lunes 23 de febrero de 2026
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POSTALES DE PROVINCIA

Lobería: Capital de Cafeteras

La historia de una de las categorías más populares del automovilismo de la provincia de Buenos Aires
lunes 05 de mayo de 2025

Después del fútbol, sin dudas el automovilismo es el deporte más popular del país. La gloriosa época de las coupecitas que recorrían los caminos polvorientos fueron despertando en los distintos pueblos del interior la pasión por la velocidad y fueron muchos los que empezaron a soñar con que el nombre de su lugar de origen apareciera en el parabrisas de un auto de carrera.

Lejos de la tecnología y los millonarios presupuestos de la actualidad,  empezaron a surgir las peñas donde se mezclaban chacareros, comerciantes, mecánicos y chapistas detrás de algún joven corajudo de buena muñeca que pudiera llevar adelante a una de esas máquinas infernales por circuitos de tierra compactada. Así nacía una categoría que marcó casi dos décadas de esplendor: las "Cafeteras".

Horacio Cherencio es un cirujano de Lobería que junto a dos amigos acaba de presentar el libro "Historia del Automovilismo Zonal Loberense" y además lleva adelante el proyecto del "Museo de la Velocidad". "Esto arranca hace varios años cuando yo empiezo a construir lo que después fue el Centro Cultural Villa Ercilia y en realidad siempre estuvo conmigo. Yo era chico en la época de las cafeteras y tenía vagos recuerdos de eso. Cuando empiezo a construir el centro cultural y empiezan a aparecer piezas del automovilismo, desde un capot de La Laucha, la cafetera de Oscar Pincho Castellano, un capot del Falucho, el auto de su máximo rival, Pepín Eder, yo empiezo a buscar fotos y datos para poder armar el guion del lugar. Y ahí empiezan a aparecer recortes de diarios, los fuimos ordenando y tratando de reconstruir un poco la historia."

"Me empecé a entusiasmar y me junté con Miguel Fernández, un periodista de automovilismo de la ciudad que quería hacer un libro, pero nunca lo arrancaba. Le llevé un montón de recortes y de apuntes que estaba armando y Miguel empezó a trabajar un poco y así fue saliendo hasta que hace como un año paramos porque nos habíamos aburrido los dos. Ahí aparece Osvaldo Sammaroni, que vive en Villa La Angostura, pero es otro loberense que tiene el facebook de La Capital de las Cafeteras y cuando vio lo que estábamos haciendo y se ofreció a ayudar. Ahí comenzó la etapa final y por suerte está terminado."

"El libro en realidad abarca desde el 1900 con el primer auto que llega a Lobería, con la primera carrera que tenemos registrada, en el año veintisiete, después las primeras carreras de Ford T en la preguerra, luego en la post guerra y ya sobre la década del sesenta cuando empieza todo el apogeo del automovilismo zonal con el apogeo de Cafeteras y los comienzos de Mar y Sierra y un poco de otra categoría que había, que era una especie de turismo nacional que se corría con autos estándar, y termina en el año 1974 con el debut del Pincho Castellano en Fórmula 2. Primero porque ya estábamos rondando las trescientas páginas y segundo porque creemos que a partir de ahí empieza Lobería a figurar a nivel nacional en forma permanente. "

 

A diferencia de los otros pueblos, Lobería tenía dos circuitos y eran probablemente los mejores de la zona. Uno era el del Club Independiente, que era un óvalo, y el otro del Club Jorge Newbery, que lleva el nombre de La Virgen del Camino y donde aún se corre. En una reunión en el Club Independiente, uno de sus dirigentes, César Fioramonti, proponer el eslogan “Capital de las Cafeteras”. Lo hablan con la municipalidad, y a partir de ahí lo adoptan y al poco tiempo comienza a realizarse la “Semana de las cafeteras”, con una carrera en cada circuito durante dos domingos consecutivos y distintas actividades, lo que lograban un movimiento de público sumamente importante para la ciudad. A principios de los 70, en una carrera se lograban reunir entre 8000 y 10.000 espectadores. 

La categoría arranca en diciembre de 1973 en Necochea donde se corre la primera carrera pero no en un circuito, sino en las calles de tierra de las afueras. Los que fueron a correr lo hacían con lo que eran los autos de los talleres, que ya tenían de treinta a treinta y cinco años de uso y bastante deteriorados. Eran los autitos de los mandados, los reglamentos contemplaban cambios muy sencillos, creo que mejoraban la carburación, la bomba de nafta, no se los podía desarmar mucho. En la primera carrera participan unos treinta pilotos con lo cual fue un éxito, y al mes siguiente el 5 de enero del 64 se hace la segunda carrera en Lobería y de ahí no para nunca más la categoría, fue avanzando y a los cuatro o cinco años tenía un parque bárbaro y con autos ya especialmente preparados para competiciones.  

