultando el único fin de todo enunciado, de todo lo que es dicho, escrito y pensado: llevar a los demás a actuar, al máximo nivel de práctica posible, pasar del modo indicativo al modo imperativo o, lo que es lo mismo, del dicho al hecho, a que los demás hagan.

Al revés de lo que suele decirse, de que uno cambia de idea de acuerdo a como se vayan presentando los hechos, el pragmatismo dice que primero están los hechos -los efectos prácticos que yo quiero lograr- y después viene el pensamiento sobre cómo puedo lograr que eso ocurra. Es al revés.

Charles Peirce, fundador del pragmatismo y también de la semiótica, que tiene mucho que ver con esto, dijo: “El significado de una concepción se determina por las consecuencias prácticas de esa concepción”. En otras palabras, solamente entiendo el mundo que me rodea porque veo lo que sucede, en la práctica, en el mundo.

No es la idea enredarnos con teorías filosóficas, no estamos aquí para eso, pero sí es importante tener en claro dos o tres de estas ideas para intentar anticipar lo que va a venir: mucho de lo que vamos a escuchar y a ver en los próximos meses estará rodeado de la idea de que debe primar “el sentido común”, el sentido práctico que “es evidente” -dirán- que tiene que tener el mundo y, en particular, nuestra Argentina.

Esa filosofía del sentido común, de la verdad evidente, es una reducción del complejo mundo del pragmatismo. Y, por lo que hemos visto hasta ahora, contrastará con lo que fue otro momento de implicancias prácticas: la campaña electoral.

Todo esto me lleva a una pregunta final: en la política real, no en las teorizaciones sobre la política, sino en lo que Otto von Bismark llamó “Realpolitik”, es decir, una forma de diplomacia y de política que tiene en cuenta la situación concreta y los factores que la determinan, y no modelos teóricos, morales o ideológicos previos; ahí, en esa instancia en la que sólo están los estadistas, ¿Cuánto lugar hay para el dogma?, ¿Cuánto lugar hay para lo no negociable? ¿Cuánto lugar hay para “socialistas de mierda”, o anarco capitalistas libertarios puros?

En las antípodas, a Alberto Fernández le gustaba citar al Papa con aquello de “nadie se salva solo”. Y así como nadie se salva, tampoco nadie gobierna solo. Ese el sentido común que está haciendo que Milei “entienda las consecuencias”, y “actúe en consecuencia”.

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