POSTALES DE PROVINCIA
Cuevas, bandidos rurales y el loco de las latas
Hay lugares que, aunque pequeños en población y alejados de los grandes circuitos turísticos, guardan una enorme cantidad de historias. San Manuel, en el partido de Lobería, es uno de ellos. Sus aproximadamente 1.232 habitantes, según el Censo 2022, viven en un entorno serrano que combina naturaleza, tradiciones, personajes, leyendas y recuerdos que forman parte de la identidad de la localidad.
Llegar a San Manuel también significa atravesar parte de esa historia. Desde la Ruta Provincial 227 que une Necochea con el cruce de la ruta 226 hay que tomar un desvío para recorrer algunos kilómetros hasta alcanzar el pueblo. El camino presenta buena transitabilidad y permite disfrutar de un paisaje serrano que constituye, por sí mismo, una de las primeras atracciones del viaje.
Una de las primeras referencias aparece antes de llegar al pueblo: La Alianza, justo en el desvó para llegar al pueblo. El lugar tiene una historia que se remonta a 1884, cuando comenzó a funcionar una primitiva casa comercial. En aquellos tiempos, los pocos habitantes de la zona encontraban allí elementos necesarios para la vida cotidiana: azúcar, productos para el recado y otras provisiones. Con los años, aquel establecimiento se convirtió primero en pulpería y luego en almacén durante muchas décadas hasta que cerró finalmente en 2020. Allí se filmaron escenas de una conocida película nacional, protagonizada, entre otros, por Héctor Alterio, Ricardo Darín y Cecilia Roth: “Kamchatka”. La producción fue seleccionada para representar a la Argentina en la categoría de Mejor Película Extranjera y tuvo su estreno el 17 de octubre de 2002.
El camino desde allí hacia San Manuel ofrece también otra historia vinculada con una personalidad reconocida: Nicolás García Uriburu, artista plástico y arquitecto. El pintor tuvo un campo en la zona y visitaba habitualmente el lugar. Los vecinos conservaron recuerdos de esas visitas, que hoy forman parte de la memoria local.Su nombre aparece asociado además con distintas intervenciones artísticas relacionadas con el medio ambiente y con el agua. Entre las referencias mencionadas se encuentra su intervención en el Canal de Venecia en 1968 y otras acciones posteriores.
Tras recorrer unos 16 kilómetros se accede a San Manuel cruzando las vías del ferrocarril. La estación ferroviaria fue habilitada el 25 de marzo de 1929 y alrededor de ella comenzó a desarrollarse el pequeño poblado. La creación oficial del pueblo se produjo años después, mediante un decreto fechado el 21 de diciembre de 1943.
El nombre de San Manuel tiene antecedentes todavía más antiguos. Se relaciona con una pulpería perteneciente a Don Manuel Vizard, quien se habría instalado en la zona hacia 1870, en el denominado Campo de las Tres Lagunas, perteneciente a Benjamín Subiaurre. El pueblo conserva algunas de las viejas construcciones y la vida de sus habitantes está principalmente relacionada a la actividad agrícola ganadera.
A pocas cuadras del centro se encuentra el Cerro del Toro donde está emplazado el Vía Crucis compuesto por 14 estaciones, que representan distintos momentos de la Pasión de Cristo. En lo alto del cerro se encuentran una cruz y una imagen de Cristo que mira hacia el pueblo. La obra está estrechamente relacionada con la figura del sacerdote Julio Meluchi, quien llegó a San Manuel en 1960 y permaneció durante muchos años al frente de la parroquia.Meluchi fue mucho más que un sacerdote para la comunidad, fue uno de los grandes impulsores del desarrollo loca, trabajó para que los habitantes pudieran contar con servicios indispensables, entre ellos la electricidad y la educación secundaria.
Entre todas las historias de San Manuel hay una que sobresale por su carácter pintoresco y misterioso: la del Loco de las Latas. Su nombre habría sido Nemesio Menéndez, aunque también era conocido como Don Pelai.La historia lo ubica en la zona alrededor de 1939, cuando el poblado todavía era un pequeño caserío que crecía alrededor de la estación ferroviaria.
Noelia Segovia es la responsable del Museo Histórico La Lobería Grande y es la encargada de rescatar el pasado de estos lugares: “Nemesio había nacido en España, en la zona de Vigo, y llegó a la Argentina en 1913. Pasó por el Hotel de Inmigrantes y posteriormente se instaló en Balcarce, donde habría alcanzado una posición económica relativamente importante trabajando como tenedor de libros. Sin embargo, posteriormente eligió una vida completamente diferente y terminó instalándose en San Manuel.
