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Por Fabrizio Zotta

El resumen de Presente continuo

sábado 23 de diciembre de 2023
El resumen de Presente continuo

Decía Ortega y Gasset que el sentido de los derechos adquiridos en democracia “no era otro que sacar a las almas humanas de su interna servidumbre y proclamar dentro de ellas una cierta conciencia de señorío y dignidad”. Y sigue diciendo “¿No era esto lo que se quería? ¿Que el hombre medio se sintiese amo, dueño, señor de sí mismo y de su vida? Ya está́ logrado. ¿Por qué́ se quejan los liberales, los demócratas, los progresistas?... ¿O es que, como los niños, quieren una cosa, pero no sus consecuencias?”

Ortega escribió esto hace casi 100 años, en 1930, en La rebelión de las masas; y hoy tiene una actualidad notable. La idea de que los hombres, al igual que los niños, suelen querer las cosas, pero no sus consecuencias es un martillazo en los dedos: todos nosotros debemos tener algún ejemplo de lo que pregonamos como ideal, como necesario, como inevitable -una palabra bastante pronunciada hoy- pero cuyas consecuencias nos resultan un poco demasiado para nuestro gusto.

El poder de cualquier discurso se mide por sus efectos. En el caso de la política en su faceta electoral se mide por la conducta de las personas a la que llamamos voto. Como dice Ortega, el hombre medio se hizo cargo de su responsabilidad, actuó por sí y ante sí; impuso, decidido, su voluntad. No debiera extrañar, dice Ortega, que ese hombre “se niegue a toda servidumbre; que no siga dócil a nadie; que cuide su persona y sus ocios…” En una palabra, que elija.

Durante todos estos días estuvo presente, en el análisis de quienes no pueden entender cómo habiendo visto y oído el proyecto ajustador de Milei lo votaron igual, la pregunta sobre si esto es lo que realmente querían. Escuchamos varios mensajes de nuestros amigos oyentes en cada programa diciendo “ahora los que lo votaron que se hagan cargo”.

Y es que no deja de dar perplejidad que, quizá por primera vez en mucho tiempo, en este proyecto ajustador no hay mentira, ni detrás de escena. A tal punto es así que no solamente podemos ver esto en el contenido de las medidas anunciadas, sino también en el responsable, el que encabezó el equipo y puso sus principales ideas.

Me refiero a Federico Sturzenegger, que no tiene cargo ni silla en el gabinete, pero que el miércoles estuvo de pie, a la derecha del Presidente. Sin ningún velo, explícito y en cadena nacional. Quiero decir, no se ocultó al outsider al gobierno que pergeñó las derogaciones, desregulaciones y correcciones al Estado. No se ocultó antes, no se ocultó ahora.

Tras la cadena nacional de Milei hubo dos aspectos críticos, que atrajeron a los analistas: el instrumento elegido y el alcance del decreto. “Es inédito que un DNU modifique el Código Civil”, nos decía a nosotros Gustavo Marangoni ayer. “No hay urgencia ni necesidad”, explicaba Juan Grabois por televisión.

"El DNU firmado por Milei no cumple los requisitos constitucionales ni pasa los mínimos controles republicanos", explicó Vilma Ibarra, ex secretaria Legal y Técnica de la Presidencia. “Dia histórico: el Presidente Milei contra la sociedad argentina", dijo Jorge Taiana. Y podríamos seguir relatando repercusiones. Del otro lado, en cambio, se alabó el coraje, la decisión, la convicción y la velocidad del cambio.

Para miles y miles de argentinos no avezados en cuestiones de regulación estatal, gran parte de los explicado por el Presidente es lejano, inentendible. No se logra ver con claridad cómo va a impactar en su vida individual y en la de su familia. Pero genera angustia por una presunción, para algunos válida: sin la presencia del Estado, la libre competencia no genera mejoras, sino que desprotege al ciudadano frente a poderes concentrados.

Es otra de las formas de la expresión “la historia siempre la escriben los que ganan”, en este caso sería “sin Estado la economía la van a manejar los poderosos”. Esa sensación es la que se ha instalado en el dilema “Si no hay Estado, hay abuso”. Y esa idea se lleva la marca del análisis del presente. Pero quizá sea un falso dilema, que deja afuera a un montón de matices.

Por eso me viene a la cabeza Ortega y Gasset, porque el famoso DNU es la consecuencia (anunciada, no oculta y sin dobleces) de la decisión que democráticamente el hombre medio, diría el autor español, tomó el 19 de noviembre. Decidir es el ideal de la democracia puesto en acto y cuando una idea se pone en práctica, inevitablemente, deja de ser ideal. Y puede no gustarnos, o asustarnos, o indignarnos. Pero ahí está.

Es la consecuencia que quizá no queremos del sistema que decimos defender, que celebramos en Twitter con frases poéticas en cada efemérides, que declamamos que solemos poner por encima de nuestros intereses personales. “Hay que defender la democracia”, decimos. También cuando no nos gusta lo que tiene para ofrecer.

El hacerse cargo de las consecuencias es una parte esencial del sistema democrático, no es una opción. Las reglas del juego hablan de mayorías y minorías representadas proporcionalmente, no construyen excepciones para mí, si no estoy de acuerdo.

Esa también es una posición antidemocrática, como la de aquel que se lleva puesto al Estado y a sus instituciones, algo que en Argentina no empezó esta semana. Igual en derechos, distintos en obligaciones, los hombres de Estado y los hombres de a pie deben ser democráticos para decir que viven en democracia y que la defienden.

Como en el momento en que Ortega y Gasset escribió La rebelión de las masas, estamos ante un mundo en cambio. Algo del contrato social entre gobiernos y gobernados se está replanteando. Los que votaron a Milei no son los pitucos de Recoleta, como diría Llaryora, ni son las elites y las corporaciones en contra del hombre medio. Ni son los enemigos del pueblo, como el ex ministro de Defensa sugirió. Son, también, los pibes y las pibas, los argentinos y argentinas y hasta muchos compañeros y compañeras. Son, también, los que antes votaron otra cosa, haciendo uso y haciéndose cargo de su potestad de elegir.

Por eso, si hay que hacerse cargo, que sea de las decisiones que tomamos, sin cargarnos a ningún gobierno. Cuando ganamos y cuando perdemos. De lo demás se encargará sola la democracia, la misma que decimos respetar a rajatabla, incluso cuando los otros sean más que nosotros.

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