miércoles 20 de mayo de 2026
Publicidad
Comenzó el debate en Diputados por la quita del beneficio de Zona Fría

POSTALES DE PROVINCIA

Estación Juancho: resurgiendo del olvido

La historia de la familia que reabrió el boliche centenario del paraje por donde pasaron los pioneros de Pinamar y Villa Gesell
miércoles 20 de mayo de 2026

La historia del “Boliche de Juancho” es la de un emprendimiento familiar que apostó a recuperar un sitio histórico prácticamente olvidado, ubicado en la antigua estación Juancho, en el partido de General Madariaga, a unos 14 kilómetros de Pinamar. El lugar tiene un enorme valor histórico porque fue uno de los puntos fundacionales de toda la costa atlántica bonaerense. Antes de que existieran las rutas modernas y los grandes balnearios, el ferrocarril llegaba solamente hasta Juancho. Desde allí, pioneros, trabajadores y viajeros continuaban viaje en carretas, caballos o carruajes hacia lo que luego serían Pinamar, Cariló, Valeria del Mar, Villa Gesell y otras localidades costeras. 

La estación Juancho fue creada entre 1907 y 1908, superando ya los cien años de historia. En aquella época era el punto terminal del ferrocarril, un sitio estratégico no solo para el traslado de personas sino también para transportar materiales destinados a construir las futuras ciudades balnearias. Todo llegaba por tren y desde allí se distribuía hacia la costa atravesando dunas, montes y caminos muy difíciles. 

El nombre “Juancho” tiene varias versiones históricas. Algunas teorías mencionan a un indígena llamado así y otras hablan de un esclavo que luego de lograr su libertad trabajó en la zona como peón de campo.  

Noelia Cisneros, oriunda de Pinamar, junto a su esposo Ezequiel Padrón y toda su familia, decidió recuperar el antiguo boliche histórico del lugar. El edificio tiene alrededor de 130 años y funcionó durante décadas como almacén de ramos generales y punto social de la zona rural. Su mejor época coincidió con el funcionamiento pleno del tren y la actividad rural intensa en la región. Con el cierre del ferrocarril, como ocurrió en muchos pueblos bonaerenses, la población comenzó a irse y el lugar quedó prácticamente aislado. 

El boliche pasó por varias familias y distintos propietarios. Los últimos dueños estuvieron hasta aproximadamente 2023-2024. Luego permaneció cerrado cerca de dos años hasta que esta familia decidió restaurarlo. La recuperación implicó muchísimo trabajo: reconstrucción de techos, paredes, revisión estructural y acondicionamiento para hacerlo seguro sin perder la estética histórica original. La obra se realizó casi íntegramente de forma familiar y artesanal. 

El emprendimiento tiene una fuerte impronta familiar. Participan hermanos, cuñados, suegra, madre, hijos y vecinos de la zona. La familia de Ezequiel tiene una larga tradición gastronómica en Pinamar. Cada integrante cumple un rol: cocina, parrilla, atención, elaboración de dulces, pastas y embutidos caseros. Incluso los hijos pequeños colaboran jugando y ayudando en tareas simples. 

Actualmente el boliche funciona como un espacio gastronómico y social. Abre todos los días, de lunes a viernes ofrecen picadas, tragos y comidas simples, mientras que los fines de semana se enciende el asador y se transforma en una experiencia más campera y tradicional.  

El lugar conserva el espíritu clásico del “boliche de campo”: mesas de truco, guitarreadas y encuentros sociales. Los trabajadores rurales de la zona siguen reuniéndose allí después de la jornada laboral, manteniendo viva una costumbre histórica de los almacenes de campo bonaerenses. 

Los fines de semana suelen organizarse encuentros espontáneos con música folklórica, baile y guitarreadas. Muchas veces los propios visitantes llevan guitarras o se generan peñas improvisadas. También participan agrupaciones folklóricas y bailarines. 

La difusión del lugar se realiza principalmente a través de redes sociales, especialmente Instagram y Facebook bajo el nombre “Boliche de Juancho”. Esto resulta fundamental porque no es un sitio de paso: quienes van deben decidir viajar específicamente hasta allí. 

La ubicación del boliche es muy particular. Está rodeado prácticamente solo de campo, estancias y algunos puestos rurales. No existe un núcleo urbano consolidado alrededor. Frente a la estación funciona una escuela rural y muy cerca se encuentra el museo ferroviario de Juancho, que conserva objetos históricos relacionados con el ferrocarril y la fundación de la región. A pocos metros de la estación de tren se conserva todavía la mesa giratoria, un dispositivo para girar las locomotoras, para que puedan retroceder en la dirección de donde vinieron. Es una de las tres que todavía se conservan en el país. 

Otro dato histórico de la zona es que antiguamente existió una pequeña trocha angosta que conectaba Juancho con la costa, incluyendo una estación llamada “Tokio”, bautizada así porque muchos de los primeros visitantes de la zona eran japoneses. Hoy prácticamente no quedan rastros materiales de ese sistema ferroviario.  

El camino principal para llegar al “Boliche de Juancho” se realiza desde la Ruta 11, cerca del acceso a Cariló. Sin embargo, los caminos son rurales y cuando llueve mucho pueden complicarse, ya que siguen siendo caminos de tierra. 

La experiencia que propone el boliche apunta a la desconexión total: naturaleza, tranquilidad, historia ferroviaria, gastronomía criolla y encuentros sociales en un ambiente relajado y auténticamente rural. La propuesta fue muy bien recibida por habitantes de toda la región y por turistas que buscan experiencias diferentes alejadas del movimiento habitual de la costa atlántica. 

Temas de esta nota