jueves 02 de abril de 2026
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Conclusión del Año Jubilar y bendición de un altar dedicado a Pironio en la Catedral 

El obispo de Mar del Plata, monseñor Ernesto Giobando, celebró la Santa Misa para clausurar el Año Jubilar 2025.
lunes 29 de diciembre de 2025

La Diócesis de Mar del Plata clausuró el Año Jubilar 2025 con una Santa Misa celebrada en la Catedral de los Santos Pedro y Cecilia. La Eucaristía fue presidida por el obispo diocesano, monseñor Ernesto Giobando, y concelebrada por el obispo emérito de Chascomús, monseñor Carlos Malfa; el obispo auxiliar de La Plata, monseñor Federico Wechsung; el vicario general, presbítero Hernán David; el presbítero Ezequiel Kseim, párroco de la Catedral y postulador de la causa de canonización del beato Eduardo Francisco Pironio; y más de una decena de sacerdotes.

En el marco de la celebración se bendijo una imagen del beato cardenal Eduardo Francisco Pironio, segundo obispo de Mar del Plata, entronizada en un nuevo altar construido en la nave izquierda del templo catedralicio, junto con su reliquia. Al iniciar su homilía, monseñor Giobando recordó que “esta Eucaristía marca el final de este Año Santo que comenzamos hace ya un año, en la Navidad pasada”.

El obispo destacó el significado eclesial de concluir el jubileo con la bendición del altar del beato Pironio, al señalar que “tener como obispo antecesor a un beato es algo que nos exige, pero al mismo tiempo nos da confianza, porque tenemos un intercesor en el cielo que nos acompaña y nos anima”.

En referencia al Evangelio proclamado, en la fiesta de la Sagrada Familia que coincide con el recuerdo de los Santos Inocentes, monseñor Giobando afirmó que no se trata de “un día para bromas”, ya que la matanza ordenada por Herodes muestra cómo “a las pocas horas de haber nacido Jesús aparece la violencia del poder que tiene miedo”. Subrayó que José, María y el Niño debieron huir a Egipto “no como turistas, sino como migrantes, expulsados y perseguidos”, imagen que hoy interpela a tantas familias que “tienen que llevarse lo puesto para encontrar una tierra donde poder vivir en paz”.

Desde allí, llamó a no clausurar la esperanza con el cierre del Año Santo, porque “no es que concluya la esperanza, sino que tenemos que reanimarnos en esta virtud”. Reconoció que hay “un mundo bastante oscuro, gente que ya ha dicho ‘no espero más nada’, personas solas, frustradas”, y recordó que quienes celebraron el jubileo están llamados a “llevar esperanza a este mundo”, especialmente a los jóvenes, mostrándoles no un camino de ilusiones, sino el camino cierto, trabajoso y exigente, la puerta estrecha y el camino angosto del Evangelio.

Al evocar la figura del beato Pironio, recordó la histórica Marcha de la Esperanza realizada en Mar del Plata, organizada por jóvenes y abierta a todo el pueblo de Dios, y que tuvo su origen cuando el hoy beato era obispo de la diócesis. En ese marco afirmó que Pironio puede ser reconocido como “profeta de la esperanza”.