sábado 07 de marzo de 2026
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Entre escombros y nuevas obras: cómo funcionan las demoliciones en Mar del Plata

En una ciudad en constante transformación como Mar del Plata, el crecimiento de nuevos edificios suele comenzar mucho antes de que se levanten las estructuras. Detrás de cada desarrollo hay un proceso previo poco visible: la demolición de antiguas construcciones, un trabajo técnico que combina maquinaria, planificación y requisitos legales.
sábado 07 de marzo de 2026

En los últimos tiempos, pese a la crisis, en Mar del Plata el crecimiento urbano es constante y marcado. Nuevos edificios aparecen en distintos barrios mientras otras construcciones desaparecen del paisaje. Muchas veces, ese proceso comienza mucho antes de que se levante una obra: empieza con una demolición.

En numerosos casos, los nuevos desarrollos inmobiliarios se realizan sobre terrenos donde antes había chalets deteriorados, casas deshabitadas o estructuras irrecuperables. En otras ocasiones se trata de espacios históricos —como antiguos locales bailables o estructuras emblemáticas— que ya no cumplen una función y deben dar lugar a nuevas etapas.

En ese contexto, las máquinas que derriban paredes y liberan terreno forman parte habitual de la escena urbana. Detrás de esas tareas hay empresas y trabajadores especializados en un rubro que, aunque poco visible para el público, resulta fundamental para el desarrollo de la ciudad.

Uno de ellos es Ramiro Musumano, responsable de una empresa dedicada a las demoliciones que comenzó a operar en enero del año pasado. Según cuenta, el emprendimiento tiene un fuerte componente familiar.

“El nuevo proyecto surgió a partir del fallecimiento de mi suegro, Nicolás Galván, quien comenzó con las demoliciones hace casi 50 años”, relató. Entre bromas, Musumano señala que su suegro “demolió casi media Mar del Plata”, reflejando la extensa trayectoria que tuvo en el rubro.

El actual responsable de la firma trabajó alternadamente con Nicolás entre 2011 y 2024, lo que le permitió adquirir experiencia en los distintos aspectos técnicos y operativos que implica llevar adelante este tipo de tareas.

La empresa se dedica principalmente a demoliciones, limpieza de terrenos y excavaciones, aunque las dos primeras concentran la mayor parte de la actividad. “Mar del Plata es una ciudad que está en constante expansión, por lo que este tipo de trabajo es necesario y, en cierto modo, inevitable”, explicó.

Para concretar estos trabajos se utilizan distintos tipos de equipamiento, que incluyen herramientas manuales, maquinaria eléctrica y equipos mecánicos. Entre ellos se encuentran minicargadoras, palas mecánicas y retroexcavadoras. En el caso de Musumano, muchas de estas máquinas se contratan a empresas especializadas según las necesidades de cada obra.

Habilitaciones, permisos y actividad

El manejo de este tipo de equipos requiere habilitaciones específicas. “Tengo el registro de máquinas viales y la matrícula registrada en la Municipalidad para poder operar”, indicó. Además, cuenta con inscripción en el Instituto de Estadística y Registro de la Industria de la Construcción (IERIC), un requisito indispensable para desarrollar actividades dentro del sector de la construcción.

Antes de iniciar una demolición también es necesario cumplir con una serie de pasos legales. Los trámites correspondientes suelen ser gestionados por el responsable de la obra —generalmente un arquitecto o desarrollador— luego de firmar el contrato con la empresa encargada de los trabajos.

En cuanto al nivel de actividad, Musumano asegura que actualmente el movimiento es alto. “Hay muchas empresas ligadas a la construcción en plena expansión. Nosotros recibimos consultas diariamente y estimo que, a nivel general, la situación es similar”, señaló.

Plazos y la reacción de los vecinos

Los tiempos de trabajo dependen de las características de cada propiedad, aunque existen referencias habituales. “Un chalet típico de planta baja puede demorar entre dos y tres semanas en demolerse por completo”, explicó. El proceso incluye el retiro de aberturas, el desarme de techos, la desvinculación e impermeabilización de medianeras linderas y la carga final de escombros con minicargadora. El objetivo es entregar el terreno completamente limpio.

Uno de los aspectos más sensibles del trabajo es la relación con los vecinos. La presencia de maquinaria pesada y los ruidos propios de la demolición suelen generar inquietud en las propiedades cercanas.

“Las reacciones son muy distintas”, comentó Musumano. “Hay quienes entienden que es un trabajo necesario y que pueden sentir vibraciones cuando se está desvinculando una propiedad de otra. Siempre tratamos de tocar el timbre antes de empezar y explicar qué trabajos se van a realizar”.

En algunos casos, ese contacto lo realizan los arquitectos responsables de la obra, aunque muchas veces es la propia empresa de demolición la que dialoga con los vecinos para aclarar dudas.

También existen situaciones más complejas. “A veces aparecen oportunistas que intentan aprovechar la situación para reclamar refacciones”, explicó. Por ese motivo, antes de iniciar las tareas suelen solicitar a los propietarios o arquitectos que realicen una certificación de linderos con escribano, donde se deja constancia del estado previo de las medianeras.

Además, las empresas cuentan con seguros de responsabilidad civil ante posibles incidentes menores, como desprendimientos de revoque u otros daños eventuales.

A pesar de las dificultades, Musumano asegura que muchas veces el trabajo es bien recibido. “En varias ocasiones demolimos propiedades abandonadas que terminan siendo ocupadas o utilizadas como refugio para actividades delictivas. En esos casos, los vecinos suelen verlo como algo positivo”, afirmó.

Detrás de cada nuevo edificio que aparece en el paisaje urbano hay una etapa previa que rara vez recibe atención: la demolición. Un trabajo técnico, regulado y con múltiples particularidades que, aunque muchas veces pasa desapercibido, forma parte esencial del proceso de renovación y crecimiento de la ciudad.