domingo 12 de abril de 2026
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Pipo Perez, el atleta que corre en alpargatas

La inspiradora historia del vendedor de tortas fritas que ya es leyenda en el atletismo
domingo 12 de abril de 2026

A la vera de la Ruta 3, en la entrada de San Miguel del Monte hay un humilde carrito que ofrece pan casero y tortas fritas. Lo atiende un hombre de 62 años, delgado, amable y sonriente, al que llaman “el Flaco” o “Pipo”. Se llama Luis Pérez y es el protagonista de una hermosa historia: lo llaman “el corredor de alpargatas”. 

Su vida está atravesada por el trabajo duro, la superación y el atletismo. De origen muy humilde, se crió con su abuela en un rancho sin luz y desde joven tuvo que rebuscárselas para salir adelante. A fines de los años 90, ante la falta de empleo, construyó un horno de barro y comenzó a vender tortas fritas y pan casero en la calle, actividad que aún mantiene junto a su trabajo como empleado municipal. 

Cuenta “Pipo”: “En el 2005 entré a la Municipalidad de Monte como recolector de residuos y trabajé hasta hace unos tres años, donde tuve un accidente en un hombro y a partir de allí empecé como sereno, pero a las tortas fritas no las abandoné nunca.” 

Su rutina diaria es extremadamente exigente: trabaja de 6 de la tarde a 12 de la noche en la playa de camiones,  y al regresar a su casa de madrugada prepara la masa. Duerme unas 3 o 4 horas, se levanta temprano, cocina, sale a vender durante la mañana, luego descansa brevemente y entrena alrededor de una hora y media por la zona de la laguna, en circuitos que él mismo diseña buscando terrenos irregulares, barro o pasto para exigirse más. En ocasiones, después de entrenar vuelve a vender lo que le queda de producción antes de retomar su jornada laboral. Así, de lunes a viernes, y casi todos los fines de semana, viaja a competir. 

En el plano deportivo, Pipo es un corredor de resistencia que compite en carreras de calle, trail y montaña, con la particularidad de hacerlo en alpargatas. Esta elección surgió casi por casualidad: tras quemarse la planta del pie con una brasa del horno, no pudo usar zapatillas y probó correr con ese calzado en un camino de tierra. Descubrió que se sentía cómodo y decidió adoptarlas definitivamente como símbolo y herramienta. “ En la primera carrera que fui con las alpargatas, los demás corredores me miraban raro. Yo generalmente salía entre los siete u ocho primeros, y ese día llegué tercero”. Desde entonces, no solo las utiliza para competir sino también en su vida cotidiana. 

Entre sus logros, ha completado carreras de hasta 100 kilómetros en un solo día. “En San Miguel del Monte a esta competencia la hice siete veces. Se largaba a las 5 de la mañana hasta terminar.” Luego arrancó con competencias exigentes como “El Cruce” en la zona de Bariloche, una prueba de tres etapas en montaña. Destaca su capacidad de adaptación en terrenos difíciles como barro, nieve o senderos, donde incluso logra sacar ventaja frente a otros corredores. 

 Una anécdota que suele recordar es cómo en la selva misionera otros competidores dudaban de su rendimiento por correr en alpargatas, pero luego quedaban sorprendidos al verlo avanzar con soltura en condiciones adversas. “ Tardé 11 horas para hacer los 100 kilómetros en la ultra maratón Yaboty en El Soberbio. Me decían los otros corredores que cuando me vieron pensaron: como va a hacer este loco, se va a morir en el barro. Y cuando me vieron dicen que parecía un bambi corriendo, con las pisaditas livianas. Y los pasé y me perdí entre la selva” cuenta Luis entre risas. 

 

Su entrenamiento es completamente autodidacta: no tiene entrenador, no sigue planes profesionales y se guía por la experiencia. Ajusta sus rutinas según la carrera que tenga en mente, priorizando la resistencia y la adaptación al terreno. En cuanto a la alimentación, es simple y acorde a su economía: consume principalmente comidas caseras como fideos, guisos o harina de maíz, evitando excesos antes de correr. “Con 62 años estoy intacto, no tengo lesiones, nada. Me hago chequeos todos los años para poder ir a competir al Cruce y por suerte todo sale bien.” 

Más allá de los resultados, su filosofía es clara: corre para disfrutar, superarse y vivir la experiencia. No le interesa ganar, sino llegar, y si en el camino debe ayudar a otro corredor, lo hace sin dudar. Su casa está llena de medallas, aunque él mismo reconoce que no lleva la cuenta de las carreras realizadas. Ha corrido en Tandil, en Balcarce, en la competencia que se hace desde el Faro en La Serena hasta San Juan en etapas de 42 kilómetros, siempre con sus alpargatas y buenos resultados. 

Luis Perez va cosechando admiración y amistad de atletas de varios países que comparten campamento en cada una de las competencias y sueña con una carrera que lo desvela: “Soy muy patriota y quiero correr en las Islas Malvinas. Estuve a punto de ir a la Maratón Stanley, pero no pude conseguir el dinero para poder inscribirme. Me moriría porque las alpargatas pisen ese suelo, quiero hacerlo pero sin tener que pedirle plata a nadie.” 

Pipo se ha convertido en una figura inspiradora: un ejemplo de esfuerzo, humildad y pasión. Su historia demuestra que, con voluntad y constancia, se pueden romper barreras económicas y físicas, y que el deporte puede ser una herramienta de transformación personal y social. 

 "Yo me siento bien y pienso correr todo lo que más pueda , hasta el último tranco que pueda dar, ya cuando sienta que soy un estorbo en la largada dejaré, pero mientras tenga un ritmo, un trotecito, lo voy a seguir haciendo y  voy a incentivar a la gente para que salga a correr, que haga deporte, que haga  vida sana.”  

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