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miércoles 21 de febrero de 2024

Por Fabrizio Zotta

Resumen de la semana de Presente Continuo

sábado 16 de diciembre de 2023
Resumen de la semana de Presente Continuo

Se llama “monismo” a la teoría filosófica que reduce todo lo que existe a una sola cosa, o materia, o idea. Es decir, según esta perspectiva, todas las cosas que hay en el mundo son versiones distintas de un mismo sustrato, de un mismo telón de fondo, que es la razón de ser de todo.

Según estas ideas, el mundo puede explicarse a través de una única causa que va generando variaciones, que hacen que el mundo en el que vivimos, las cosas que nos pasan, la realidad que nos rodea sea así, de esta manera que vemos.

En la política, la explicación monista que más hemos escuchado es la de que son las relaciones económicas y materiales las que le dan forma a nuestras sociedades: lo conocemos como Marxismo, en honor a su máximo exponente, Carl Marx, pero hay muchos otros pensadores que sintetizan nuestro modo de vida a partir de una explicación, de la que deriva todo lo demás. En el marxismo, se sabe, era la lucha de clases la que le daba organización y evolución a las sociedades.

Esta larga y difícil introducción me sirve para decir lo que quiero decir: estamos transitando una semana monista, porque lo único que conocemos del gobierno nuevo es que mira y explica la realidad argentina desde una sola variable: la economía.

Si nos vamos a la prehistoria de esta semana, el domingo 11, Milei asumió su cargo y dio su primer discurso como presidente. Como vamos a ver después, salvo mínimas excepciones su mirada del gobierno que viene, y del que se fue, se redujo a los estados contables.

Su primer punto fue resaltar que estamos ante la peor herencia de todos los gobiernos, unos 17 puntos de PBI de déficit, y que “no hay solución viable sin atacar el déficit”. Repitió 4 veces, con estas palabras exactas, que “no hay solución alternativa al ajuste”, y que será “el último mal trago para comenzar la reconstrucción de Argentina”, y remató con un “Habrá luz al final del camino”.

Promediando su alocución apareció, por primera y hasta ahora por única vez, en su voz presidencial variables propias de un gobierno que no tienen que ver con la Economía, o quizá sí, pero que no son estados contables.

Dijo “El deterioro abarca a todas las esferas de la vida social” y se refirió a la seguridad, concretamente. En ese punto, no brindó precisiones para la gestión del tema, como sí lo hizo en lo económico, dijo “se acabó con el siga siga de los delincuentes” y los ya clásicos “el que las hace las paga” y el “dentro de la ley todo, fuera de la ley nada”.

Se refirió, además, a otros tres aspectos de las obligaciones del Estado: la Educación (“Si se levantara Sarmiento y viera lo que hicieron de la educación”), la Salud y la Infraestructura. En cada uno de estos temas el diagnóstico fue lapidario. Estos son los resultados del “Estado presente”, ironizó.

En este discurso corto, duro y sin concesiones, están cifrados todos los mensajes que se emitieron desde el gobierno durante esta semana: Manuel Adorni hizo su estreno como vocero, generando más expectativas en la previa a sus conferencias que lo que queda en concreto cuando termina; y Luis Caputo anunció el decálogo de medidas que hemos repasado hasta el cansancio.

Ahora bien, cada una de estas declaraciones de funcionarios tuvo una larga introducción destinada a explicar el por qué es “inevitable” seguir este camino duro, difícil. Más de la mitad de la conferencia de Caputo estuvo dedicada a explicar qué era el déficit, por qué llegamos acá y que si no se toma este camino el resultado es un 15.000% de inflación: una leche pasaría de 400 pesos a 60.000 en un año.

Y allí está el monismo del gobierno. Es, hasta ahora, un gobierno que sólo se está expandiendo en una sola dirección. Si la realidad argentina sólo se explica en términos económicos concentrarse en ese único aspecto tiene sentido. Pero ¿qué pasa si no agotáramos la realidad argentina a esta omnipresente variable económica? ¿Qué estamos dejando afuera si solamente hablamos de economía?

Todo el andamiaje de ideas que ha desplegado el gobierno de Milei en esta semana responde al criterio del monismo económico. Si la única variable es que “no hay plata”, y es lo único que importa, la consecuencia es el recorte en los subsidios, la paralización de la obra pública, el freno a los controles de precios, el achicamiento del Estado; e incluso se puede ir más allá: es la pérdida del salario real, la suspensión de la pauta oficial, la cancelación de ayuda social y, hasta incluso, la baja en el poder adquisitivo de las jubilaciones. Esa sería la medida de todas las cosas.

Un gobierno que sólo mira lo económico y explica el mundo desde lo económico puede cometer serios excesos en sus decisiones, porque confunde los medios con los fines. Si en la casa de cualquiera de nosotros solamente miráramos lo económico y, por ejemplo, eligiéramos siempre la comida más barata, reducir al mínimo el costo en educación, en salud, en ropa de nuestros hijos, o viviéramos con el criterio utilitarista de que sólo lo que nos sirve para algo es lo que vale estaríamos dejando afuera de nuestra vida cotidiana algunos aspectos importantes, que son un gasto a veces excesivo, pero indispensables si vemos a la vida como algo más que una planilla de Excel.

Con el Estado pasa algo similar: ¿cuál es la naturaleza del funcionamiento específico del Estado? ¿Debe ser eficiente o debe hacer eficiente para las mayorías aquello que no es eficiente en sí mismo? Creo que acá está el excesivo monismo del gobierno de Milei.

¿Esto quiere decir que antes de Milei el estado del Estado era el correcto? Rotundamente no, porque el gobierno anterior tenía su otro monismo con el que explicaba sus actos: el puro presente de las relaciones económicas. El rumbo se hacía andando, sin planes, como reconoció Alberto Fernández una vez.

Javier Milei sabe muy bien que en estos primeros meses de gobierno se lo va a evaluar solamente por el rumbo de la economía: y sabe también que el segundo de los temas será la seguridad, y en ese sentido avanzó el plan de seguridad frente a piquetes que presentó Patricia Bullrich ayer, la única de los ministros que habló hasta el momento.

Se cuenta que cuando la convenció de asumir al frente del Ministerio de Seguridad, Milei le dijo a Bullrich: “No voy a poder dar buenas noticias económicas en mucho tiempo, por eso necesito que haya buenos resultados en Seguridad”. No sabemos si esto fue así o no, pero a la luz de la única variable que mira el gobierno, la idea de que la seguridad sea subsidiaria de la actualidad económica no parece ser inverosímil.

Es irresponsable evaluar una gestión que tiene apenas 5 días. No está bien hacerlo. Este resumen no se trata de eso. Lo que realmente quiero decir es que un gobierno no es sólo su balance económico: un gobierno es la conducción política del Estado. Y definir políticas quiere decir elegir prioridades para favorecer el bien común. También es tener la visión sobre qué es y no es el bien común.

Esperaremos un poco para ver si, en el gobierno de Milei, detrás del Excel, hay algo más.

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