POSTALES DE PROVINCIA
La Paz Chica y el sueño de un cine en medio del campo
La Paz Chica es un pequeño paraje ubicado a unos 7 kilómetros de la ciudad de Roque Pérez. Zona rica en historia y tradiciones, con pequeñas poblaciones dispersas sobre la llanura cerca del Río Salado, tiene dos sellos distintivos: sus centenarios almacenes y el único cine rural de la provincia.
Lía Villar es la responsable del almacén “La Paz Chica”, lugar indispensable para conocer los secretos del pago. “ Somos más o menos ciento cincuenta personas pero divididas en todo lo que es el paraje que es bastante grande. La calle principal es la de mi almacén y el cine, estamos ahí en la misma cuadra, donde hay más tránsito de gente."

"Yo conocí este almacén cuando era chica porque era amiga de las nietas de doña Nelly, la dueña, que fue la que impulsó que el cine volviera a brillar. Yo descubrí de grande que iba para la Paz Chica y que ese cine que hoy en día está de nuevo en pie era el que yo miraba por una ventana todo roto cuando era una nena, me enamoré nuevamente del lugar y me quedé.”
Las pulperías y almacenes forman gran parte del atractivo turístico del partido. Están puestos en valor desde hace ya más de diez años, cuando comenzó a desarrollarse a través del municipio el turismo rural. La mayor parte son almacenes de campo que era donde estaban las primeras poblaciones.

Es el caso de La Paz Chica, que es el tradicional almacén de ramos generales donde la gente compraba desde yerba y azúcar suelta, hasta nafta, ollas y la herrería para el caballo.
La puesta en valor de estos lugares se hizo en coordinación con las familias que en general siguen siendo los originales dueños de esos almacenes.
Cuenta Lía: “ Por ejemplo, en el del Gallego Gómez siguen estando los nietos. El recorrido para llegar a mi almacén es sobre Ruta 205. Lo primero que te encontrás es el almacén de don Lalo, un personaje muy folclórico de Roque Pérez, que tiene unos sándwiches y unos fiambres regionales buenísimos y que mientras te atiende y te convida un queso, también te recita una poesía o te canta una chacarera. Después está el almacén La Paz, uno de los más antiguos de la provincia, una pulpería inaugurada por Juan Manuel de Rosas donde estaba la Chola y hoy en día están los nietos.”

“Siguiendo después tenés la Estafeta Postal que fue el primer correo de Roque Pérez de este lado de la 205, que cumplió 140 años hace muy poquito, también allí tienen un comedor. Y bueno, ya después de un trayecto bastante más largo se encuentran con la Escuela 19, y un poquito más adelante está mi almacén. Y después un poquito más adelante está el almacén San Francisco, contemporáneo con el cine Club Colón, un ranchito de barro donde también se puede comer, en especial asado.”
La familia de Jerónimo Coltrinari pobló la Paz Chica. El era un verdadero visionario y fue el mentor de construir un cine en medio del campo. La obra se inició en 1933, cuando recién se empezaban a filmar las primeras películas sonoras en nuestro país, y abrió sus puertas un 20 de setiembre de 1934.
Cuando era un niño, su padre lo llevaba todos los meses al puerto, iban a traer más italianos que llegaban al país, y ellos paseaban por Buenos Aires. Siendo muy chico conoció el Teatro Colón y seguramente soñó con crear su propio teatro.
El Cine Club Colón contaba con un escenario y también una cantina, por lo que no solo se proyectaban películas, sino que se hacían bailes, casamientos, misas y las fiestas de la escuela, por lo que se convirtió rápidamente en el centro de la actividad social de la zona.
Cuenta Lía: ”Creo que la diversificación de la cultura fue algo muy importante para él. Imagínate que en 1934, cuando él era joven había solamente pulperías donde iban los hombres a caballo. Su mamá, su hermana y él quedaban exentos de las reuniones, así que ese sentido de la italianidad, de lo comunitario, de lo familiar lo unió ahí en el cine, que era parte del patio de su casa. En un principio el cine funcionaba con películas que traía un hombre que viajaba por los pueblos y las llevaba de lugar en lugar. Hubo cine mudo, cine en italiano y en inglés, en general no había películas argentinas todavía, así que eran en lengua original. Se juntaban los tanos con los criollos y se reían por osmosis creo.”
Estuvo funcionando más o menos hasta la década del 70. Un día, el viento se llevó unas tejas y otro lo terminó destrozar. El lugar quedó sin techo, cerrado. Estuvo roto mucho tiempo, treinta años.
Allá por 2013, dos vecinos, “Pepe” Guidobono y “Nelly” Albanesi, decidieron que ese lugar con tan linda historia no podía terminar en ruinas.“Doña Nelly decidió mover el avispero para que se lleve a cabo la obra de restauración que se hizo en forma comunitaria. Fue mucha gente del pueblo y de todos otros lugares, bomberos, policías, se organizó una colecta de plata. Obviamente el municipio fue el que lo organizó y puso todo su aparato logístico para llevarlo adelante y bueno se recuperó, está original.”
El cine club está abierto al público, se puede tomar un cafecito en la cantina atendida por vecinas, mirar un cortometraje. Se proyectan películas documentales que tengan que ver con la historia argentina o con la historia del lugar o de pueblos aledaños y también producciones que tienen que ver con la historia de Roque Pérez.

Los pisos están intactos. Cuando se vino abajo el techo, quedaron impermeabilizados por un compostaje, porque alguien criaba chanchos ahí adentro. Entonces esa capa de barro, estiércol y paja que petrificó el piso y permitió que no perdiera el color, porque si hubiese estado sin el techo y a la intemperie, ese piso hoy en día estaría blanco.
Los faroles que luce el Cine Club en la actualidad están adaptados a la electricidad pero cuando el cine se inauguró no había luz en el paraje y los faroles funcionaban a bencina. Todo lo que eran equipos de música funcionaban a válvulas de gas y los proyectores eran a carbón.
Gracias a Jerónimo Coltrinari, el paraje además del Cine Club tiene su propio aperitivo: el “Coltri”. César, uno de sus descendientes, es un emprendedor que anda por toda la provincia de Buenos Aires vendiendo su vermut artesanal con su cantina itinerante armada en una camioneta. El aperitivo está hecho a base de vino y hierbas de la zona, en un maridaje espectacular que con un poquito de hielo y soda es un trago que los visitantes no pueden dejar de probar.
Lía Villar, como muchos en esos parajes, atiende a sus visitantes como si fueran familiares que vienen de visita. “Yo abro de miércoles a domingo y días feriados también, acompañando las actividades que haya en el cine y en general tengo una carta donde es todo casero y fresco, panes, fiambres propios, algún chori con distintas salsas no puede faltar y mi especialidad son las pastas. Por ejemplo, los canelones son con ricota de cabra que hacemos nosotros mismos, a veces hay estofado de conejo, a veces de pato, los platos son bastante locales. Todos los lugares nos manejamos principalmente con reservas, para que la comida que se sirve siempre sea recién elaborada.
Desde hace diez años, cada enero, hay una fiesta ya está institucionalizada que es “La noche de los almacenes”. En esa fecha abren todos los almacenes durante todo el día y a la noche hay espectáculos en simultáneo, y el Cine Club Colón vuelve a recuperar la magia de los primeros años.
Para más información: @almacenlapazchica