2025-06-18

Amigdalitis: cómo una infección en la garganta puede afectar tus oídos

Con la llegada del frío, aumentan los casos de amigdalitis, una afección que no solo compromete la garganta, sino que también puede generar dolor o presión en los oídos.

Durante los meses fríos, es común que reaparezcan cuadros de amigdalitis, una inflamación dolorosa de las amígdalas que muchas veces se asocia a fiebre, dificultad para tragar y malestar general. Sin embargo, lo que muchos desconocen es que esta afección puede generar síntomas auditivos si no se trata a tiempo.

¿Qué relación hay entre la garganta y los oídos?

La conexión es más directa de lo que parece. El oído medio está vinculado con la parte posterior de la garganta a través de la trompa de Eustaquio, un pequeño conducto que regula la presión y permite drenar líquidos.

Cuando la garganta se inflama –como sucede en casos de faringitis o amigdalitis– este conducto puede bloquearse, generando molestias en los oídos, como presión, dolor o incluso pérdida temporal de audición.

No solo afecta a los chicos

Aunque la amigdalitis suele asociarse a la infancia, los adultos también pueden padecerla, especialmente en épocas de frío. Uno de cada tres adultos con amigdalitis reporta síntomas auditivos, aunque muchas veces se los subestima o se los atribuye al clima.

En paralelo, datos del Ministerio de Salud de la Nación revelan que más de 1,3 millones de niños fueron atendidos por infecciones respiratorias en el último año, y al menos un 12% presentó complicaciones en los oídos.

Si estás atravesando un cuadro de dolor de garganta, prestá atención a estos síntomas:

  • Sensación de oído tapado o presión interna.
  • Dolor de oído sin causa clara.
  • Mareos o inestabilidad.
  • Ganglios inflamados cerca de las orejas.
  • Secreción de líquido por el oído.

Estos signos podrían indicar una complicación del oído medio, como una otitis secundaria a la amigdalitis.

Ante estos síntomas, es importante consultar a un profesional de la salud. El tratamiento puede incluir analgésicos, antiinflamatorios, y en casos bacterianos, antibióticos.
Además, se recomienda reposo, hidratación y evitar la automedicación.

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