2026-07-17

Por el Dr. Ariel Cherro

Día del Investigador Neurocientífico: comprender el cerebro para comprendernos mejor

Cada 17 de julio se conmemora en Argentina el Día del Investigador Neurocientífico, una fecha que reconoce el trabajo de quienes dedican su vida a estudiar el órgano más complejo del cuerpo humano y uno de los mayores desafíos de la ciencia: el cerebro.

Cuando escuchamos la palabra neurociencia, muchas personas piensan inmediatamente en enfermedades como el Alzheimer, el Parkinson, la epilepsia o los accidentes cerebrovasculares. Y es lógico. Una parte muy importante de la investigación neurocientífica busca comprender cómo prevenir, diagnosticar y tratar estas enfermedades para mejorar la calidad de vida de millones de personas.

Pero la neurociencia va mucho más allá.

También intenta responder preguntas que todos nos hacemos alguna vez: ¿cómo se forman los recuerdos? ¿Por qué olvidamos algunas cosas y otras permanecen para siempre? ¿Cómo influyen las emociones en nuestras decisiones? ¿Qué sucede en nuestro cerebro mientras dormimos? ¿Por qué dos personas reaccionan de manera diferente frente a una misma situación?

En definitiva, estudiar el cerebro es también estudiar aquello que nos hace humanos.

Un pionero que dejó una huella imborrable

El Día del Investigador Neurocientífico se celebra en homenaje al médico e investigador Christofredo Jakob, quien llegó a la Argentina en 1899 y fue uno de los grandes impulsores de las neurociencias en nuestro país.

Así lo recuerda el reconocido biólogo, investigador del CONICET y divulgador científico Diego Golombek, quien destaca que Jakob sentó las bases de una tradición científica que continúa hasta nuestros días.

Jakob dirigió el Laboratorio de Anatomía Patológica del entonces Hospicio de las Mercedes, hoy Hospital Borda. Allí trabajaba en un laboratorio ubicado en el subsuelo del edificio, rodeado de preparados anatómicos y cerebros destinados al estudio científico.

Ese escenario trascendió el ámbito de la medicina para convertirse en parte de la historia del cine argentino. Golombek recuerda que ese mismo laboratorio aparece en la película Hombre mirando al sudeste, de Eliseo Subiela. En una de sus escenas más recordadas, el protagonista, Rantés, observa los cerebros conservados y reflexiona que en ellos están guardados los recuerdos, las emociones y la historia de cada persona. Para Golombek, esa escena constituye un hermoso homenaje a Jakob y, a través de él, a todos los neurocientíficos argentinos.

Mucho más que enfermedades

En las últimas décadas la neurociencia despertó un enorme interés social. Hoy abundan los libros de divulgación, los podcasts y hasta productos que utilizan el prefijo "neuro" para captar la atención del público.

Golombek advierte que este fenómeno también exige espíritu crítico. "Se ha puesto de moda el 'neuro todo': neurofútbol, neurocafé, neuro lo que quieras, y ahí hay que sospechar un poquito", señala.

Sin embargo, detrás de esa moda existe una realidad mucho más profunda. Nunca antes habíamos aprendido tanto sobre el cerebro.

"En las últimas décadas aprendimos mucho más sobre el cerebro que en toda la historia", afirma Golombek.

Ese conocimiento no solo permite desarrollar mejores tratamientos para las enfermedades neurológicas. También ayuda a comprender aspectos fundamentales de nuestra vida cotidiana: por qué tomamos determinadas decisiones, cómo aprendemos, de qué manera construimos nuestros recuerdos, cuál es el papel de las emociones o cómo influyen la ética y la moral en nuestro comportamiento.

Ciencia argentina con proyección internacional

Argentina mantiene una sólida tradición en investigación neurocientífica.

Recientemente, equipos del CONICET, la Universidad de Buenos Aires y la Universidad Nacional de Tucumán desarrollaron una molécula experimental para el tratamiento de la enfermedad de Parkinson. En estudios preclínicos mostró resultados prometedores al mejorar síntomas y ejercer un efecto neuroprotector. Aunque todavía deberá demostrar su seguridad y eficacia en ensayos clínicos con personas, el desarrollo constituye un ejemplo del potencial de la ciencia argentina para generar conocimiento con impacto en la salud.

Golombek también destaca la calidad de los grupos nacionales que investigan memoria, neurodesarrollo, comportamiento, neuroinmunología y otras áreas de frontera.

No obstante, advierte que ese potencial convive con un escenario complejo para el sistema científico. "La situación actual de la ciencia argentina dista mucho de ser adecuada. Por el contrario, está muy mal", sostiene, en referencia a las dificultades que atraviesa el sector.

Una frontera que todavía queda por explorar

A pesar de los enormes avances alcanzados durante las últimas décadas, el cerebro continúa siendo uno de los grandes misterios de la ciencia.

Cada descubrimiento abre nuevas preguntas y demuestra cuánto queda aún por comprender.

Por eso, el Día del Investigador Neurocientífico no solo invita a recordar a pioneros como Christofredo Jakob, sino también a reconocer el trabajo silencioso de miles de investigadores que, desde laboratorios, hospitales y universidades, dedican años a estudiar cómo funciona el cerebro.

Porque comprender el cerebro no significa únicamente desarrollar tratamientos para enfermedades como el Parkinson o el Alzheimer. Significa también entender mejor cómo pensamos, aprendemos, recordamos, sentimos y tomamos decisiones.

En definitiva, comprender el cerebro es comprendernos un poco más a nosotros mismos.

 

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