2024-08-23

La Noche de la Caridad

Un esfuerzo comunitario para alimentar y abrigar a la gente que vive en la calle

En la Parroquia San José, un grupo de más de 70 voluntarios se reúne dos veces al mes para llevar a cabo una tarea que tiene un enorme impacto en la ciudad: preparar el guiso que alimentará a más de 150 personas en situación de calle. La Noche de la Caridad funciona todos los días en Mar del Plata, garantizando una cena caliente a quienes más lo necesitan.

Este proyecto se sostiene principalmente a través de donaciones, ya sea de alimentos o dinero, que permiten asegurar la preparación de cada comida.

Los voluntarios están organizados en equipos: unos se encargan del mise en place (cortar y preparar los ingredientes), un cocinero se encarga de la cocción del guiso, otros empaquetan y otros distribuyen las viandas por la ciudad.

En total, 19 parroquias participan en este proyecto en Mar del Plata, asegurando que todos los días de la semana, de lunes a lunes, las personas que viven en la calle reciban una cena.

Ángeles, una de las voluntarias y organizadora del turno de picar, explicó la logística detrás de esta acción solidaria: "Nosotros empezamos a las 15.00 y terminamos a las 21.00. Tenemos varios grupos que hasta las 17.00 pican y preparan todo para el cocinero, que trabaja hasta las 19.30. Después, las viandas se cierran en tergopoles y se cargan en los móviles para salir a las 20.00 a repartir".

Además de la comida, también entregan frazadas y ropa a quienes lo necesitan.

Cada voluntario tiene una tarea específica: algunos pican cebollas, otros zanahorias; unos pelan papas, mientras otros se encargan de los morrones. En el turno del cortado de verduras son 13 personas en total. El bullicio de las charlas resuena en toda la cocina. Hay un amplio espacio con mesas destinado al corte de las verduras, y otro sector para cocinar los guisos, que se preparan en varias cacerolas de 100 litros cada una.

La lista oficial de personas en situación de calle anotadas en la Diócesis ronda las 130, pero cada semana ese número puede aumentar. "La semana pasada empezamos con 170 personas, y además tenemos el Hotel City, donde duermen 20 personas que llegan a las 18.00. Allí se bañan, lavan su ropa y cenan lo que les llevamos. También les llevamos té, masitas, mate cocido para que puedan desayunar", declaró Ángeles.

"Vamos a lugares específicos, donde sabemos que están, como la manzana del ACA o Luro e Independencia. A veces no los encontramos, pero insistimos, volvemos a dar una vuelta hasta encontrarlos. Llevamos alimento caliente y más que eso, una mano amiga", refirió Ángeles sobre su labor.

El trabajo de los voluntarios no se limita solo a la cocina y la distribución. Hay quienes colaboran desde sus casas, donando dinero para la compra de carne o verduras. "Claro, se hace lo que se puede, todo sirve, presencial o no presencial", dijo Ángeles, subrayando la importancia de cualquier tipo de ayuda.

"La cantidad de gente en la calle creció en este último tiempo. Llegamos a hacer comida para 220 personas por noche. Hoy salimos con 140 raciones, pero todos los días se anota gente nueva", añadió Ángeles.

Respecto de las donaciones, manifestó que necesitan no solo ropa, calzado y alimentos, sino también donaciones económicas y tiempo: "Cada granito de arena suma", reflexionó.

"Uno se va lleno de acá. Mis nietas me dicen ‘andá abuela porque te hace bien’. Es fácil hablar cuando se está calentito, pero es diferente estar en la calle. Nos esperan para poder cenar y nosotros no faltamos"

Elvi, otra voluntaria, comentó cómo se sumó al comedor: "Hace unos meses que estoy colaborando. Poder hacer algo por los demás me hace bien emocionalmente, me hace feliz. Entre todas, nos organizamos, charlamos y la pasamos muy bien. Es muy poco lo que uno da, pero si lo damos todos juntos, podemos cambiar el mundo, como decía la Madre Teresa".

"Las personas en situación de calle ya nos esperan, nos van conociendo, y el trato se hace más personalizado. Saben que si necesitan una campera o una frazada, vamos a estar ahí para ayudarles. Entre todos, se puede lograr esta Noche de la Caridad, un proyecto que comienza picando cebolla y termina siendo mucho más grande", agregó la voluntaria.

En este sentido, finalizó subrayando: "Ojalá no tuviéramos que hacerlo, porque eso significaría que todos tendrían un techo y un plato de comida. Pero en los tiempos que corren, esto es necesario. Cada uno puede aportar un granito de arena, ya sea papa, zapallo, zanahoria, o una botella de aceite. Siempre se abre una puerta y se ve el solcito detrás de la ventana".

La labor en la Noche de la Caridad es un verdadero esfuerzo comunitario. Aunque es un trabajo arduo, lo hacen con dedicación y amor, conscientes de la necesidad de seguir adelante.

Como dice otra voluntaria: "Uno se va lleno de acá. Mis nietas me dicen ‘andá abuela porque te hace bien’. Es fácil hablar cuando se está calentito, pero es diferente estar en la calle. Nos esperan para poder cenar y nosotros no faltamos", concluye mientras barre los cascara de papa que quedaron en el piso.

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