viernes 14 de agosto de 2026
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El hígado no duele, pero habla: qué hay detrás del nuevo “hígado graso”

Los avances científicos recientes han cambiado la manera de entender esta enfermedad y también su nombre.
viernes 14 de agosto de 2026

La frase “tengo hígado graso” se ha utilizado por mucho tiempo para referirse a un hallazgo frecuente (esteatosis) en la ecografía abdominal. Esto indica acumulación de grasa en el hígado.  Los avances científicos recientes han cambiado la manera de entender esta enfermedad y también su nombre.

Hoy hablamos de MASLD, sigla en inglés de Metabolicdysfunction-associatedsteatoticliverdisease, que en español se denomina Enfermedad Hepática Esteatósica Asociada a Disfunción Metabólica.

El cambio no es solamente de nombre. Implica reconocer que, en la mayoría de los casos, la acumulación de grasa en el hígado forma parte de un problema metabólico más amplio, relacionado con el sobrepeso, la obesidad, la diabetes tipo 2, la hipertensión, las alteraciones del colesterol y la resistencia a la insulina.

Una enfermedad extremadamente frecuente

La MASLD es actualmente la enfermedad hepática crónica más frecuente en el mundo. Se estima que afecta aproximadamente a uno de cada tres adultos a nivel global.

La frecuencia aumenta considerablemente entre las personas con alteraciones metabólicas. Alrededor del 65% de quienes tienen diabetes tipo 2 presentan acumulación de grasa en el hígado, y la proporción también es muy elevada entre quienes tienen sobrepeso u obesidad.

Además, la enfermedad hepática relacionada con la disfunción metabólica es mucho más frecuente que la enfermedad hepática atribuible principalmente al consumo de alcohol.

Esto no significa que alcohol y metabolismo sean dos mundos separados. Una persona puede tener obesidad, diabetes o resistencia a la insulina y, al mismo tiempo, consumir alcohol en cantidades suficientes como para contribuir al daño hepático. Por eso, la clasificación actual intenta contemplar los distintos factores que pueden participar en la enfermedad.

De la grasa a la inflamación y la fibrosis

Tener grasa acumulada en el hígado no significa necesariamente que exista un daño hepático avanzado. Pero en algunas personas esa acumulación puede progresar.

Cuando la grasa se acompaña de inflamación y lesión de las células hepáticas hablamos de MASH, Metabolicdysfunction-associatedsteatohepatitis, o Esteatohepatitis Asociada a Disfunción Metabólica.

Si la inflamación persiste durante años, puede aparecer fibrosis, es decir, formación progresiva de tejido cicatricial dentro del hígado. En sus etapas más avanzadas puede conducir a cirrosis y aumentar el riesgo de complicaciones graves.

Lo más preocupante es que todo este proceso puede desarrollarse sin síntomas.

El hígado tiene una característica particular: puede estar sufriendo un daño importante sin producir dolor. Por eso, la ausencia de molestias no significa necesariamente que el órgano esté sano.

¿Por qué se acumula grasa en el hígado?

Uno de los principales motores de la MASLD es la resistencia a la insulina, que suele formar parte de un contexto de exceso de peso, alimentación poco saludable y sedentarismo.

Cuando existe resistencia a la insulina, aumenta el flujo de ácidos grasos hacia el hígado y también puede aumentar la producción de grasa dentro del propio órgano.

Con el tiempo, este exceso de grasa puede favorecer inflamación, lesión celular y fibrosis.

Por eso, cuando encontramos un hígado graso, no deberíamos mirar solamente al hígado: también es necesario evaluar el estado metabólico general de la persona.

La buena noticia: se puede intervenir

El diagnóstico de MASLD no significa que el daño sea irreversible.

El cambio del estilo de vida continúa siendo la herramienta fundamental. Una reducción de aproximadamente entre el 7% y el 10% del peso corporal puede producir una mejoría importante de la enfermedad y, en algunos pacientes, permitir la regresión de la inflamación y de parte de la fibrosis.

El ejercicio también tiene un efecto beneficioso independientemente de la pérdida de peso. Combinar actividad aeróbica y ejercicios de fuerza puede mejorar la sensibilidad a la insulina y reducir la grasa hepática.

Y existen novedades importantes en el tratamiento farmacológico. En los últimos años se desarrollaron terapias específicas para determinados pacientes con formas más avanzadas de la enfermedad. Entre ellas se encuentra resmetirom (no aprobado ni disponible en Argentina), utilizado para determinados casos de MASH con fibrosis significativa. También se están estudiando intensamente fármacos utilizados para el tratamiento de la obesidad y la diabetes, como semaglutide (agonista del receptor GLP-1), por su impacto sobre el metabolismo y la enfermedad hepática.

La disponibilidad y las indicaciones de estos tratamientos varían según el país y el perfil de cada paciente.

¿Qué podemos hacer para cuidar el hígado?

La prevención comienza mucho antes de que aparezcan síntomas.

Las personas con diabetes tipo 2, sobrepeso u obesidad, hipertensión, alteraciones del colesterol u otros factores de riesgo deberían conversar con su médico sobre la posibilidad de tener MASLD.

Actualmente existen herramientas sencillas, basadas en análisis de laboratorio y datos clínicos, que permiten estimar el riesgo de fibrosis y decidir si son necesarios estudios adicionales. En muchos casos, no es necesario realizar una biopsia hepática para comenzar la evaluación.

También es importante reducir el consumo de alimentos ultraprocesados y azúcares simples, mantener actividad física regular y controlar adecuadamente el peso, la glucemia, la presión arterial y el colesterol.

Si existe enfermedad hepática significativa, el alcohol puede contribuir a aumentar el daño y la recomendación médica puede ser la abstinencia completa.

La vacunación contra hepatitis A y B también forma parte de la protección integral del hígado cuando está indicada.

El cambio de “hígado graso” (esteatosis) a MASLD no es simplemente una cuestión de terminología. Es un cambio en la manera de entender la enfermedad.

El hígado puede ser el lugar donde primero se hace visible un problema que afecta a todo el metabolismo.

Por eso, cuidar el hígado también significa cuidar el corazón, los vasos sanguíneos y la salud metabólica en general.

El hígado trabaja en silencio y tiene una enorme capacidad de recuperación. Pero para poder actuar a tiempo hay que escucharlo, incluso cuando todavía no duele.

El hígado no duele, pero habla. Aprender a escucharlo puede permitirnos prevenir una enfermedad mucho más grave.

 

Por el Dr. Ariel Cherro
Instragram: @arielcherro