2025-02-22

POSTALES DE PROVINCIA

La casita sobre la playa que recuerda los orígenes de Claromecó

Un lugar lleno de historia que sobrevivió a todas las adversidades

Claromecó es el principal balneario del Partido de Tres Arroyos. Fundado oficialmente el 9 de noviembre de 1920, cuenta con una población estable de unos 2500 habitantes. Sus amplias playas, el faro y los torneos de pesca le han dado renombre entre los lugares elegidos por el turismo de la costa atlántica. 

Cerca del arroyo que desemboca en el mar, una pequeña casita construída sobre pilotes se alza sobre la arena y guarda una increíble historia que hoy se puede conocer gracias al amor por ese lugar de una familia, los Florez. Rolando “Toto” Florez es uno de los hermanos que la cuida y la disfruta desde que era un niño.  

Mi abuelo Vitalino Florez la compró en el año 40, en un sorteo de unos almacenes muy grandes que había en Tres Arroyos, el ABC, que vendían todo para el campo y cuando se pagaba la cuenta a fin de año  se hacía con el número de la boleta de pago un sorteo que entre otros premios entregaba una casa en Claromecó. Mi abuelo no se hace acreedor de la rifa, sino que compra la casa al que la ganó. Mi abuelo se la regala a mi bisabuelo y cuando él falleció quedó como herencia familiar. Así que desde la década del 40 la casa perteneció a la familia Florez.” 

Claromecó, como tantos otros balnearios, nació por iniciativa de terratenientes que fueron los dueños de una impresionante cantidad de tierras.Una familia francesa, los Bellocq se dedicaba al mercado de frutos, compraban frutos los llevaban a Francia, tenían almacenes en Buenos Aires. En el año 1883 compran 21.000 hectáreas. El campo abarcaba desde el arroyo Claromecó, que desemboca en el mar hasta unos diez kilómetros sobre la costa hacia el norte y veinticinco kilómetros hasta el pueblo de San Francisco de Bellocq hacia el oeste. 

En ese momento no había agricultura, o era muy incipiente. Se trabajaba mucho con el ganado lanar y recién se estaba domando la tierra, los médanos fundamentalmente, era tierra bastante apta para el cultivo porque estaba con la humedad del arroyo, entonces ahí se fue montando lo que es el casco histórico de la familia Bellocq, donde vivían cientos de familias. En algún momento fue escuela agrícola y fue un polo de crecimiento mucho más importante que Claromecó. Pero cuando no había cosecha, algunos de los empleados que eran golondrinas se iban y otros que quedaban en el campo porque había carpintería, fábrica de manteca, muebles, venían a la playa, a pescar y el producto de la pesca lo consumían entre ellos mismos. 

Con esos habitantes de la zona rural comienza la primera etapa de casitas en la costa. Cuando Bellocq dona unas 500 hectáreas de su tierra, en 1920 para crear el pueblo, ya da permiso para construir algunas casas en madera, pero sobre la playa. Cuenta Toto: “La casa es nuestra desde fines del 30, o sea que es de la tercera etapa de las construcciones de casas de la playa. Llegó a haber más o menos unas sesenta.”  

Las casas se hacían sobre pilotes fundamentalmente para que la arena no los tape porque las dunas comenzaban en el océano Atlántico y terminaban veinticinco kilómetros más adentro, los médanos eran vivos entonces constantemente con gran cantidad de arena las casas se hacían sobre pilotes para que el viento pase por abajo y no queden tapadas.   

Las de la primera etapa eran casas muy humildes que servían solamente como refugio para los pescadores y se fueron deteriorando con el paso del tiempo, pero las que después de la década del veinte empiezan a construirse, ya tenían baño, cocina, habitaciones, muebles, instalación eléctrica, un pozo de agua,  sumidero, eran casas ya habitables, quizás solamente en la época del verano pero se usaban mucho tiempo.  

