lunes 19 de octubre de 2026
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De sachets de leche a muebles: el desarrollo de científicos de Mar del Plata que busca llegar a la industria

El equipo del INTEMA, integrado por científicos del CONICET y la UNMdP, creó un aglomerado que busca aprovechar residuos difíciles de reciclar; ya presentó una solicitud de patente y ahora necesita vincularse con una empresa o cooperativa para producirlo a mayor escala.

Un residuo que suele terminar en la basura podría convertirse en materia prima para fabricar muebles y otros objetos. Investigadores del Instituto de Investigaciones en Ciencia y Tecnología de Materiales (INTEMA), en Mar del Plata, desarrollaron Tetrabor, un aglomerado elaborado a partir del reciclado de sachets de leche y envases multilaminados similares al Tetra Pak.

El proyecto fue presentado por Valeria Pettarin, doctora en Ciencia de Materiales, investigadora del CONICET en el INTEMA y profesora de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMDP), durante una entrevista con Radio Brisas.

La propuesta busca ofrecer una alternativa a los tableros comerciales utilizados en la fabricación de muebles, como los de MDF. La diferencia está en la materia prima: en lugar de emplear madera y otros componentes, el nuevo material aprovecha envases que presentan dificultades para ser reciclados mediante los métodos convencionales.

“Son cosas que hoy en día no tienen un valor de reciclado porque son multilaminados”, explicó Pettarin.

Estos envases combinan distintas capas de materiales, como plástico, aluminio y cartón, cuya separación puede resultar más costosa que los recursos que se recuperan.

Un material resistente y con menor absorción de agua

La clave del desarrollo consiste en conservar la estructura multicapa de los envases, en lugar de separar sus componentes. Según explicó la investigadora, esa característica permite obtener un tablero con propiedades comparables a las del MDF en términos de resistencia mecánica, pero con una diferencia importante: absorbe mucha menos agua.

Esto podría representar una ventaja para la fabricación de muebles, ya que los aglomerados tradicionales pueden hincharse o deteriorarse cuando quedan expuestos a ambientes húmedos. En el caso de Tetrabor, las capas de plástico y aluminio actúan como una barrera frente a la humedad. El aluminio también contribuye a proteger el material de la radiación ultravioleta.

El equipo debió estudiar las condiciones necesarias para lograr que las distintas capas se adhieran sin perder su estructura. Para eso, investigó la presión y la temperatura adecuadas durante el proceso de fabricación, además de las diferencias entre los materiales que componen los envases.

Los ensayos también permitieron comprobar que las placas pueden trabajarse de manera similar a la madera: se pueden perforar y atornillar. De hecho, el grupo fabricó bancos para el laboratorio que se utilizan habitualmente.

El desarrollo ya superó una etapa importante: el equipo estudió las propiedades del material, las comparó con las de tableros comerciales y presentó una solicitud de patente. También logró fabricar un prototipo de mayor tamaño, aunque la producción habitual en el laboratorio todavía se realiza en placas de aproximadamente 20 por 30 centímetros.

El siguiente paso es encontrar una empresa o cooperativa interesada en trabajar junto con el equipo científico para escalar el proceso y evaluar su fabricación a nivel industrial.

“Lo que nos falta es ese pasito de lograr escalar y transferir este conocimiento que se generó en la universidad”, señaló Pettarin durante la entrevista.

La investigadora destacó que esa vinculación permitiría que el desarrollo salga del ámbito experimental y pueda tener una aplicación concreta. Por ahora, el equipo probó espesores de hasta 36 milímetros, aunque las dimensiones que podrían alcanzarse dependerán, entre otros factores, de los equipos y las prensas disponibles.