jueves 26 de marzo de 2026
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Ponen el foco en los peligros de tanques subterráneos de combustible de más de 30 años

Los tanques subterráneos de combustible con más de 30 años generan crecientes desafíos regulatorios, ambientales y operativos en estaciones de servicio.
jueves 26 de marzo de 2026

En Argentina, los tanques subterráneos de almacenamiento de hidrocarburos (SASH) con más de tres décadas de uso enfrentan un escenario cada vez más complejo. Si bien no existe una normativa que obligue a su reemplazo por antigüedad, distintos organismos como autoridades ambientales provinciales y la Secretaría de Energía imponen estándares técnicos y controles más exigentes.

Esta combinación de regulaciones, auditorías y criterios de seguridad convierte a los tanques antiguos en activos cada vez más difíciles de sostener operativamente.

Según expone el sitio especializado Surtidores, el salto tecnológico en las últimas décadas es significativo.

Los tanques instalados hace más de 30 años generalmente carecen de doble pared de contención, recintos impermeables y sistemas de detección temprana de pérdidas.

En contraste, las instalaciones modernas incorporan tecnología de monitoreo continuo, lo que permite detectar fugas en tiempo real y prevenir contingencias ambientales.

Impacto en seguridad y ambiente

Esta evolución no solo responde a exigencias normativas, sino también a la necesidad de garantizar mayor seguridad operativa, protección ambiental y la reducción de riesgos económicos.

La tendencia del sector apunta claramente a la adopción de tanques de doble pared con sistemas automatizados, considerados hoy el estándar de referencia.

Más controles, más riesgos regulatorios

La Resolución 404/94 de la Secretaría de Energía establece un esquema progresivo de inspecciones según la antigüedad del tanque:

  • Más de 10 años: controles intensificados
  • Entre 5 y 10 años: inspecciones frecuentes
  • Instalaciones nuevas: verificaciones completas obligatorias

 

En este contexto, los tanques más antiguos presentan una mayor probabilidad de recibir observaciones, lo que puede derivar en costos adicionales, demoras en habilitaciones y riesgos de sanciones.

Además, en 2024 se detectaron errores de diseño recurrentes en proyectos SASH, lo que refuerza la importancia de planificar correctamente desde el inicio para evitar gastos mayores a futuro.

Estrategias de modernización: tres caminos posibles

Inactivación permanente: Permite mantener ciertas operaciones, pero requiere cumplir con protocolos ambientales estrictos y obtener autorizaciones específicas.

Retiro físico del tanque: Elimina pasivos ambientales y simplifica auditorías, aunque implica la gestión de residuos peligrosos y certificaciones técnicas obligatorias.

Recambio por tecnología moderna: es la alternativa más elegida por la industria, ya que alinea la infraestructura con estándares actuales, reduce interrupciones por reparaciones y mejora la eficiencia operativa.

Según especialistas del sector, la diferencia entre los sistemas antiguos y los actuales es cada vez más difícil de sostener sin inversiones.

“La brecha tecnológica se vuelve insalvable. La modernización reduce riesgos, evita observaciones y asegura el control operativo”, señalan desde el sector energético.

Un cambio necesario para el futuro del sector

En la actualidad, los tanques subterráneos de más de 30 años están dejando de ser un activo confiable para convertirse en un pasivo potencial.

Quienes planifiquen con anticipación podrán minimizar riesgos, optimizar costos y adaptarse a los estándares internacionales que hoy marcan el rumbo de la industria.