POSTALES DE PROVINCIA
Egaña: un castillo de 77 habitaciones que se resiste a morir
Egaña es un pequeño poblado del partido de Rauch, nacido con la llegada del ferrocarril un 1 de agosto de 1891. Andrés Egaña, un acaudalado estanciero de la zona, fue quien cedió el terreno en donde se edificó la estación. Llegó a tener un importante movimiento comercial hasta mediados del siglo XX. Lindante a ella se ubicaba la estancia "El Carmen", propiedad del rico estanciero Eustoquio Díaz Velez, hijo del general que participó de la revolución de Mayo.
Cuando los trenes de pasajeros dejaron de pasar por el ramal que llega hasta Tandil, mucha gente que trabajaba con el movimiento de mercaderías que generaba el ferrocarril y luego no conseguían trabajo en los alrededores, en los campos, tuvo que irse.
Rosa Salvatierra es administradora de empresas agrarias, nació en General Pinedo ( Chaco ) y llegó al lugar por amor. Instalada en Egaña con su esposo, forman parte de una comisión de vecinos que luchan por devolverle al lugar el esplendor que supo tener.
“Hoy hay viviendo en el lugar aproximadamente cuarenta personas. Somos como una familia. El pueblo tiene dos cuadras de viviendas de un lado, o sea, enfrente de la vía. Está la estación, la capilla enfrente que se inauguró hace muy poco y el club en esa misma línea. Después cruzamos la calle y tenemos el viejo almacén y ahí siguen las viviendas hasta lo que fue la Cooperativa Eléctrica de Egaña. Y ahí un poquito más, dos o tres viviendas más.”
El viejo almacén funciona los miércoles, generalmente para cortar la semana, hacen una peña y por ahí abren algunos días como bar porque es lo único que tiene habilitado. Hay un club social y deportivo que cumple la función de ser el lugar de encuentro. También tiene un equipo que participa de un campeonato senior de fútbol. Está la Escuela Primaria Nº 14 y el Jardín de Infantes 904 con una matrícula de diez alumnos en primaria y seis en jardín que reciben a los niños de la gente que viene a trabajar a los tambos y los campos de la zona. En el edificio de la estación funciona la sala de primeros auxilios. Para todo lo demás hay que recorrer los 25 kilómetros que separan al pueblo de la ciudad de Rauch.
En Estación Egaña hay un imponente edificio que guarda una historia llena de misterios y signado por la tragedia. Es el antigüo casco de la Estancia San Francisco, símbolo de una época de esplendor aristocrático, que sin embargo nunca pudo ser disfrutado por sus propietarios.
El castillo fue construído por Eugenio Díaz Vélez, que era hijo del general Eustoquio. El era arquitecto, y el edificio se hizo entre los años 1918 y 1930. No llegó a inaugurarse porque Eugenio se sintió mal y se fue a Buenos Aires a hacerse unos estudios de rutina.
Se iba a hacer la inauguración, habían preparado toda la cena y estaban presentes sus allegados, sus amigos, toda la gente de la época que estaban en la misma escala social. Y hubo que suspender la fiesta porque Eugenio fallecido horas antes. Murió el 20 de mayo de 1930 en Buenos Aires, en su residencia de la calle Montes de Oca, al lado del Hospital de Niños.
“Estaba todo listo para la fiesta cuando un allegado trajo la infausta noticia. Entonces cerraron la casona, se fueron los familiares y los amigos en tren hacia Buenos Aires y dejaron todo cerrado. Esto permaneció así casi por treinta años. Hay una persona que me ha dicho que él vio que cuando abren de vuelta el castillo, se desprendían las puntillas de los manteles por efecto del oxígeno que volvió a ingresar al lugar del comedor. Había quedado la vajilla, los muebles, todo dispuesto para el banquete y así permaneció durante treinta años.”
Tenía 77 habitaciones, 14 baños, 2 cocinas, galerías, patios, taller de carpintería, terraza, mirador y balcones. El edificio estaba dividido en tres plantas. Está aproximadamente a 2000 metros de la estación. No está visible desde el camino, porque está rodeado por un bosque que en teoría se pensó para resguardarlo de los vientos, aunque algunos sostienen otra teoría. Parece que Andres Egaña y Eugenio Díaz Vélez no se llevaban muy bien, entonces plantaron un bosque para no verse y que no vean los avances que hacían uno y otro.
En 1958, durante la gobernación de Oscar Alende, la estancia San Francisco fue expropiada y tomó posesión el Ministerio de Asuntos Agrarios. Allí se decide rematar toda la vajilla y todo lo que había ahí dentro porque nadie reclamó ni se hizo cargo de nada. En realidad, el castillo fue heredado por María Eugenia Díaz Vélez, la hija de Eugenio, pero ella nunca hizo más nada. El proyecto del gobierno provincial, que tenía que ver con una reforma agraria, no prosperó.