En algún momento cuando el pueblo empieza a crecer y ya hay una costanera y el pueblo se genera más arriba, diagramado y con tendido eléctrico, empieza a haber situaciones polémicas, por ejemplo que la arena empezó a subir a las casas de arriba y se le echaba la culpa a las casas de la playa, a las que se les llamaba “las casas de abajo”. Algunos propietarios no tenían el dinero para mantenerlas, las estructuras sufrían mucho deterioro por las inclemencias, no solamente del viento, sino de la sal y el sol, por lo que su aspecto no era el mejor, a pesar de que algunas estaban muy bien cuidadas. 

Esta situación fue dándose a lo largo del tiempo, cosa que en el año setenta ya había como una especie de molestia, por así decirlo, a algunos les molestaba su presencia. No existía el concepto de preservarlas como testimonio histórico o atractivo turístico. 

En 1969, aunque no hubo manera de probarlo, hubo un viento del este muy fuerte en una noche de invierno y las casas empezaron a prenderse fuego desde el lado del este hacia el oeste y solo se salvaron tres. Era notorio que a los de “arriba”, las casitas de la playa les molestaba. Después hubo otro incendio en el 90 donde se prendieron fuego esas dos últimas casas y solo se salvó la de la familia Florez porque era la única de material. 

Para terminar con esa “guerra”, los Florez se la ofrecieron al municipio para que le diera uso como sala de primeros auxilios o alguna otra función, pero no se pudo hacer nada. De esa manera la casita quedó como única sobreviviente de los primeros años del balneario. 

Vivir sobre la playa puede ser muy romántico, pero en parte del año se complica. Afirma Toto: ”Realmente en invierno muy inhabitable. Yo viví dos años ahí, el viento del sur o del sudeste cuando entra pega fuerte, vuela mucha arena, hace frío, entonces la casa no está preparada para habitarla en invierno. Pero a partir de la primavera, cuando ya los días son más largos y el sol la empieza a calentar, yo la uso mucho como matera, algunas veces nos reunimos, yo he estado trabajando en turismo y aquí hacíamos reuniones para preservar las bellezas naturales de Claromecó y su fauna y flora. Hay un proyecto para rescatar el tucu tucu, un roedor que habita las dunas y está en peligro de extinción.” 

La casa hoy está casi como fue diseñada. “Obviamente el deterioro del tiempo hizo que algo de lo original se modificara. Al principio la habitación que tiene frente al mar era un porsche, pero como éramos muchos de familia o venían muchos amigos se transformó en habitación. Lo hemos hecho todos, ir en verano y pasarla  lo mejor posible, con familia y amigos. Así que allí hay varias camas, pero también en el living y a veces hasta se pone un colchón arriba de la mesa para transformarla en cama. Somos siete hermanos, así que nos vamos turnando, a veces compartimos y se utiliza desde diciembre a marzo.”  

Rolando Florez ama ese lugar y lo muestra en cada una de sus palabras. “ Agradezco tener la vida para haber disfrutado de la casa, tanto en mi juventud como ahora también, en mi niñez, con todas las cuestiones de la vida, porque en ese momento no había electricidad, entonces nuestro padre nos despertaba porque había que bombear a mano para que suba el agua al tanque. Nos cansábamos, pero después nos tirabamos al sol y  seguíamos durmiendo arriba del médano calientito. Eso realmente era la gloria. La pesca, cuando yo era chico, vos ibas, tirabas la línea y a los dos segundos, tenías dos corvinas.”  

Vivir sobre la playa es como estar en una platea preferencial para disfrutar el espectáculo de la naturaleza. “En los primeros 50 días del año, me he visto cincuenta atardeceres. Ahora hay mucha iluminación en la costanera, hay una senda peatonal muy bonita que también está iluminada. Pero hace unos años ver las estrellas desde el balcón para mí que me gusta mucho la astronomía, era un momento increíble.”   

Por suerte, la única casita de la playa que sobrevivió al paso del tiempo y la incomprensión de algunos, se mantiene en buen estado, gracias a esta familia. Ahora también la gente la ve con cariño, no la ve como algo que arruina el paisaje. Y Toto, como casi todos los días, sigue mirando desde su balcón, amaneceres y atardeceres soñados, y la luna saliendo desde el mar. 

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