POSTALES DE PROVINCIA
Un mágico viaje a los juegos de la infancia
En el partido de San Isidro existe un lugar que permite a sus visitantes reencontrarse con los más lindos recuerdos de la infancia: el Museo del Juguete. Está ubicado en Boulogne, a unos 11 kilómetros del límite con CABA, dentro del Parque Arenaza y funciona de miércoles a domingo con entrada gratuita (solo se paga un bono voluntario). Depende de la Subsecretaría de Cultura local y desarrolla diversas líneas de trabajo centradas en el valor cultural del juego.
Cuenta con una colección de juguetes de distintas épocas, incluyendo actuales, lo que permite mostrar que el patrimonio lúdico es dinámico y sigue vigente. Además, no solo conserva objetos, sino que promueve el juego como patrimonio inmaterial, incentivando a personas de todas las edades a participar activamente mediante juegos en salas, talleres y actividades en el parque.
El museo funciona en un edificio que antiguamente fue un hogar de niños (desde 1942 hasta principios de los 2000). En un principio era dirigido por la Iglesia Santa Rita y solo recibía a niñas, y posteriormente, con el cambio de legislación pasó a albergar grupos de hermanos. Esta historia es recuperada a través de proyectos comunitarios que vinculan a exresidentes con nuevas generaciones. El espacio se destaca por generar experiencias significativas, donde familias, abuelos, niños y adultos comparten el juego, reforzando su valor social, cultural y emocional.
Gabriela Santagostino es la Coordinadora de Educación del Museo del Juguete y habla de la problemática del uso en forma excesiva de teléfonos celulares o computadoras por parte de niños y jóvenes: "Vemos familias muy preocupadas por el tema, por eso nosotros tenemos un rol muy importante en poder invitarlos a jugar y no sólo a los chicos, también a los grandes."
"Entonces creemos que cuando hay una invitación, cuando hay una propuesta, cuando hay un juego, la gente juega, quizás el celular aparece cuando hay un poco de aburrimiento, cuando uno no sabe qué hacer, así que poco también nuestro trabajo es estar siempre presentes invitando a jugar.”
En cuanto a la historia del juguete en Argentina, el museo investiga y difunde su evolución. A comienzos del siglo XX, los juguetes eran mayormente importados y costosos, accesibles solo para algunos sectores. La producción nacional era principalmente artesanal (cartón, cartapesta, hojalata) y se centraba en objetos como triciclos o juegos de mesa. Con el tiempo, el desarrollo industrial impulsó la producción local.
"En un principio se jugaba con lo que había en la calle o con lo que se encontraba, sin juguetes o con elementos simples como una pelota. Después el mercado fue ampliando la oferta hasta que hoy en día los niños están frente a una infinidad de opciones.” Un momento clave fue durante el peronismo, cuando la Fundación Eva Perón distribuyó millones de juguetes, lo que fortaleció la industria. A lo largo del siglo, el sector atravesó altibajos según el contexto económico; en la actualidad enfrenta dificultades por las importaciones, aunque también crece un circuito de productores independientes con propuestas más artesanales y nuevas miradas sobre la infancia.
El museo presenta su exposición permanente organizada en núcleos temáticos con pares opuestos: “jugar con nada/jugar con todo” ( allí se muestran juegos tradicionales donde no es necesario la presencia de juguetes, y también baleros, bolitas, yo-yos y otros similares ). La segunda sala se llama “construir /destruir" y ahí hay juguetes de construcción, como bloques de todo tipo, de madera, de plástico, cubos, rompecabezas y en oposición están los juguetes bélicos como soldaditos y armas de juguete.
Otra sala es “trabajar/descansar” donde se muestran juguetes que remiten al mundo del trabajo de los adultos y por otro lado consolas de videojuegos de varias épocas. Finalmente hay una cuarta sala bajo el lema “el universo en mi casa” donde se pueden apreciar desde rodados hasta muñecas, juegos de mesa y hasta un cohete.
Además, el museo rescata marcas y objetos históricos del país, presentando además muestras temporarias sobre distintas temáticas, como la historia del juguete en la Argentina o los autitos de colección. Algunas marcas del rubro en nuestro país se han sabido reinventar y sobrevivir a las distintas crisis y cambios de costumbres.
Rasti, por ejemplo, es una empresa que cuando abrió fue muy famosa en los años cincuenta y sesenta, después se fundió en la dictadura y volvió a abrir a principios del 2000. Hoy es una empresa que tiene muchas líneas de juguetes en el mercado, incluso tienen una línea robótica y también mantienen una función educativa desde sus inicios, ahora reemplazando aquellos viejos ladrillos por bloques imantados que invitan a crear estructuras usando la imaginación.
Duravit fue una línea de juguetes muy famosa cuando surgieron esos autos irrompibles en los años 50. Don Ricardo Alberto Macchiavello inició en Lanús la fabricación de autos, camiones y camionetas a escala hechos de caucho vulcanizado. Eran tan resistentes que hasta tenían secciones en la televisión invitando a los chicos a romperlos, tarea que era casi imposible. En la actualidad, la tercera generación de la familia continúa adelante con la fábrica, aunque con nuevos modelos confeccionados en plástico.
Entre cientos de historias, Gabriela rescata una bastante curiosa y que tiene como protagonista a una empresa conocida por otro tipo de productos: Matarazzo. “En los años treinta ya era una familia de productores de harina y fideos. Un hijo trabajaba en Brasil, se vino a la Argentina y comenzó a producir juguetes de hojalata con impresiones en litografía, con dibujos arriba.
Fue una marca muy importante porque producían autitos a cuerda, trenes, trompos, aviones, tenían mucha variedad de juguetes y se convirtió en muy popular durante dos décadas. En los años cincuenta y llega el plástico al país, Matarazzo no actualiza su línea de producción y se pasa a hacer fideos como el resto de su familia. A partir de allí los juguetes que quedan se convierten en objetos de colección. De hecho los coleccionistas buscan en el dorso de los juguetes los restos de impresión de las latas de comida porque se usaba la misma hojalata para hacer esos juguetes.”
Para conocer las actividades del museo se puede acceder a traves del Instagram @sanisidrocultura.
Gabriela resume en pocas palabras el significado que el museo le da a los juguetes: "El juguete es un objeto cultural que está cargado por muchos significados que a veces son contradictorios. Como ejemplo, los soldaditos son un objeto de colección, es un objeto que antes era el plomo y que se usaba para pensar las estrategias militares y después se usó para jugar . Puede ser un símbolo de la violencia de la guerra, pero también del juego, tiene un montón de sentidos que son contradictorios pero que son muy importantes en la cultura.”