Gatos naranjas, negros o carey: qué revela la ciencia sobre su comportamiento
Los gatos naranjas son más cariñosos, los carey tienen más carácter, los negros son misteriosos y los blancos son tímidos. Estas creencias forman parte del imaginario popular desde hace décadas, pero ¿existe evidencia científica que respalde esas afirmaciones?
La respuesta, según los estudios disponibles, es que no hay pruebas concluyentes de que el color del pelaje determine la personalidad de un gato. Si bien algunas investigaciones encontraron diferencias estadísticas en determinadas conductas, los especialistas advierten que esos resultados presentan importantes limitaciones metodológicas y podrían estar influenciados por la percepción de los propios dueños.
El origen de los estereotipos
Las creencias sobre el temperamento felino según el color del pelaje llevan más de un siglo circulando. Incluso algunos veterinarios han asociado tradicionalmente a los gatos carey con un carácter más fuerte.
Sin embargo, los expertos señalan que este tipo de etiquetas pueden condicionar la forma en que las personas interpretan el comportamiento de sus mascotas e incluso influir en las decisiones de adopción.
Aunque el temperamento no depende del color, la genética sí explica por qué existen determinadas combinaciones de pelaje.
Los genes responsables de los colores negro y naranja se encuentran en el cromosoma X. Por ese motivo, las gatas pueden presentar ambos colores al mismo tiempo y desarrollar el clásico pelaje carey, mientras que los machos, que poseen un solo cromosoma X, normalmente son negros o naranjas.
Los machos carey son extremadamente raros y suelen deberse a alteraciones genéticas, como una condición similar al síndrome de Klinefelter (XXY) o fenómenos excepcionales durante el desarrollo embrionario.
¿Hay gatos más agresivos según su color?
Una investigación realizada en 2016, basada en encuestas a más de 1.200 propietarios, encontró que los gatos carey, blancos y negros, y grises con blanco eran descritos como algo más agresivos hacia las personas.
No obstante, los propios investigadores advirtieron que el estudio se apoyó únicamente en la percepción de los dueños, sin observaciones directas sobre el comportamiento de los animales, por lo que los resultados podrían reflejar prejuicios más que diferencias reales.
Especialistas en comportamiento animal sostienen que factores como la socialización temprana, el ambiente, las experiencias de vida y el manejo cotidiano tienen un impacto mucho mayor sobre la personalidad que el color del pelaje.
El problema de los prejuicios
Los expertos advierten que estos estereotipos pueden generar una “profecía autocumplida”. Si una persona espera que un gato sea agresivo por su color, puede interactuar con él de manera diferente, aumentando el estrés del animal y reforzando esa percepción.
Además, estas creencias tienen consecuencias concretas en la adopción. Diversos refugios internacionales registran que los gatos negros suelen tardar más tiempo en encontrar un hogar, en parte por supersticiones y también porque generan menos interés en publicaciones y fotografías.
A diferencia del comportamiento, algunas enfermedades sí presentan asociaciones genéticas con determinados colores de pelaje.
Uno de los ejemplos más conocidos es el de los gatos completamente blancos con ojos azules, que tienen un mayor riesgo de sordera congénita debido a la presencia del gen W.
Los especialistas coinciden en que, más allá del color, la personalidad de un gato depende principalmente de su genética individual, la socialización durante los primeros meses de vida y el entorno en el que crece.