domingo 10 de mayo de 2026
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Del envoltorio al calentamiento global: cómo los plásticos alimentan la crisis climática

Detrás de cada envoltorio hay una historia de contaminación, emisiones y políticas ausentes. Por qué urge una ley de envases con responsabilidad extendida del productor.
lunes 19 de mayo de 2025

Una escena habitual: una familia compra comida rápida, almuerza en pocos minutos y se retira dejando una pila de residuos. Vasos, envoltorios, aderezos en miniatura, sorbetes. Todo descartado tras un uso efímero. Lo que parece apenas un gesto cotidiano revela una cara incómoda de la crisis ambiental: la cultura del descarte y su vínculo directo con el cambio climático.

Los envases plásticos no solo inundan basurales y ecosistemas, también están íntimamente ligados al calentamiento global. Fabricados a partir de combustibles fósiles, su ciclo de vida –desde la extracción del petróleo hasta su disposición final– genera enormes cantidades de gases de efecto invernadero (GEI).

Según la Agencia Internacional de Energía, la industria petroquímica es responsable del 5% de las emisiones globales. En tiempos de crisis ambiental, esta cifra resulta alarmante.

El Panel de Cambio Climático de la Universidad Nacional de Mar del Plata lo advierte con claridad: es imprescindible comprender el impacto estructural que tienen nuestros patrones de consumo si queremos trazar un rumbo sostenible.

Con argumentos científicos y ejemplos cotidianos, sus especialistas impulsan una reflexión crítica sobre cómo incluso las decisiones más simples pueden amplificar los problemas del presente.

Un problema urgente

La producción de plásticos requiere procesos altamente emisivos. El llamado cracking de nafta o gas etano, que permite obtener los monómeros necesarios para fabricar polímeros como PET, PE o PP, demanda altísimas temperaturas, generando emisiones significativas de dióxido de carbono (COâ‚‚). Pero la contaminación no termina allí.

En Argentina, se estima que el 80% de los envases plásticos no se recicla. Muchos terminan en rellenos sanitarios, donde dificultan la compactación y aceleran el colapso de los espacios de disposición, o directamente en basurales a cielo abierto, donde su quema informal libera gases tóxicos como monóxido de carbono, dioxinas y furanos.

Además, el aumento de la temperatura global también agrava el problema: acelera la degradación de los plásticos y multiplica la presencia de microplásticos en suelos, ríos y océanos. Estas partículas alteran ciclos biogeoquímicos clave y dificultan la captura natural de carbono, generando efectos indirectos pero significativos sobre el clima.

Una deuda legislativa urgente

Mientras el problema se agrava, Argentina aún carece de una ley nacional de envases integral. Si bien hubo intentos legislativos con foco en la Responsabilidad Extendida del Productor (REP) y la inclusión de recuperadores urbanos, ninguno prosperó.

La fragmentación normativa y la resistencia de algunos sectores empresariales, que privilegian costos inmediatos por sobre el impacto ambiental, han frenado cualquier avance significativo.

Una ley de envases sería clave no solo para ordenar el sistema de gestión de residuos, sino también para obligar a las empresas a asumir el costo real de los envases que ponen en el mercado. Hoy, esas externalidades recaen sobre la sociedad en su conjunto.

Frente a este panorama, la acción individual sigue siendo importante, pero no suficiente. Reutilizar, reciclar, elegir productos con menor packaging y evitar los plásticos de un solo uso son decisiones necesarias, aunque el cambio estructural debe venir acompañado de políticas públicas ambiciosas.

Por eso, desde el Panel de Cambio Climático de la UNMdP insisten en que es momento de presionar a los legisladores para que impulsen una ley de envases moderna, equitativa y eficaz. No se trata de volver a la era de las cavernas, sino de repensar hábitos profundamente arraigados en nombre de un futuro posible.