lunes 07 de septiembre de 2026
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Menos alimentos, más deuda y trabajos precarios: cómo impacta la crisis económica en las mujeres

Un informe de MuMaLá e ISEPCi reveló que el 90% de las mujeres y personas LGBTTINB+ ajustó sus consumos, el 63% está endeudado y el 42% de los hogares tuvo que saltearse alguna comida. Marina Mieres, coordinadora de MuMaLá Mar del Plata, analizó en diálogo con Infobrisas.com el impacto local.
lunes 07 de septiembre de 2026

Durante junio de 2026, el Observatorio “Mujeres, Disidencias, Derechos” de MuMaLá y el Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana (ISEPCi) realizaron en todo el país una encuesta para medir cómo impacta la situación económica en mujeres y personas LGBTTINB+.

El relevamiento arrojó datos preocupantes: el 90% tuvo que ajustar sus consumos, el 88% aseguró que puede comprar menos o mucho menos y el 63% reconoció estar endeudado.

La investigación buscó analizar cómo las desigualdades económicas afectan de manera particular a mujeres y diversidades, en un contexto de pérdida del poder adquisitivo, desempleo y precarización laboral.

En Mar del Plata, Marina Mieres, coordinadora de MuMaLá, analizó los resultados en diálogo con Infobrisas y advirtió sobre situaciones que también se repiten a nivel local: mujeres que se saltean comidas para priorizar a sus hijos, familias endeudadas para comprar alimentos y una creciente multiplicación de trabajos precarios para intentar sostener los ingresos.

Qué es lo primero que se deja de comprar

La indumentaria aparece como el primer rubro que las personas recortan frente a la pérdida de poder adquisitivo: el 69% de las encuestadas manifestó haber reducido ese gasto.

Sin embargo, el ajuste ya avanzó sobre necesidades básicas. El 52% redujo la compra de alimentos, el 27% la adquisición de medicamentos y el 19% tuvo dificultades incluso para afrontar servicios básicos como luz, agua y gas.

Mieres explicó que, si bien la muestra local fue menor a 100 casos y no permite establecer estadísticas representativas de toda Mar del Plata, las entrevistas realizadas muestran situaciones similares.

La mayoría de las mujeres consultadas en la ciudad tenía alrededor de 50 años o más, estaba a cargo de sus familias y sostenía múltiples tareas de cuidado.

“Muchas se saltearon la cena o el almuerzo para poder llegar a fin de mes y no llegaron a cubrir necesidades básicas como la compra diaria de alimentos”, señaló.

El informe nacional también revela que el problema no se limita a cuánto se compra, sino a la capacidad general para sostener los gastos del hogar. El 20% indicó que sus ingresos nunca alcanzan para cubrir las necesidades básicas y otro 49% afirmó que solo logra hacerlo algunas veces.

Cuando la comida no alcanza: quién deja de comer primero

Uno de los datos más preocupantes del relevamiento indica que el 42% de las personas consultadas aseguró que, en su hogar, algún integrante de la familia tuvo que eliminar una comida por falta de recursos económicos.

Consultada sobre quién termina resignando primero su alimentación dentro de las familias, Mieres fue contundente: son mayoritariamente las mujeres.

“Son las mujeres las que se están salteando comidas, ya sea la cena o el almuerzo, para poder darle una mayor cantidad al resto de su familia, pero principalmente a sus hijos”, explicó.

La situación expone una de las características de la desigualdad económica atravesada por cuestiones de género: quienes suelen asumir la organización y el sostenimiento cotidiano del hogar también son quienes resignan parte de sus propias necesidades cuando los recursos no alcanzan.

Menos carne y una alimentación de menor calidad

El deterioro también se refleja directamente en la alimentación. El 87% de las personas encuestadas modificó su consumo de alimentos debido a la situación económica.

Dentro de ese universo, el 65% redujo tanto la calidad como la cantidad de lo que come. Además, el 65% dejó de comprar carne, el 35% redujo los lácteos y el 29% las frutas y verduras.

Para Mieres, el fenómeno no implica solamente reemplazar productos caros por alternativas más económicas. La consecuencia, advirtió, puede ser un deterioro sostenido en la calidad de vida de las familias.

“La falta de nutrientes y la malnutrición pueden traer consecuencias importantes, entre ellas la obesidad infantil”, señaló.

Endeudarse para comer, pagar medicamentos o servicios

El informe también revela que el 63% de las encuestadas se encuentra endeudado con una o más fuentes. La deuda, según explicó Mieres, dejó de estar vinculada principalmente al acceso a bienes de consumo para convertirse en una herramienta de supervivencia cotidiana.

“Ese 63% está endeudado principalmente para cubrir la compra de alimentos”, afirmó.

A eso se suman los elevados costos de los medicamentos y los servicios básicos. En algunos hogares, incluso, deben recurrir a la compra de garrafas durante el invierno.

Las billeteras virtuales aparecen como otro recurso cada vez más utilizado para obtener préstamos rápidos. Sin embargo, Mieres advirtió que muchas personas toman un crédito para pagar otra deuda y terminan enfrentando tasas de interés muy elevadas.

Dos o tres trabajos para intentar llegar a fin de mes

El informe indica que casi tres de cada diez mujeres consultadas tienen dos o más trabajos remunerados, mientras que el 25% aseguró haber perdido su empleo o su principal fuente de ingresos durante los últimos seis meses.

En Mar del Plata, las alternativas que aparecen como “salvavidas” económicos suelen estar vinculadas a actividades precarias y de corta duración.

Mieres mencionó changas de cobertura de francos en comercios, ventas de productos usados, emprendimientos como uñas esculpidas y tareas vinculadas a sitios de apuestas digitales.

“Las mujeres y disidencias a veces tienen hasta una triple carga horaria: son jefas de hogar, trabajan en condiciones precarizadas, vuelven a sus casas para cuidar a niños, personas con discapacidad y adultos mayores y, al mismo tiempo, tienen que buscar otra changa”, explicó.

Desempleo y deuda: las principales preocupaciones en los barrios

La situación adquiere una dimensión particular en Mar del Plata, donde la desocupación alcanzó el 9,3% durante el primer trimestre de 2026.

Para MuMaLá, el deterioro del mercado laboral impacta directamente sobre las estrategias de supervivencia de las familias y profundiza dos problemas centrales: la falta de trabajo y el endeudamiento.

“Cuando el Estado retrocede, aparece el narco para cubrir esos baches, sea para darte trabajo o para darte un préstamo, y esto trae más violencia en los barrios”, advirtió Mieres.

¿Qué se recuperaría primero si mejorara la economía?

Ante una eventual recuperación del poder adquisitivo, Mieres consideró que las prioridades no estarían puestas inicialmente en el consumo recreativo.

“Lo primero que haría una mujer si mejorara la situación económica sería saldar sus deudas”, sostuvo.

Luego aparecería una segunda necesidad inmediata: mejorar la calidad y la cantidad de los alimentos que se consumen diariamente.

Detrás de los porcentajes, el diagnóstico deja una imagen concreta: frente a cada ajuste del presupuesto familiar, muchas veces son las mujeres quienes resignan primero sus propios consumos, multiplican sus horas de trabajo y asumen la tarea de hacer rendir recursos cada vez más escasos.