jueves 02 de abril de 2026
Publicidad

La contabilidad mental y las cuentas separadas

martes 24 de octubre de 2017

El lunes 9 de octubre la Real Academia Sueca premió al Dr. Richard Thaler con el Nobel de Economía, por sus contribuciones a la llamada Economía del Comportamiento, tendiendo un puente entre la visión económica y la psicológica, con su impacto sobre las decisiones individuales.

Quizás el punto de mayor exposición de este profesor de la Universidad de Chicago se relaciona con su participación (cerca de 2 minutos) junto a la actriz y cantante Selena Gómez en la película “The Big Short”(La Gran Apuesta) en el año 2015.

En ella explica cómo se produjo la burbuja hipotecaria en Estados Unidos, el rol de los derivados financieros y fundamentalmente, la irracionalidad que acompañó la toma de decisiones de aquel momento, tanto para estimular la entrada a productos financieros incomprensibles, como la estampida en la que terminó. Esto lo sustenta en la existencia de la falacia de la “mano caliente”; sintéticamente supone que aquello que está sucediendo hoy – éxito- se reproducirá también en el futuro (Si querés verlo https://youtu.be/EEXTqtH-Oo4 )

Durante muchos años la economía se basó en la creencia de un individuo racional y egoísta, que decidía en pos de su propio bienestar. Esto implicaba disponer de información, analizarla en función de la relación costo – beneficio y apuntando a la maximización de sus ganancias. Lo llamamos homo economicus.

En oposición a ese sujeto racional, que analiza y ordena toda la información disponible de todas las alternativas existentes, Thaler plantea sus objeciones, puntualizando cuáles serían los puntos claves que deben asumirse como para comprender los aspectos que condicionan la toma de decisiones de los individuos:

- Racionalidad limitada por la vigencia de sesgos o falacias que reducen la objetividad y la capacidad de análisis
- Preferencias sociales que nos “convencen” aún de aquello que no nos conviene
- Falta de autocontrol o disciplina. El síndrome de la dieta que siempre empieza “mañana”

¿Qué son los sesgos? Son efectos psicológicos y emocionales que nos alejan de la racionalidad, distorsionando la realidad. Esto se relaciona con nuestra necesidad de responder a estímulos, situaciones que demandan una decisión en muchos casos, lo suficientemente rápida como para procesar adecuadamente la información disponible.

Particularmente me interesa hoy enfocarnos en lo que se denomina la Contabilidad Mental. ¿En qué consiste? Básicamente que tendemos a crear cuentas separadas en nuestra mente, estableciendo tres categorías o etiquetas:

- Los gastos son agrupados en presupuestos (comida, casa, transporte entre otros)
- La riqueza es localizada en cuentas (ahorro, jubilación)
- El ingreso es dividido en categorías (normal o inesperado)

Este concepto rompe con un principio básico a la hora de tomar decisiones: El del carácter fungible del dinero. Cuando hablamos de fungible nos referimos a la propiedad de un bien de ser sustituible. Más simple, que un peso siempre será un peso, sin importar por ejemplo como fue obtenido. ¿Te parece razonable? La realidad de nuestras decisiones parece ir en la dirección contraria.

Así nosotros tendemos a separar los activos mentalmente en distintas “cuentas,” administrando cada una de ellas independientemente, perdiendo en extremos la noción que cada cuenta es parte del total de nuestro dinero. Esto se traduce adicionalmente en que presentamos distintos comportamientos y tolerancia al riesgo frente a estas cuentas mentales separadas.

Si por ejemplo recibimos un ingreso extra y no tuvimos que realizar un esfuerzo significativo para obtenerlo, tendemos a ser más laxos a la hora de gastarlo. Y viceversa. Somos capaces de crear un fondo con un destino placentero, como un viaje de vacaciones, y simultáneamente sostenemos deudas con un alto costo para nosotros. Claramente no se trata de una decisión racional, o si no te gusta el término, inteligente o conveniente para tus finanzas.

Los medios de pago fortalecen esta perspectiva, tal el caso de las tarjetas de crédito. Aquí combinamos tanto el diferimiento de pago como la separación respecto del momento de comprar.
Te da la sensación de “encapsular” un gasto, en general asociándolo a la etiqueta del consumo, en muchos casos, placentero. Y las cuotas pueden ser un factor extra a la hora de facilitar conductas. Luego sí, llegará el resumen de cuenta con todas tus compras y entonces las cuentas separadas desaparecerán como por arte de magia. Será difícil distinguir cuál fue la gota que rebalsó el vaso. En el opuesto pensá en aquel que paga todas sus cuentas con el dinero disponible hoy y no emplea, más o menos alegremente, esta herramienta.

El tema de las cuentas separadas (claro está sólo en nuestras mentes) y las dificultades para el autocontrol pueden debilitar nuestras finanzas futuras. Tenemos cierta resistencia a pensar en el futuro y su previsión. Paradójicamente esto puede ser combatido con conductas que impliquen “resignar” consumo actual a través de contratar un plan de retiro que se deduzca de tu salario y vos ya asumas que vas a tener que manejarte con el sueldo remanente. Es lo que Thaler denomina los pequeños empujoncitos (nudges en inglés), que reconocen las debilidades propias de nuestras decisiones y buscan de alguna manera, compensarlas.

Cuentas separadas. Dinero que es uno solo pero que dividimos en la búsqueda de una mejor administración. Trampas que nos juega nuestra mente. Trata que no te jueguen una mala pasada.

Nicolás González
Contador Público y docente universitario especialista en Finanzas
Titular del ABC de tu dinero
Twitter @elabcdetudinero
[email protected]