sábado 04 de abril de 2026
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POSTALES DE PROVINCIA

Ana Beker: la loberense que unió a caballo Argentina y Canadá

viernes 21 de junio de 2024

Gato y Mancha fueron caballos criollos argentinos que marcharon desde Buenos Aires a Nueva York, guiados por el suizo nacionalizado argentino Aimé Félix Tschiffely . Partieron de Argentina un 24 de abril de 1925 y llegaron a la Quinta Avenida el 20 de septiembre de 1928, 3 años y 149 días luego de su partida. La hazaña se recuerda hasta nuestros días y en homenaje a ellos el Honorable Senado de la Nación Argentina y la Cámara de Diputados, han designado el día 20 septiembre como el «Día Nacional del Caballo».

Sin embargo, Ana Beker, una bonaerense conocida como la “gaucha rubia” superó años después con creces esta travesía, uniendo a caballo Argentina y Canadá, aunque su historia ha quedado casi en el olvido. Noelia Segovia es responsable del Museo Histórico “La Lobería Grande” y una de las encargadas de rescatar esta aventura de características cinematográficas para que las nuevas generaciones conozcan a esta mujer que desafió prejuicios y adversidades en una época donde su condición hacía que su sueño pareciera imposible.

En diálogo con POSTALES DE PROVINCIA, Noelia recorrió parte de la vida de esta loberense nacida en 1916: “ Ana Beker nació en Lobería, hija de Juan Beker y Catalina Iungblut y aunque siendo pequeña se fue del pueblo seguramente su corazón siempre latía por esta tierra. Y fue en Algarrobo, en el partido de Villarino, en el sur de la provincia de Buenos Aires, donde desarrolló su amor por todo lo ecuestre y es así que la van a encontrar siendo muy joven cumpliendo una promesa, uniendo esa localidad con Luján y va a ir por más. Después va a recorrer varias provincias (Misiones, La Pampa, Catamarca, Salta, Santiago del Estero y La Rioja) cabalgando sus inseparables compañeros hasta que se propone algo mucho más ambicioso: unir las tres Américas con sus caballos.”

Partió de Buenos Aires un 1 de octubre de 1950, despedida por el General Juan Domingo Perón en la Plaza del Congreso. Sus primeras monturas fueron Príncipe y Churrito, que murieron durante la travesía, el primero a consecuencia de un cólico y el segundo atropellado por un camionero que se dio a la fuga. Tuvo cuatro cabalgaduras más: Luchador y Pobre india, que intercambió por Chiquito Luchador y Furia, con las que completó el viaje. Llegó a Ottawa el 6 de julio de 1954, Canadá, tres años, nueve meses y cinco días después.

 Es interesante saber que hay gente que está trabajando en una investigación para llevar adelante un documental para retratar a esta loberense que se animó a enfrentar todo tipo de adversidades, en una época donde el papel de la mujer estaba casi relegado a las tareas domésticas. “Antes de salir ella en algún momento se va a encontrar con el suizo que ya había realizado la travesía de unir Buenos Aires con Nueva York y él le sugiere que no haga ese viaje por Bolivia, cosa que ella va a desoír. Ella pensaba que si él había podido hacerla, ella también podría y así fue que lo hizo, oponiéndose también a lo que pensaba su propia familia. La verdad es que el papá de Ana decía que tenía una hija loca y lo hacía público, también para el resto era muy difícil entenderla.”

A poco de partir, por tener la montura de su caballo mal ataba, Ana se cayó, perdió el conocimiento y terminó internada. Lejos de amedrentarse, tiempo después continuó hacia el norte, pasando por Rosario y Santiago del Estero, hasta llegar a Bolivia. Calores sofocantes, la altura del terreno, ríos caudalosos y noches heladas fueron algunos de los obstáculos que ella y sus animales debieron sortear. Ana dormía en los sitios más improvisados, casetas de teléfonos, ruinas de piedra, chozas abandonadas y rancheríos de indios.