 

Una de las características pintorescas de la categoría es que a los autos generalmente se les ponía un nombre, y como en todo pueblo, siempre detrás había alguna historia, aunque de dudosa veracidad.  Al auto de Oscar Castellanos le decían "La Laucha” porque mientras lo estaban construyendo había un roedor que andaba por las cabriadas del galpón y en lugar de matarla decidieron que fuera la mascota del taller. El auto de Sebastián "Pepín" Eder se llamaba “Falucho” porque era el nombre de un perro que vivía en el taller y que dormía arriba del auto. 

"El Chancho” era el auto de Aníbal Domarco y el Bocha Rodíguez porque decían que era más raro que un chancho verde. “La Araña” del piloto Guillermo Raggio, “La Coloradita” del balcarceño Jorge Reymonte, “La Plancha“ de Carlos Caprile de González Cháves, “El Kechun” del necochense Enrique Gallinotti, son algunos de los nombres que marcaron esa época dorada del automovilismo zonal. 

 “El Potro” era el auto del loberense Miguel “Pipón” Ceirano, en realidad  no tenía nombre, pero cuando corre la tercera carrera se cae en un zanjón en Tandil, lo destruye el auto. Lo arreglaron y había quedado imposible de manejar, más difícil de domesticar que un potro, y ya le quedó el nombre. El auto de otro corredor de Lobería, “Kelo” Ermiaga, tenía dos nombres: por un lado, le decían “El Chivo”, porque era un motor Chevrolet, pero también le decían “La Lombriz”, porque lo tenían en un gallinero y cuando llovía brotaban las lombrices del suelo.” 

 Otro de los autos más populares de las categorías zonales era “La Zorra” de Horacio Pando, pero en principio no era por el animal. El doctor Cherencio conoce cada una de esas historias del pueblo más fierrero del sudeste de la provincia: ”Cuando lo estaban construyendo, alguien comentó que parecía una zorra del ferrocarril, que era un vehículo en que se trasladaban los operarios que hacían el mantenimiento de las vías.

Con el tiempo mutó el sentido y hay una anécdota particular: la peña que apoyaba al piloto tenía un zorro embalsamado que lo llevaban a las carreras. Resulta ser que alguien veía que el auto venía rompiendo motores, veía andando mal y fue a ver a un brujo que le dijo que era de mala suerte, que había que quemarlo. Cuando lo propuso en la peña casi lo matan, eso no se tocaba y listo. Fueron a la carrera siguiente, rompieron el motor, volvieron a la noche y dejaron el auto y el zorro embalsamado en el taller donde lo dejaban siempre. Al otro día, en la mañana, el zorro no estaba y nadie supo quién fue.”  

 

Para los loberenses, el piloto de aquellas épocas que llevó el nombre del pueblo a ser conocido en todo el país es sin dudas Oscar “Pincho Castellano” que brilló en el Turismo Carretera. Pero ese automovilisimo zonal también fue escuela para otros corredores que llegaron a la máxima categoría, como Francisco Altuna,Edgardo Lavari, José Malisia, Mariano Calamante, Juan Alberto Occhionero, Oscar Alaux, Juan Antonio De Benedictis, Eduardo Marcos, Hugo Baños, Armando Ciancaglini, los hermanos Finocchio, Oscar Erratchu, entre otros. 

Una anécdota es el claro ejemplo de lo que significaban esos autos para aquellos mecánicos que hacían todo tipo de injertos para lograr un poco más de potencia en los motores. Cuenta Horacio Cherencio: “Dentro del proyecto del Museo de la Velocidad nos propusimos reconstruir el auto de Ceirano, “El Potro”. Casi todos los integrantes de la peña que lo acompañaban están vivos, así que empezaron a venir y de a poco nos dimos cuenta que podíamos rescatar varias piezas para volver a armarlo."

"Pero también nos encontramos con la sorpresa de que el motor tiene dieciseis marcas distintas de repuestos:  el bloque es de Dodge del 36, el cigüeñal es de un Internacional, las bielas son forjadas, las distribuciones de Perkins, no hay dos repuestos del mismo motor. Yo me dije, esto no lo hará arrancar ni Dios, y a los pocos días me mandan una foto y ahí estaba el “Jefe” Juan Jiménez, con sus 92 años, engrasado hasta los ojos. Lo había desarmado completo y junto a sus viejos amigos de las carreras, lo empezaba a volver a la vida.”  

El libro "Historia del Automovilismo Zonal Loberense" fue presentado el 1 de Mayo en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires  y el domingo 3 en el Centro Cultural Filgueiras de Lobería. Se lo puede conseguir a través del Facebook del Centro Cultural Villa Ercilia.