martes 28 de abril de 2026
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El "Último Primer Día": los festejos que desafían al sistema educativo

El UPD, una fiesta iniciada por los estudiantes de último año de secundaria, ha ganado popularidad y se ha expandido a otros niveles educativos. Sin embargo, su impacto en el tiempo de estudio y los excesos asociados generan debates en el ámbito educativo.
lunes 03 de marzo de 2025

Desde hace más de una década, el Último Primer Día (UPD) se consolidó como una tradición escolar para los estudiantes de último año de secundaria. Este festejo, que comienza la noche anterior al inicio del ciclo lectivo, se transformó en una de las celebraciones más esperadas y polémicas del calendario escolar.

El UPD suele iniciarse en la víspera del primer día de clases, con los estudiantes reuniéndose en casas de amigos o en espacios públicos, como plazas o parques cercanos a las escuelas. En este encuentro, la música a todo volumen y el consumo de alcohol son parte esencial de la celebración. Sin embargo, a la hora de ingresar al establecimiento, los estudiantes, generalmente con el ánimo elevado, llegan acompañados de bombos, banderas y cánticos, aunque no siempre en las mejores condiciones para comenzar las clases.

Lo que comenzó como un festejo exclusivo para los egresados de sexto año, con el paso del tiempo ha dado lugar a una serie de rituales adicionales. Según un informe de la Asociación de Institutos de Enseñanza Privados de la Argentina (AIEPA), el UPD se ha visto acompañado por otros festejos similares, como el Último Día de Sexto (UDS), la Última Semana Santa (USS) y, en algunos casos, las Últimas Vacaciones de Invierno (UVI).

Patricia Salvucci, directora del nivel secundario del Colegio Internacional del Sol de Bahía Blanca, explica que los festejos se expandieron gradualmente. "Comenzó con el UPD, después pasó al festejo de la vuelta del receso invernal y, finalmente, a la despedida al finalizar el ciclo lectivo", detalló. La organización de estos eventos implica una pérdida de tiempo y recursos para las instituciones, que deben lidiar con la distracción de los estudiantes en una época crucial para su preparación académica.

Martín Zurita, secretario ejecutivo de AIEPA, enfatizó que la acumulación de celebraciones afecta directamente el tiempo de estudio. "El sexto año parece un año festivo en lugar de un curso en el que consolidar los conocimientos necesarios para dar el siguiente paso", dijo. Y es que, entre la elección de buzos y remeras de egresados, la celebración del Día del Estudiante, las despedidas y el viaje de egresados, las horas de estudio se reducen considerablemente.

Además, las autoridades educativas enfrentan los excesos de los adolescentes durante estos festejos. Muchos padres, en ocasiones, apoyan y fomentan estos rituales sin establecer límites claros, lo que puede dar lugar a comportamientos irresponsables. "Cada vez más, los institutos están trabajando para involucrar a los padres, concientizándolos sobre los riesgos del consumo de alcohol en adolescentes", reconoció Zurita.

Ante la inevitabilidad del UPD y los riesgos asociados, las escuelas han comenzado a modificar sus estrategias. En lugar de prohibir estas festividades, muchas instituciones han adoptado un enfoque de mitigación de riesgos. Desde ofrecer desayuno a los estudiantes al llegar al colegio hasta involucrar a los padres para que acompañen a sus hijos al establecimiento, las autoridades buscan reducir los riesgos asociados con los excesos de la celebración.

En algunos casos, las escuelas también se han comprometido a mantener un contacto constante con servicios médicos de emergencia, para garantizar que los estudiantes que puedan sentirse mal reciban atención de inmediato.

Lo que comenzó como una tradición exclusiva para los estudiantes de secundaria ha comenzado a replicarse en otros niveles educativos. En muchas primarias y jardines de infantes, los rituales de despedida y bienvenida se han popularizado, aunque sin los excesos del UPD. Los festejos, en estos casos, son impulsados principalmente por los padres, quienes organizan celebraciones con espuma para despedir a los alumnos de sexto grado o sala de 5.

Aunque estos festejos no cuentan con los mismos excesos que en la secundaria, el fenómeno refleja cómo los rituales de fin de ciclo se han ido extendiendo por todo el sistema educativo. Lo que comenzó como un rito de paso para los egresados de secundaria hoy se ha convertido en una celebración que, más allá de generar debates, forma parte de la cultura escolar del país.