viernes 29 de mayo de 2026
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Por el Dr. Ariel Cherro

Fenómenos del final de la vida: cuando la ciencia también escucha lo inexplicable

Uno de los grandes avances en este campo fue entender que estas experiencias no necesariamente representan una alteración mental o un cuadro de delirium.
viernes 29 de mayo de 2026

A lo largo de la historia, muchas personas cercanas a la muerte relataron experiencias difíciles de explicar: ver a familiares fallecidos, sentir presencias, tener sueños muy vívidos o atravesar momentos inesperados de claridad y paz. Durante años, estos relatos quedaron asociados únicamente a lo espiritual o religioso. Sin embargo, hoy también son motivo de estudio dentro de la medicina y los cuidados paliativos.

Estas manifestaciones, conocidas como fenómenos del lecho de muerte o experiencias del final de la vida, aparecen con frecuencia en los últimos días o semanas y, lejos de generar sufrimiento, muchas veces brindan tranquilidad, alivio y una sensación de acompañamiento tanto al paciente como a su familia.

Experiencias que se repiten en distintos lugares del mundo

Los relatos suelen tener puntos en común. Algunos pacientes dicen “haber venido a buscarme” en referencia a seres queridos fallecidos; otros describen sueños relacionados con viajes, despedidas o encuentros. También existen casos de personas muy deterioradas que, pocas horas antes de morir, recuperan lucidez y pueden despedirse de sus seres queridos. En nuestra región, esto suele conocerse como “la mejoría antes de morir”.

Quizás las experiencias más impactantes sean las llamadas experiencias cercanas a la muerte: personas que describen haber sentido una profunda paz, ver una luz intensa, experimentar una sensación de amor absoluto o incluso percibir que salían de su cuerpo. Lo llamativo es que relatos similares aparecen desde hace siglos y en culturas muy diferentes.

No todo es delirium

Uno de los grandes avances en este campo fue entender que estas experiencias no necesariamente representan una alteración mental o un cuadro de delirium.

Mientras el delirium suele generar angustia, confusión y desorientación, los fenómenos del final de la vida suelen ser coherentes, serenos y profundamente significativos para quien los vive.

Algunos investigadores describen este proceso como una “transición de la conciencia”: una etapa en la que la persona deja progresivamente el miedo y la resistencia, y comienza a conectarse con una vivencia más tranquila y trascendente del final de la vida.

Por eso, es importante diferenciar cuándo estamos frente a un síntoma que requiere tratamiento médico y cuándo simplemente estamos acompañando una experiencia humana que necesita escucha y validación.

El rol silencioso —y fundamental— de enfermería

La mayoría de estas experiencias no se las cuentan primero al médico. Se las cuentan a enfermería.

Y esto no es casual. El personal de enfermería suele estar más tiempo junto al paciente, acompañando cuidados, silencios, miedos y conversaciones íntimas que muchas veces ocurren de madrugada o en momentos muy sensibles.

Por esa cercanía, enfermería ocupa un lugar central en el acompañamiento emocional y espiritual del final de la vida. Escuchar sin juzgar, no minimizar lo que el paciente relata y transmitir calma puede disminuir significativamente la ansiedad en los últimos días.

A veces, simplemente decir “muchas personas han vivido experiencias parecidas” alcanza para aliviar el miedo y traer paz.

El desafío de escuchar sin prejuicios

Todavía hoy muchos profesionales sienten incomodidad al hablar de estos temas. Existe temor a parecer “poco científicos” o a entrar en terrenos difíciles de explicar.

Sin embargo, la evidencia clínica muestra que cuando el equipo de salud está preparado para escuchar y acompañar sin patologizar automáticamente estas experiencias, el proceso de morir puede vivirse de una manera mucho más humana y menos angustiante.

También ayuda a las familias, que muchas veces recuerdan estos momentos como experiencias profundamente significativas dentro del proceso de despedida.

Una mirada más humana sobre el final

Los fenómenos del final de la vida nos recuerdan algo importante: morir no es solamente un evento biológico. También es una experiencia emocional, psicológica y, para muchas personas, espiritual.

Comprender esto no significa abandonar la ciencia. Al contrario: significa ampliar la mirada para poder acompañar mejor.

Y en ese acompañamiento, quienes están al lado de la cama —especialmente enfermería y los equipos de cuidados paliativos— cumplen un rol esencial: ayudar a que la persona pueda atravesar el final de su vida con dignidad, alivio y, muchas veces, también con paz.

 

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