Dolor y rigidez en las articulaciones: cómo reconocer la artritis reumatoide
La artritis reumatoide es una enfermedad inflamatoria crónica que se produce cuando el sistema inmunitario ataca por error los tejidos del propio organismo, especialmente la membrana sinovial, que recubre las articulaciones. Esta respuesta genera inflamación y puede provocar daños progresivos en el cartílago y los huesos si no se trata adecuadamente.
En el marco del Día Mundial de la Artritis Reumatoide, que se conmemora cada 12 de octubre, la jornada busca visibilizar esta patología, promover el reconocimiento de sus síntomas y destacar la importancia de consultar a un profesional de la salud ante las primeras señales.
Cuáles son los principales síntomas de la artritis reumatoide
Uno de los signos más frecuentes es el dolor articular acompañado de inflamación y rigidez. La enfermedad suele afectar las mismas articulaciones de ambos lados del cuerpo, como las manos, las muñecas y los pies, aunque también puede comprometer otras zonas.
Otro síntoma característico es la rigidez matutina, que dificulta mover las articulaciones después de despertarse. Cuando esta molestia se prolonga durante 30 minutos o más, especialmente si se acerca o supera una hora, puede ser una señal de alerta que requiere evaluación médica.
Además, la artritis reumatoide puede manifestarse con cansancio persistente, debilidad, febrícula y pérdida del apetito. En algunos casos, la inflamación no se limita a las articulaciones y puede afectar otros órganos, como los pulmones, los ojos, la piel y el corazón.
La intensidad de los síntomas puede variar. Algunas personas experimentan períodos de mayor actividad de la enfermedad, mientras que otras atraviesan etapas en las que las molestias disminuyen.
A quiénes afecta y cuáles son los factores de riesgo
La artritis reumatoide puede aparecer a cualquier edad, aunque es más frecuente que comience durante la adultez. Además, afecta entre dos y tres veces más a las mujeres que a los hombres.
Si bien no existe una única causa identificada, se sabe que intervienen factores genéticos, ambientales y relacionados con los hábitos. Tener antecedentes familiares puede aumentar la predisposición, aunque no significa que la enfermedad necesariamente vaya a desarrollarse.
El tabaquismo es uno de los factores de riesgo modificables más importantes. También se estudia la relación entre la enfermedad periodontal y los procesos inflamatorios, mientras que la obesidad puede influir en el riesgo y en la evolución de distintas enfermedades inflamatorias.