2023-04-29

Desde un pequeño pueblo en el partido de Necochea al mundo: los cuchillos de José María Orejas

 Juan Nepomuceno Fernández es un pueblo rural ubicado en el partido de Necochea, provincia de Buenos Aires, que fue fundado el 28 de marzo de 1909. En la actualidad cuenta con unos 2700 habitantes. Cada mes de noviembre, allí se celebra la “Fiesta de la Soga Gaucha” donde se mantiene viva una de las artes más preciadas entre la gente de campo: convertir finas tiras de cuero vacuno en lazos, bozales, riendas, rebenques y cabos de cuchillos entre muchos otros elementos.

En ese pueblo que se mueve al ritmo tranquilo de la llanura, hay un hombre al que todos conocen como “El gallego” y que a través de su trabajo artesanal llevó el nombre de su lugar al mundo entero: José María Orejas, el fabricante de cuchillos más famoso de la zona.

En diálogo con Beto Mena en “Desparramando Cultura”, José se presenta como artesano en cuero. “ Primero fui soguero, confeccionando prendas para el uso diario del hombre de a caballo. Pasaron los años y en el año 82, a pedido de un santiagueño, Chacho Salvatierra, comencé a hacer cabos y vainas para cuchillos.El me encargó los primeros 50. Yo siempre trabajaba junto a mi señora (Olga Ester Guardia ) y después vendía en el campo y en las jineteadas.”

José comenzó su especialidad de una manera particular. Compró un cuchillo que vio en la vidriera de un comercio en Necochea, lo desarmó por completo y luego fabricó otro copiando el modelo. Todavía se lamenta porque se lo robaron. Después supo de la existencia de un libro “Trenza gaucha” de Mario López Osornio donde se explicaba paso a paso como hacer los trenzados en cuero para adornar los cabos de rebenques y cuchillos. Consiguió uno prestado e hizo algo que muestra la pasión y el empeño para lograr lo que con los años lo convertiría en uno de los fabricantes de cuchillos artesanales más buscados del país.

“ En esa época, década del 70, con mi señora y mis hijos vivíamos en un rancho en el campo. No teníamos electricidad, por lo que nos alumbraba un farol a querosén o velas. Así que me copié casi todo el libro en dos cuadernos “Efemérides” a mano. Estuve durante 25 días haciendo los dibujos y transcribiendo las indicaciones que me servían para aprender. El libro me lo había prestado el vasco Domingo Izurieta, así que una vez que lo copié se lo devolví y le regalé una botella de caña en agradecimiento.”

Al poco tiempo se vino a vivir al pueblo y comenzó a dedicarse a pleno a esta actividad. El material para hacer las hojas de los cuchillos las compraba en Tandil, por lo que su nombre comenzó a hacerse conocido y algunos comerciantes le hacían encargos para luego llevarlos y venderlos por distintos lugares del país. Uno de los tantos compradores era el dueño de la cuchillería “Arbolito”, en el centro de la ciudad serrana. Quiso el destino que para prepararse para los Juegos Olímpicos de Seúl en 1988, la Selección Argentina de Fútbol vino a concentrarse a Tandil. Un día alguien del plantel pasó por la vidriera, vio los cuchillos y compró 30 para llevar a la Asociación Argentina de Fútbol.

Y allí ocurrió lo inesperado. Cuenta José Orejas : “Me llamó por teléfono Alejandro Graso, el dueño de la cuchillería y me dijo me tenés que hacer un trabajo urgente: la AFA me pide 200 cuchillos porque Humberto Grondona quiere llevarlos como regalos a los Juegos Olímpicos, los necesito para dentro de 25 días. Yo ya tenía cinco o seis muchachos que me ayudaban, así que nos pusimos a trabajar, les pedimos disculpas a otros clientes que nos habían hecho pedidos y pudimos llegar a tiempo. Al final vinieron dos hombres de traje y corbata junto con Alejandro, me trajeron los escuditos de la AFA para poner en las vainas y se los llevaron terminados.”

 

José ha dejado sembrada una semilla que germinó: hoy sus hijos siguen su legado y varios de aquellos chicos que aprendieron el oficio junto a él hoy tienen sus propios talleres y se han convertido en maestros para las nuevas generaciones.

Sin duda, el “gallego” Orejas ya es uno de los hombres que forma parte de la historia de este pequeño pueblo y su orgullo más grande es haber sido siempre un gran trabajador. Con entusiasmo recuerda: “ Hacíamos unos 400, 500 cuchillos por mes, pero mi récord lo tengo anotado: en el año 2003 o 2004 fabriqué 673. Y siempre junto a mi mujer, Olga, ama de casa y a su vez, mi ayudante.”  

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