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domingo 05 de febrero de 2023

Anónimos y desterrados

lunes 23 de enero de 2023
Anónimos y desterrados

 

Por Daniel Temperoni

La Real Academia Española define a la empatía como “sentimiento de identificación con algo o alguien” y “capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos”.

Ambas acepciones remiten a la importancia fundamental que esta manifestación individual tiene para el conjunto.

Aplicable a cualquier nivel de la sociedad, lo empático transita desde el sujeto al resto de los congéneres, transmuta, amplifica y en la sociedad termina generando cultura.

Desde este punto de comprensión podría imaginarse que el humor social está asentado en ese manojo de expresiones que van cambiando según el contexto y el devenir de los tiempos.

La gestión buena o mala del Estado también ejerce presión sobre las personas y va modificando los estándares de percepción.

A partir de la referencia inicial de lo que esperamos como mandantes de nuestros mandatarios, gradual y peligrosamente pasamos a aceptar márgenes pésimos de administración y resultados nefastos.

Según pasan los años, la altura de la vara sigue bajando de manera estrepitosa y, lógicamente, el anterior produjo un poco menos de daño que su sucesor.

En esa secuencia histórica se incluyen todos los vaivenes políticos y económicos que atravesamos como individuos y como miembros de la sociedad argentina.

No los podemos evadir ni borrar, aún cuando los efectos de cada momento se perciban de distinto modo y dejen diferentes sensaciones en cada uno de nosotros.

Todos a su turno nos sentimos tocados, averiados o hundidos, sin excepción.

Esto también ha ido produciendo bolsones de desinterés que ensancharon la brecha entre los que reclaman y los que proponen soluciones.

Cualquiera puede ensayar un discurso salvador, similar o en las antípodas del que esté en vigencia, sin temor a que le reprochen lo que hizo en su momento o promueva modelos que ya se mostraron como desastrosos.

Cuando el ruido le gana al diálogo todo se iguala, se imanta, se termina pareciendo y nos envuelve en una nube de confusiones, donde resulta harto difícil diferenciar el bien del mal en términos de beneficios para la población.

Así estamos, saliendo al trajín diario sabedores de que tratarán de convencernos con ideas tan distintas como iguales.

“…para que siga especulando/ con su trabajo, su agua, su aire y su calle/ la gente encantadora... los comediantes/ que poco saben de nada, nada de nadie, y son/ ciudadanos importantes”, al decir de Joan Manuel Serrat.-

@danieltemperoni      

 

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