2026-09-10

Clínica Colón avanzó en una capacitación internacional para atender casos de ACV

El neurólogo Iván Roa explicó cómo detectar un ACV, por qué la atención precoz es clave y qué capacitación internacional realizó la Clínica Colón.

El accidente cerebrovascular (ACV) es una emergencia médica en la que el tiempo resulta determinante. Reconocer los primeros síntomas y llegar rápidamente a una guardia puede marcar una diferencia decisiva en la evolución del paciente.

En diálogo con Radio Brisas, el médico neurólogo de la Clínica Colón de Mar del Plata, Iván Roa, explicó cómo trabajan ante una sospecha de ACV y destacó la capacitación realizada por profesionales de la institución con integrantes de una organización internacional especializada en accidentes cerebrovasculares.

El especialista remarcó que se trata de una enfermedad “tiempo dependiente”: cuanto antes se inicia el tratamiento, mayores son las posibilidades de disminuir las secuelas, la discapacidad y el riesgo de mortalidad.

Uno de los principales mensajes transmitidos por Roa estuvo dirigido a la población general. Frente a una posible emergencia, existen tres señales sencillas que pueden permitir sospechar rápidamente un ACV.

La primera aparece en el rostro. Se puede pedir a la persona que sonría y observar si existe asimetría facial, es decir, si un lado de la cara se mueve de manera diferente al otro.

La segunda está relacionada con el habla. Si la persona no puede expresar correctamente lo que quiere decir, pronuncia palabras equivocadas, habla de manera incoherente o no comprende lo que se le está diciendo, es necesario considerar la posibilidad de un ACV.

La tercera señal consiste en pedirle que levante los brazos. Si uno de los brazos no puede levantarse, tiene menos fuerza o cae antes que el otro, también puede tratarse de un síntoma de alarma.

Ante cualquiera de estas situaciones, Roa fue contundente: hay que acudir inmediatamente a una guardia.

Los síntomas también pueden responder a otras causas, pero la prioridad es descartar un ACV debido a que la demora en la atención puede aumentar el daño cerebral.

“Cada minuto cuenta” frente a un accidente cerebrovascular

El neurólogo explicó que el ACV provoca la muerte de neuronas cuando se interrumpe el flujo sanguíneo hacia una parte del cerebro o cuando se produce una hemorragia.

En el caso del ACV isquémico, una arteria queda obstruida y una zona del cerebro deja de recibir sangre y oxígeno. Roa señaló durante la entrevista que, por cada minuto que pasa sin tratamiento, se pierden aproximadamente dos millones de neuronas.

Por eso, la rapidez no comienza únicamente cuando el paciente ingresa a una clínica. También es fundamental que la persona o su entorno reconozcan los síntomas y activen rápidamente el sistema de atención.

En esta oportunidad, Roa explicó que el abordaje requiere un trabajo interdisciplinario y coordinado. Ante una sospecha de ACV, el paciente es evaluado de manera inmediata por el equipo de urgencias. El objetivo es evitar que trámites o procedimientos administrativos retrasen la atención médica.

Luego se realizan los controles necesarios, análisis de laboratorio y una imagen del cerebro para determinar qué tipo de accidente cerebrovascular está ocurriendo.

La Clínica Colón cuenta además con una unidad destinada a la atención de ACV, donde se define el tratamiento específico de acuerdo con las características de cada paciente.

En determinados casos de ACV isquémico, uno de los objetivos del tratamiento es recanalizar la arteria obstruida, utilizando medicación que permite disolver el coágulo que impide el normal flujo de sangre.

No todos los ACV son iguales

Roa explicó que existen dos grandes tipos de accidentes cerebrovasculares. Aproximadamente el 85% corresponde a ACV isquémicos, producidos por la obstrucción de una arteria que impide que la sangre llegue correctamente a las neuronas.

El porcentaje restante corresponde a los ACV hemorrágicos, que se producen cuando una arteria cerebral se rompe y provoca una hemorragia.

La diferencia es fundamental porque el tratamiento no es el mismo. Mientras que en determinados ACV isquémicos puede utilizarse un tratamiento destinado a disolver o remover el coágulo, los cuadros hemorrágicos requieren otro abordaje y protocolos específicos.

En ambos casos, sin embargo, la rapidez en el diagnóstico y la intervención resulta fundamental.

Capacitación internacional para mejorar la atención del ACV

En este contexto se realizó una capacitación en la Clínica Colón destinada a perfeccionar los procedimientos vinculados con la atención de los accidentes cerebrovasculares.

Según explicó Roa, participaron integrantes de la World Stroke Organization, una organización internacional dedicada al desarrollo de estrategias para la prevención, tratamiento y atención de los ACV.

El objetivo de la capacitación fue optimizar los tiempos de respuesta, fortalecer el trabajo interdisciplinario y adecuar los procedimientos a los estándares internacionales.

La formación adquiere especial relevancia porque en un ACV no alcanza con disponer de tecnología o profesionales especializados: todo el circuito de atención debe funcionar de manera coordinada y rápida. Desde el reconocimiento de los síntomas hasta la realización de los estudios y el inicio del tratamiento, cada etapa puede influir sobre el resultado final.

La importancia de que el paciente llegue rápido

Para Roa, existe un aspecto que excede a la propia institución médica: la educación de la población. Una clínica puede contar con equipos preparados para actuar rápidamente, pero ese esfuerzo pierde eficacia si el paciente llega tarde porque los síntomas no fueron reconocidos o porque se decidió esperar para observar si desaparecían.

Por eso, conocer las señales de alarma puede convertirse en una herramienta fundamental de prevención.

Cara asimétrica, dificultad para hablar y pérdida de fuerza en uno de los brazos son tres signos que deben generar una consulta urgente.

No es necesario esperar a que aparezcan todos juntos. La presencia de cualquiera de ellos puede justificar una evaluación inmediata. El especialista también destacó que los tratamientos disponibles actualmente representan un importante avance respecto de años anteriores.

Procedimientos que tiempo atrás podían considerarse excepcionales hoy forman parte de protocolos médicos capaces de ofrecer estándares de atención cada vez más elevados.

La capacitación permanente de los equipos permite, en ese sentido, actualizar conocimientos y mejorar la coordinación entre las distintas áreas que intervienen en la emergencia.

Para una enfermedad en la que el tiempo es un factor determinante, reducir los minutos entre la llegada del paciente y el inicio del tratamiento puede traducirse en una menor discapacidad y una mejor recuperación.

Qué hacer ante una sospecha de ACV

La recomendación central que dejó el neurólogo Iván Roa es sencilla: no esperar. Si una persona presenta una alteración repentina en la cara, dificultad para hablar o comprender, o pérdida de fuerza en un brazo, debe ser trasladada de inmediato a una guardia para que profesionales puedan determinar si se trata de un accidente cerebrovascular.

El ACV requiere atención de emergencia y no es conveniente intentar esperar a que los síntomas desaparezcan por sí solos.

La capacitación de los equipos médicos, la disponibilidad de unidades especializadas y la incorporación de protocolos internacionales son herramientas importantes. Pero existe un primer paso que depende de toda la comunidad: reconocer las señales y actuar rápidamente.

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