jueves 07 de mayo de 2026
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Sobrevive con promos propias y sin empleados: La lucha de Andrea para sostener su local

Abrió su negocio hace dos años con esfuerzo y promociones propias para atraer clientes. Hoy, las ventas cayeron un 40% y cada día abrir la persiana es una apuesta contra la incertidumbre.
viernes 11 de julio de 2025

En la calle San Juan, a metros de la terminal de Mar del Plata, una vidriera discreta se abre paso entre el trajín del tránsito y las veredas húmedas del invierno. Un perchero con ropa colgada y precios escritos en carteles prolijos resume la propuesta de Andrea: calidad a precios accesibles. Su local de indumentaria cumple dos años en octubre, pero el entusiasmo inicial convive ahora con una realidad mucho más dura.

“Si llueve, no abro”, dice con la lógica de quien ya aprendió que el riesgo no vale la pena. No solo porque la calle se inunda y baja el movimiento, sino porque una operación de columna volvió peligrosos los pasos por la vereda mojada. “Salir con la posibilidad de resbalarme es un riesgo”, cuenta. Hace un tiempo, también por necesidad, empezó a hacer horario de corrido: abrir menos horas no es opción.

Mientras conversamos, entran dos clientas que se llevan dos poleras de lanilla a 15 mil pesos cada una. “Esto es lo que más sale”, dice Andrea, señalando el perchero de liquidación. “Tengo cosas importadas, otras de muy buena calidad, pero lo que se mueve es lo económico. Esa prenda linda, liviana, que alguien se puede permitir como un gustito”.

La realidad de su comercio, como la de tantos otros en la ciudad, está atravesada por una caída brusca en el consumo. “¿Notaste baja en ventas en los últimos meses?”, le preguntamos. “Sí. Un 40% menos en comparación al año pasado. Mínimo”, responde sin vueltas.

Andrea atiende sola su negocio. “Me encantaría tener un empleado, pero imposible. No me dan los números ni a palos”, explica. El tema del personal, dice, es delicado también por los costos laborales y el miedo a posibles juicios.

Desde que abrió, apostó a las promociones como forma de sostenerse. “Cuando abrí el local no tenía tarjetas, era el Día de la Madre y dije: ¿qué hago sin promos? Entonces creé mis propias ofertas: 20% menos con débito, efectivo o transferencia. Funcionó. La mayoría paga así. Las tarjetas te liquidan, te pagan a los 45 días”, lamenta.

Andrea conoce bien el movimiento del rubro. Sabe cuándo cambiar de temporada, cómo liquidar lo que queda, y lo difícil que es estoquearse con la inflación corriendo por delante. “Ahora hay que prepararse para el Día de la Madre. Pero también estoquearse con lo de invierno, porque en Buenos Aires ya pasaron a primavera-verano. Y acá el frío sigue hasta noviembre”.

Aun en medio de la adversidad, conserva una mirada esperanzada. “Ojalá que repunte todo”, dice antes de volver a acomodar las perchas. El perchero, como ella, resiste.

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