Su apodo surgió de una particularidad de su vestimenta: recogía latas y objetos metálicos y los utilizaba como adornos. Anillos, tuercas, arandelas y otros elementos formaban parte de su singular apariencia.Los habitantes comenzaron a llamarlo el Loco de las Latas y, con el tiempo, terminó convirtiéndose en uno de los personajes más queridos y recordados del pueblo. Dormía debajo de las vías del ferrocarril, en unos pozos ubicados cerca de la entrada del pueblo. Allí construía refugios utilizando palos, cañas, bolsas y otros materiales.Todas las mañanas recorría San Manuel para conseguir alimentos y otros elementos.
Pasaba por la panadería, la carnicería y finalmente por un bar. Los vecinos lo conocían y lo ayudaban. En el bar podía recibir cigarrillos, yerba y, ocasionalmente, un vaso de caña. Aunque llevaba una vida marginal, terminó integrado a la memoria afectiva de la comunidad. Durante la década de 1970 su salud comenzó a deteriorarse. Fue llevado al Hospital de Lobería y posteriormente regresó a San Manuel. Después desapareció, nunca se supo con certeza qué ocurrió con él y nunca fueron encontrados sus restos.
Pero si existe una historia capaz de competir con la del Loco de las Latas, es la de los hermanos Julio y Pedro Barrientos, quienes quedaron incorporados a la historia regional como bandidos rurales.
Según Noelia, la transformación de Julio comenzó a partir de un conflicto amoroso: un amor no correspondido terminó provocando un enfrentamiento con el esposo de la mujer. La pelea tuvo un desenlace fatal y Julio fue condenado por homicidio. A partir de entonces comenzó una vida marcada por la persecución y el enfrentamiento con la justicia. Más tarde se incorporó su hermano Pedro, considerado incluso más bravo que Julio, llegando a convertirse en un verdadero terror para la policía rural y para los habitantes de la campaña.
La geografía serrana les ofreció el escondite perfecto: los hermanos utilizaron inicialmente un refugio ubicado en un cerro conocido como La Cocina, pero posteriormente encontraron un lugar mucho más seguro: la famosa Cueva de los Barrientos, en la Sierra de Ramírez.
La cueva presenta una entrada muy estrecha, para acceder a ella es necesario prácticamente arrastrarse por un espacio reducido hasta llegar a un sector interior que alcanza aproximadamente tres metros de altura. La particularidad que hacía especialmente útil este refugio era que contaba con una entrada y una salida que permitía escapar hacia otro sector. Por eso, cuando la policía conseguía seguirles el rastro, los hermanos podían desaparecer de repente.
El escritor Eduardo Gutiérrez llevó sus aventuras a la literatura en su novela Los Hermanos Barrientos. Décadas después, la figura de los bandidos rurales también quedó asociada a la cultura popular argentina a través de la canción Bandidos Rurales, de León Gieco.
Actualmente la Cueva de los Barrientos puede ser visitada en determinadas ocasiones, pero no es un lugar de acceso libre. A pocos metros del lugar se encuentra una mina de arcilla abandonada que se extiende por 180 metros de largo y 100 metros de ancho, como un laberinto subterráneo. Aquí, la arcilla fue extraída durante siglos, formando un entramado de habitaciones adornadas con estalactitas y estalagmitas que parecen surgir de la misma tierra para tocar el techo de la oscuridad.
Los sectores donde se encuentran estos dos lugares son de propiedad privada y requieren autorización. Por ese motivo, las visitas deben coordinarse con la Dirección de Turismo, que en determinadas oportunidades organiza excursiones acompañadas por guías. Los recorridos permiten conocer la cueva, caminar por los cerros y acercarse a los lugares donde se desarrollaron algunas de las historias más famosas de la zona.
San Manuel también conserva memoria de la historia argentina contemporánea. En la plaza de la localidad se encuentra un monumento dedicado a un hombre nacido y criado en estas tierras, el teniente Carlos Cachón, uno de los pilotos argentinos de la Fuerza Aerea Argentina que combatieron en la Guerra de Malvinas. Su figura está vinculada con una acción contra la flota británica durante el conflicto, siendo integrante de la escuadrilla que provocó el hundimiento del Sir Galahad, el Sir Tristam fuera de combate y graves daños en la fragata Plymouth en lo que se recuerda como el día más negro para la flota británica.
San Manuel es, en definitiva, uno de esos sitios donde la historia no aparece solamente en los libros: está en los caminos, en las sierras, en las viejas construcciones y, fundamentalmente, en la memoria de sus habitantes.