Comedor "Los Martillitos de pie"
La realidad invisible que viven los más vulnerables en El Martillo
Marcela lleva adelante el comedor “Los Martillitos de pie” desde hace 8 años. Tiene una risa contagiosa y firmeza en su andar. Apenas llegó al barrio El Martillo, empezó con este proyecto. Desde entonces, “no dejamos a nadie sin comer”, responde al preguntarle si hay lista de espera para acceder a una ración.
El comedor tiene un cartel en la puerta anunciando su nombre. Sirven más de 60 raciones por día, “cocinamos como si fuera para nosotras, con amor” dice Eva, una de las cocineras que pone su cuerpo y corazón en función de alimentar a las familias del barrio.
No solo llegan de las cuadras aledañas, también lo hacen en colectivo del barrio Bernardino Rivadavia, de Las Heras, de Florencio Sánchez y de otros barrios cercanos.

“¿Qué fideos vamos a hacer?”, pregunta Eva. “El larguito”, contesta Marcela. Diez paquetes de fideos nadan en una olla gigante mientras Eva revuelve y la otra cocinera, también llamada Marce, frita milanesas. “Me cuesta horrores sostener el comedor, conseguí trabajo hace cuatro meses, pero cobro poco y no me alcanza para comprar todo. Hay días que realmente no tengo nada”, se lamenta Marcela.
“Este es mi humilde lugar”, dice la referente, mostrando la cocina llena de ollas grandes. El espacio está distribuido de una forma cómoda, tiene dos hornos, y utensilios enromes, porque siempre cocinan para muchas personas. “Las chicas ponen lo suyo, entonces podemos preparar la comida. A veces compran también condimentos, porque llenar una botellita de especies vale 2 mil pesos y dura menos de una semana”, asegura Marcela.

Cocinan dos veces por semana, martes y viernes. Y aunque no tengan con qué, algo hacen para poder repartir. “Un plato de comida es un plato de comida, les ayuda un montón. Da bronca que tengan que salir a buscar alimento, a muchos les da vergüenza”, asegura.
“Todo es a pulmón”, dice entre risas Marcela, mientras observa a Eva y Marce cocinar. Ambas son beneficiarias del Potenciar Trabajo, pero no están obligadas a ir. “Ellas lo hacen de corazón”, relata mientras las mira. Y las chicas no solo le ponen corazón, sino que brindan su entera dedicación.

Las tres coinciden en que antes no llegaba tanta gente cuando era principio de mes. Pero ahora, siempre tienen la misma cantidad de gente esperando por su plato, “vienen porque hay mucha necesidad”, aseguran.
Quienes asisten al comedor, cuando consiguen trabajo, avisan y dejan ese espacio a otra persona que lo necesite. “Marcelaa” le gritan para que salga a recibir los recipientes. Y ella entre risas va. “Antes, si hacíamos mucha cantidad, les dábamos para que lleven. Pero ahora ya no. En septiembre empezó a venir menos mercadería y en diciembre se cortó todo lo que nos daban. Los comedores nacieron por la falta de políticas de estado y el asistencialismo, pero hay mucha gente que necesita”, afirma la referente del comedor.
Llegan a “Los Martillitos de pie” familias enteras, personas con problemáticas de adicciones, madres solteras, adultos mayores. Cada uno con su recipiente y una etiqueta de cuantas raciones van a necesitar. Algunos no llevan contenedor, porque no tienen. Marcela ya regaló todos sus recipientes, y eso le representa un inconveniente: “me dicen que vienen después, pero que no tienen como llevar la comida. Igualmente, les hacemos la cena para que lleven a sus casas”.

Fideos con pesto, aroz de cebolla y milanesas de hígado. A veces también les dan yogur y galletitas. Hoy buscan ofertas y cortes de carne alterativos: “Buscamos cocinar cosas que sean llenadoras y accesibles al bolsillo, porque todo lo compramos a pulmón y con las donaciones que recibimos. Hay gente que nos dona desde Francia”, relata.
“Nos estamos quedando sin gas”, dice Eva. Marcela hace la maniobra para hacer el cambio de garrafa: “Gracias a dios que está fácil de sacar”. La coloca y agradece también las donaciones que reciben para poder tener los tubos de gas llenos. En invierno usan entre 4 y 5 garrafas.
“Un señor me traía pollo una vez por semana, otro carne picada. Con lo que pueden donan, pero a veces no alcanza”, se lamenta. Las donaciones son recibidas mediante la página de Facebook del comedor. “Algún día vamos a llegar a un millón de seguidores, por ahora tenemos 300”, sueña Marcela.

La mayoría de las personas que llega a “Los Martillitos de pie” se acercan por una red de mujeres, que van contando la experiencia del comedor. “Una señora lleva 9 raciones, para sus hijos y nietos. Es muy difícil para ella”, cuenta. “Todo es muy complicado, mucha gente se quedó sin trabajo y no les queda otra”, reflexiona la referente.
El viernes pasado recibieron algunos alimentos, entre ellos, mermelada vencida con fecha de 30/05 y puré de tomate, también vencido. Les preguntaron si la querían, y ante la falta de opción, decidieron que sí. Van a cocinar y les preguntarán a las familias si quieren llevarse las mermeladas. “Yo las probé, no están en mal estado ni tienen feo gusto. Antes de darlas la pruebo por las dudas, porque no le vamos a dar algo que está feo, pero llegaron vencidas”.

El comedor funciona en Sicilia bis 7169, donde vive Marcela. Un perro salta y mira mientras cocinan las milanesas. “Estamos esperando que nos llamen para darnos la mercadería que dicen que va a llegar desde Nación, felices los vamos a recibir”, expresa Marcela.
“Retrocedemos a otra época, pero somos creativas para hacer una comida rica. Decidimos lo que cocinamos en función de lo que conseguimos. A veces ñoquis, canelones. El otro día hicimos 500 panqueques para los canelones. Es mucho trabajo”, comparte mientras mira la ventana.
Vuelven a llamarla desde la calle. Ahora es un señor mayor que viene desde el barrio Bernardino Rivadavia a buscar su ración. Son tres personas que hoy tendrán cena gracias a “Los Martillos de pie”. Le arman la vianda. “Son tres, pero poné una milanesa de más”. Preparan todo y desde la puerta se despiden del hombre, saludándolo hasta el próximo retiro de comida.

Para quienes deseen donar al comedor “Los Martillos de pie” pueden hacerlo mediante la página de Facebook (Comedor los martillitos de pie) o contactándose al 2236 95-6107
Fotos Florencia Ferioli