En La Paz estuvo varada un par de meses y allí perdió a sus dos caballos. A pesar del dolor que esto le produjo, los pudo reemplazar y en 1951 llegó a Perú. Durante ese año siguió su ruta, exponiéndose a robos, accidentes en la montaña y hasta intentos de abuso, pero atravesó Ecuador y al año siguiente entró a territorio colombiano, en el preciso momento en que se desataba una guerra civil entre liberales y conservadores. Entre otras peripecias, pasó dos meses en la jungla, cuando se quedaba sin alimento comía flores y siempre, a pesar de las alimañas, dormía a la intemperie. Después de varios intentos consiguió el permiso para embarcarse a Panamá, desde donde fue subiendo luego por Costa Rica, Nicaragüa, El Salvador y Honduras hasta México. Más tarde se dirigió a la frontera con EEUU, en donde en un primer momento le negaron el visado pues no consideraban el raid como deportivo, ni dejaban ingresar a Ana por no tener dinero. Al fin entró, visitó Texas y pasó año nuevo de 1954. Siguió luego a Washington y de allí a Nueva York. Finalmente, el 6 de Julio de 1954 a las 16 horas terminó su recorrido frente a la Embajada Argentina en Otawa, donde la recibió una gran cantidad de público. Anita Beker se coronaba como la Amazona de las Américas.

 

Por que su aventura no tuvo la misma difusión que la de su antecesor? “Las fuentes de la época, los diarios fueron tomando registros, es decir, lugares adonde llegaba, algo de ese archivo se conserva en el museo. Tenía un diario de viajes donde hacía firmar a las autoridades que la iban recibiendo a lo largo de su travesía. Lamentablemente eso se pierde, pero ella va a alcanzar a publicar una obra, “25.000 kilómetros cabalgando la aventura”, y ahí hablamos del injusto olvido. La verdad es que ella se vincula mucho al peronismo, estuvo muy estimulada por Eva Perón y el gobierno le brindó su apoyo, más allá de las personas que fue encontrando en el camino. Ella va a regresar al país luego de tres años en un buque mercante, el Río Tercero, y la verdad es que en esos tiempos difíciles donde había un fervoroso antiperonismo, su obra va a ser olvidada y también ella, que va a alejarse de la vida pública, de todo tipo de reconocimiento y recién a finales de la década del setenta el diario Clarín le va a hacer una nota que es ahí donde empezamos a verla otra vez, a reconocerla como la mujer que había superado al suizo Tschiffely y a sus caballos Gato y Mancha.”

 

 

 Murió en el más absoluto olvido y sola, sus últimos años los pasó en una residencia para adultos mayores en Temperley. Nunca se casó ni tuvo hijos, nunca tuvo un amorío, un intento de establecerse. No hay vestigios que hayamos podido encontrar, tuvimos la posibilidad de viajar a Algarrobo y entrevistamos a algunos de sus parientes y la verdad es que nadie nos ha aportado un dato certero en cuanto a ese tema. Ella quería una casita modesta que tuviera un lugar en los fondos para tener un caballo, porque entendía que eran los animales más fieles. Lamentablemente de Temperley se trasladó a Bahía Blanca siendo una persona grande a mediados de los ochenta y va a fallecer el 14 de noviembre de 1985. Sus últimos años vivió de una pensión que le había dado el Estado Argentino, un haber mínimo.”

Noelia Segovia afirma que a poco de llegar a los 70 años de la fecha en que la “Gaucha Rubia” desensillara sus caballos en suelo canadiense, es tiempo de que se reconozca la magnitud de su hazaña, que aún no ha podido ser superada. “Creo que merece un reconocimiento aún mayor a su voluntad, a su perseverancia, a su entereza. Es verdad que se le han hecho algunos homenajes pero han sido muy dispersos. En Lobería una calle lleva su nombre desde el año 2006. En 1994 vinieron a Lobería una hermana y un sobrino y nos trajeron un documento del cual tenemos copias en el Museo, pero ni la familia tiene mucho más. En realidad su llegada al país tampoco caló tan hondo en los suyos, seguramente por la mentalidad de la época, y creo que esa es la posibilidad que tenemos nosotros hoy de que su historia, que en su momento quedó sepultada en el olvido, sea recuperada y volver mirarlas en su contexto poniendo en valor a esa mujer extraordinaria, nuestra Amazona de las Américas.”

El Museo Histórico “La Lobería Grande” está situado en la calle Lamadrid 15 de la ciudad de Lobería y abre los jueves y sábados de 15,30 a 17,30 hs.

Facebook: Museo Histórico La Lobería Grande

IG: @museo1967

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