POSTALES DE PROVINCIA
Florencio Molina Campos: el pintor de los almanaques
Los artistas populares logran que su obra trascienda al tiempo y las clases sociales. Es algo muy común entre los músicos o los actores, pero no tan común en otras disciplinas. Sin embargo, un argentino logró hace muchas décadas, que su obra fuera exhibida en las paredes de grandes mansiones de la aristocracia porteña pero también en humildes ranchos de la extensa llanura pampeana. Su estilo inconfundible pintó el paisaje bonaerense y sus habitantes como nadie. Ese hombre fue Florencio Molina Campos.
Nació un 21 de agosto de 1891 en Buenos Aires. Su familia poseía varios campos, y Florencio alternaba su vida en viajes entre el campo y la ciudad. En la década del 30 eligió la localidad de Moreno, en el conurbano bonaerense, para levantar su propio rancho cerca del río Reconquista y allí desarrolló gran parte de su obra.
Hoy, sobre la calle que lleva su nombre, se encuentra el Museo donde se exhibe gran parte de su obra y muchos de sus objetos personales. Elizabeth Fernández es la directora y habla con orgullo de este lugar. “Estuvo bastante tiempo cerrado y el 4 de junio reabrió puertas después de una ardua labor con apoyo del municipio con la que se pudo restaurar el lugar y traer de nuevo la obra al espacio porque estaba toda en San Antonio de Areco.
Estamos recibiendo escuelas todos los días, los fines de semana tenemos propuestas culturales, así que es un punto de encuentro de toda la familia y mucha gente grande que lo visitó en otros tiempos puede volver a ingresar y disfrutar de la muestra que hace un recorrido por las obras de Molina Campos desde su infancia hasta la última obra que quedó inconclusa, que es “El boliche del Ombú”.
No muy lejos de allí se encuentra el Rancho “Los Estribos”, donde vivió el pintor junto a “Elvirita” Ponce Aguirre, su segunda esposa, y donde se recibió a visitantes ilustres como Niní Marshall, el escritor Horacio Quiroga, un jóven John F. Kennedy y hasta el mismísimo Walt Disney.
“El rancho está en proceso de restauración, también había sido usurpado y en breve también se va a poder visitar porque se está haciendo un trabajo muy fuerte desde la gestión para ponerlo en condiciones. Es el lugar donde él pintaba, donde él hizo gran parte de su obra. Molina Campos y su esposa tenían tanto arraigo con el lugar que llevaban a todos sus viajes una lata con un poco de tierra del rancho para no extrañar tanto, según decían.”
Desde muy chico su relación con el campo fue su fuente de inspiración para su pintura. “Hay dibujos que datan de cuando él tenía once doce años donde ya está retratados los gauchos, todo lo que es el trabajo rural. Molina Campos pasada sus vacaciones en el campo y siempre le llamó la atención la forma de vida en los espacios rurales y los pintaba con mucho detalle, si visitan el museo estos primeros dibujos muestran mucha precisión para su edad.”
Sus pinturas se caracterizan por un estilo caricaturesco y detallista. “Es digno de observarse que la gente en el campo tiene los rasgos un poco más pronunciados por el trabajo con la tierra, el sol, esos rostros colorados, las manos grandes, él los ponía un poco exagerados pero ilustra bastante bien las características del hombre de campo.”
Hay cuadros que son al óleo, más que nada los que retratan paisajes, pero después la técnica favorita era la témpera al agua. La mayoría de sus ilustraciones están hechas con esa técnica prestando también mucha importancia a lo que es la dimensión del dibujo, los cielos ocupan como un lugar muy importante en cada uno de sus cuadros.
La directora del museo habla de su admiración por la obra. “Es impresionante cómo logró ser tan detallista en cada una de las costumbres del gaucho argentino. Incluso hay imágenes donde podés ver el lorito, el perro esperando que se caiga un hueso para comer, la gente sentada en los cajones en una fiesta, el hornito de barro, cada uno de esos detalles que quienes conocemos la vida en el campo sabemos que es así y que cada uno de esos detalles nos remite a la infancia cuando iba a visitar a los abuelos y ver todas esas cosas.”
En el año 1937, tras obtener una beca de la Comisión Nacional de Cultura, viaja a Estados Unidos. En 1942, y hasta mediados de los años cincuenta, es contratado como asesor técnico de los estudios de Walt Disney para colaborar en los rodajes de "El gaucho volador", "Goofy se hace gaucho", "Saludos, amigos", "El gaucho reidor" y "Los tres amigos". También colaboró en la realización de la película animada "Bambi", de 1942, donde se dice que el estilo de los animales y los árboles están inspirados en el bosque de arrayanes de la Isla Victoria en el lago Nahuel Huapi.
Fueron épocas gloriosas para el artistas, donde llegó a codearse con figuras como Fred Astaire o Rita Hayworth, pero su respeto por sus compatriotas del campo argentino hizo que no estuviera de acuerdo con la visión que se daba a través de los dibujos animados. “Había muchas diferencias con respecto a la imagen del gaucho, se lo mezclaba mucho con el cowboy norteamericano, algo que Molina Campos no aceptó y decidió rescindir el contrato. Fue un avanzado para su tiempo y tuvo mucho valor porque podría haber significado también el fin de su carrera, de su proyección artística, y sin embargo él optó por ser fiel a sus principios.”
Su obra era valorada y un cuadro de Molina Campos en su momento tenía un valor para los coleccionistas, pero lo que logra mayor difusión es el contrato que él tuvo con la empresa Alpargatas porque es donde gana popularidad y realmente donde puede llegar a todas las casas porque durante décadas, los comercios obsequiaban a sus clientes almanaques y sus pinturas se convirtieron en un clásico.
Desde 1931 hasta 1936, el pintor realiza doce obras originales que recrean escenas camperas con un toque humorístico. La mayoría relata la historia de Tiléforo Areco, personaje inspirado en el capataz de la estancia paterna Los Ángeles. En 1940, de regreso de su viaje por Estados Unidos, y hasta 1945, Florencio vuelve a ilustrar los almanaques que aún hoy siguen siendo un objeto de culto.
Como expresa Elizabeth Fernández, por suerte casi toda su obra se conserva intacta. “En el Museo tenemos 132 pero después está la colección de Alpargatas que se encuentra en el Museo de San Antonio de Areco, creo que esas son cerca de 70 o más obras y después hay colecciones privadas. Entre nuestros proyectos como museo está llevar muestras a distintos puntos de país para aquella gente que no puede acercarse a visitarnos y porque también hay mucha obra para exponer.”
Florencio Molina Campos falleció un 16 de noviembre de 1959, pero sus gauchos, sus chinas y sus caballos son inmortales. Escribió Ruy de Solana en la revista Rico Tipo en 1948: “Hasta el advenimiento de Molina Campos, los almanaques constituían un sinónimo elemental de lo barato y despreciable. Pero desde que este artista empezó a difundir sus trabajos por ese medio humilde y anual, los almanaques se convirtieron en la pinacoteca de los pobres.”
El Museo se puede visitar de martes a viernes en el horario de 09:00 a 15:00 y sábados y domingos de 13:00 a 18:00 en Molina Campos 364, ciudad de Moreno.