lunes 23 de febrero de 2026
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Alergia alimentaria infantil: los factores del primer año que más influyen

Un estudio global con 2,8 millones de niños revela qué factores tempranos aumentan el riesgo de alergia alimentaria infantil y por qué el primer año es clave.
miércoles 11 de febrero de 2026

La alergia alimentaria infantil es una condición cada vez más frecuente y motivo de creciente preocupación entre familias y profesionales de la salud. Un amplio estudio internacional liderado por la Universidad McMaster, en Canadá, aporta nueva evidencia científica sobre los factores del primer año de vida que más influyen en el desarrollo de alergias a los alimentos. La investigación, publicada en la revista JAMA Pediatrics, analizó datos de 2,8 millones de niños de todo el mundo, convirtiéndose en uno de los trabajos más extensos realizados hasta el momento sobre esta problemática.

El estudio se basó en una revisión sistemática y un metaanálisis de 190 investigaciones previas sobre alergia alimentaria infantil, incluyendo estudios que confirmaron el diagnóstico mediante pruebas de provocación alimentaria, consideradas el método de referencia. A partir de este análisis, los investigadores estimaron que aproximadamente el 5 % de los niños desarrolla una alergia alimentaria antes de los seis años, una cifra que refuerza la magnitud del problema a nivel global.

Uno de los principales aportes del trabajo es que descarta la existencia de una causa única. Según los autores, la alergia alimentaria infantil surge de una compleja interacción entre factores genéticos, ambientales, microbianos y sociales. Derek Chu, autor principal del estudio y profesor de la Universidad McMaster, explica que los resultados apuntan a una verdadera “tormenta perfecta”, en la que los genes interactúan con la salud de la piel, el microbioma intestinal y las exposiciones ambientales tempranas, aumentando la probabilidad de que el sistema inmunológico reaccione de forma anómala frente a ciertos alimentos.

Entre los factores más relevantes identificados durante el primer año de vida, el estudio destaca el papel del eczema infantil. Los bebés que presentan eczema en esa etapa tienen entre tres y cuatro veces más probabilidades de desarrollar una alergia alimentaria en comparación con aquellos sin afecciones cutáneas. También se observó un mayor riesgo en niños con sibilancias respiratorias o síntomas de alergia nasal, lo que refuerza la conexión entre las enfermedades alérgicas tempranas.

La historia familiar de alergias es otro elemento clave. Los niños con padres o hermanos alérgicos muestran una mayor predisposición a desarrollar alergias alimentarias, especialmente cuando ambos padres presentan antecedentes alérgicos. Sin embargo, los investigadores subrayan que la genética por sí sola no explica el aumento sostenido de estos casos, lo que refuerza la importancia de los factores ambientales y del estilo de vida en los primeros meses de vida.

El momento en que se introducen los alimentos potencialmente alergénicos también resulta determinante. El estudio encontró que retrasar la introducción de alimentos como el cacahuete, los huevos o los frutos secos puede aumentar el riesgo de alergia. En particular, los bebés que prueban el cacahuete después de los 12 meses tienen más del doble de probabilidades de desarrollar alergia a este alimento, un hallazgo que respalda las recomendaciones actuales de introducción temprana y controlada.

Otro factor relevante es el uso de antibióticos en etapas muy tempranas de la vida. La investigación muestra que el consumo de antibióticos durante el primer mes de vida se asocia con un mayor riesgo de alergia alimentaria, probablemente debido a su impacto sobre el microbioma intestinal, fundamental para el desarrollo del sistema inmunológico. El uso de antibióticos durante el embarazo o en etapas posteriores de la infancia también mostró una asociación, aunque más moderada.

Al mismo tiempo, el estudio identificó factores que no se asociaron de forma significativa con un mayor riesgo de alergia alimentaria infantil, como el bajo peso al nacer, el parto postérmino, la lactancia materna parcial, determinadas dietas durante el embarazo o el estrés materno. Estos resultados permiten despejar dudas frecuentes y centrar la prevención en los factores con mayor respaldo científico.

Según los autores, estos hallazgos permiten identificar a los bebés con mayor riesgo y avanzar en estrategias de prevención temprana, como el manejo adecuado del eczema, la introducción oportuna de alimentos alergénicos y el uso prudente de antibióticos. Además, remarcan la necesidad de nuevos ensayos clínicos aleatorizados, poblaciones más diversas y directrices actualizadas que traduzcan esta evidencia en recomendaciones claras para la práctica clínica.