En 1965 la propiedad fue transferida al Consejo Provincial del Menor con intenciones de convertirlo en un hogar granja, aunque acabó siendo un reformatorio que alojó a jóvenes con problemas de conducta.
En 1974, un joven que había crecido en el castillo asesinó al director Eduardo Burg de siete disparos. Esto derivó nuevamente en el cierre del lugar.
La Escuela Agropecuaria de Rauch y la Fundación San Francisco son los que toman posesión de lo que es la parte del tambo, que actualmente siguen produciendo leche y hacen las prácticas agrarias de los chicos, de la secundaria, pero no tienen nada que ver con lo que es la parte del castillo.

A partir de allí, el estado pareció olvidarse de esta joya de la arquitectura. Explica Rosa:“El lugar donde está emplazada la mansión, que son unas seis hectáreas, lo tuvo la municipalidad por un tiempo, pero lamentablemente luego el lugar quedó muy abandonado, muy derruído, hay peligro de derrumbe, por eso a la gente que viene le pedimos que por favor no suban al piso superior, porque es precioso ese lugar arriba pero es muy peligroso. Fue vandalizado el lugar, hubo mucho robo, y lo que no pudieron robar lo rompieron. Los balcones tenían unos vitreaux divinos que se fueron rompiendo, también robaron todas las tejas del zinc que hay arriba, están pelando el techo, lamentablemente.”
Quien debería cuidar al castillo?. “El estado municipal en primer lugar porque son ellos los que estarían a la cabeza de todo esto, pero si ellos no logran hacer nada o les interesa deberían darnos la posibilidad para que gente que esté con ganas de hacer algo y no para seguir rompiéndolo podamos lograr alguna alguna movida para recuperarlo.”
El escritor Pablo Zubiaurre hace un tiempo en el libro “Historia del Rauch Rural” propone cuatro acciones para que estos lugares no sigan siendo vandalizados o sigan derrumbándose. El primero es darle valor a ese lugar, el sentido de pertenencia que es por ahí algo que nos falta. Después conservar y contextualizarlo, la conservación de lo que está, hay que tratar de mantenerlo en ese estado. ”Lo que no tenemos es mucha historia, no hay cosas escritas que hayan quedado de la historia de vida de los propietarios del castillo. Hacer un museo estaría genial.”

Este año, el perfil de Instagram Puebleando.arg organizó un concurso al que denominó Mundial de Turismo Rural, donde el público eligió los lugares más interesantes de la provincia de Buenos Aires. Entre 64 destinos turísticos, el Castillo de Egaña obtuvo un meritorio cuarto puesto.
“Esto significó para los que amamos este lugar algo maravilloso. Nos gustaría que la gente pueda venir a conocer el lugar y tener algo para ofrecerles, pero por ahora no tenemos ayuda. Bueno, estamos luchando contra el viento. Pero seguimos con este sueño de recuperar el lugar, que la gente de acá pueda trabajar con cualquier cosa relacionada al turismo, por ahí que los egañenses que tengan su emprendimiento puedan instalarse en el predio para pasar un día y vender sus cosas o hacer conocer el lugar.”
Hoy, el viejo castillo es un gigante herido que sigue asombrando con su esplendor a todos aquellos que se acercan a esta pequeña estación en medio de la llanura bonaerense. Rosa y sus vecinos siguen cuidándolo y luchando para que, como en tantos otros casos, no pase a ser un triste recuerdo de una época de esplendor que no volverá.