2025-06-29

POSTALES DE PROVINCIA

Dos Naciones: un viaje al pasado entre las sierras y el campo

El centenario almacén de ramos generales de la familia Caveda resiste al paso del tiempo

Dos Naciones es un paraje del partido de Lobería donde hay una escuela y unas ocho o diez casitas, un club que ya no tiene actividad y el almacén de los Caveda.  Si uno transita la Ruta 226 desde Mar del Plata a Tandil, a la altura del kilómetro 98, un viejo cartel vial nos indica que a 14 kilómetros a la izquierda por un camino mejorado se llega al lugar. 

En sus orígenes, Dos Naciones surgió como un sencillo pero importante centro rural alrededor de un almacén fundado por dos inmigrantes: Cano (español) y Lagruta (italiano). Esta unión simbólica de nacionalidades dio nombre al paraje alrededor del 1890.

 La región formaba parte de una extensa área productiva en el sur de Buenos Aires donde se instalaron varias familias inmigrantes: italianas, españolas, danesas, suizas, vascas, entre otras. Estas personas llegaban atraídas por la agricultura familiar y una política estatal favorable a la inmigración. 

Claudio Caveda es hoy el responsable junto a su familia del viejo almacén que conserva casi intacta la estructura original y se ha convertido en una especie de faro en medio de un paisaje rodeado de sierras y cultivos.  

"Por aquí pasaba el camino Mar del Plata - Tandil hasta la construcción de la Ruta 226 y llegaba acá atrás también el tren de trocha angosta de Decauville”. Esta empresa francesa instaló hacia 1875 una red ferroviaria que unía Balcarce con distintos pueblitos y parajes de la zona. A través de ella se transportaba trigo, maíz, avena, cebada, cueros, lanas, papas, lanares y vacunos y también viajaban pasajeros.  

Si bien Claudio no tiene la fecha exacta de la construcción del almacén, si conoce cada paso de su historia desde el momento que su familia se hizo cargo del lugar. “En 1934 lo compra mi bisabuelo, pero ya lo compra funcionando. En esa época había siete negocios y hoy estamos nosotros solos. Había tienda, peluquería, una hostería donde la gente paraba para esperar el tren. Los productores de la zona trasladaban las cosas en carretas, así que supuestamente venían antes y se tenían que quedar para el otro día para despacharlas. Pero bueno, todo eso quedó ruinas y hoy quedamos nosotros con el almacén y unas poquitas casas.” 

 

Entrar al Almacén Dos Naciones es como hacer un viaje al pasado, sus estanterías lucen casi sin cambio desde hace décadas.“Lo único que cambió es que tenía rejas tipo pulpería y ahora quedó solo un pedacito. Hay una historia con las rejas que se vincula con Mar del Plata. Mi bisabuelo las vendió a una gente que hizo el ingreso a lo que era el circuito “El Santo” en el predio del Club San Lorenzo sobre la ruta 88.” 

Delante de la fachada con ladrillo a la vista da la bienvenida a los visitantes, un antiguo surtidor de combustible. La gente de los campos cercanos llegaban al lugar para llevar en carros sisterna la nafta o el gasoil para las camionetas y los tractores. Para Claudio y su hermano Mario eso significaba poco menos que una pesadilla:” Se llenaban dos tubos de cinco litros y vos le dabas a un reloj que ponías setenta litros, entonces a medida que se llenaba cada tubito se iba descontando y tenías que llevar la cuenta. Cuando nosotros éramos chicos, los clientes que tenían un tanque de 2000, 3000 litros, lo dejaban de un día para el otro y con mi hermano a mano, lo llenábamos. Era un dolor de cabeza y huíamos de la vista de nuestros padres para que no nos mandaran a hacerlo.” 

Sobre el mostrador, una caja registradora y una antigua máquina de moler granos de café mantienen su belleza original. ”Esa moledora es de 1898, de origen americano y también tiene su historia porque cuando la teníamos en un galpón y aunque es de café mi padre nos mandaba a moler granos de maíz para alimentar a los pollitos.”  

Sobre las estanterías de madera que llegan hasta el techo, descansan desde hace varias décadas botellas de distintas bebidas, la mayoría de ellas con sus etiquetas amarillentas y con una fina capa de polvo. En el negocio de Caveda hay dos decisiones inamovibles: esas botellas ni se venden ni se limpian, porque sería quitarles el valor de su historia, están intactas, en el mismo lugar donde se las puso para exhibirlas.

Más de una vez algún coleccionista ha llegado a ofrecer cifras importantes, pero no logró convencer a Claudio. Como si fuera un museo de las bebidas que se tomaban en el campo argentino se pueden ver aperitivos, ginebras de marcas que ya desaparecieron, licores de sobremesa, el famoso Reserva San Juan, caña quemada, whiskys añejos.  

El almacén de ramos generales fue durante décadas lugar de reunión donde venían los parroquianos a tomar una copa temprano, los capataces de estancia a comprar la mercadería para llevar a los distintos puestos, se recibían las noches jugando partidos de truco y contando historias, las bochas, la taba o los partidos de pelota a paleta eran motivo de reunión cada fin de semana. Todo eso fue quedando en el olvido y hoy ya no hay tanto cliente que venga al almacén a comprar

Ese es el motivo por el cual almaceneros como Caveda se han convertido en una especie de delivery rural: hoy hay que salir a buscar la clientela y recorrer la zona para llevar los pedidos. “Si no fuera por el reparto que hago todo el año con los que trabajan en la papa y en verano específicamente con semilleros, gente que trabaja en las cosechas del trigo y el maíz, no podría seguir con la actividad. En verano se hace hasta trescientos kilómetros por día, tenés que llevarles todo, el kilo de carne, el kilo de pan, todo, absolutamente todo lo que se les ocurra y ese secreto de que el negocio siga vigente.”  

Casi todos los días de la semana, Claudio carga su camioneta 4 x 4 y comienza un recorrido que lo lleva por caminos rurales, de tierra, a lo sumo entoscados, entre las sierras y el verde de los campos, con sol o con lluvia, para atender a sus clientes. Es su forma de mantener vivo el legado de sus mayores, de no bajar los brazos."En su momento había más de quinientos almacenes como el nuestro en la provincia y hoy son menos de setenta. No quedan por eso, porque ya cambió la costumbre, ya no vive gente en la zona rural, los contratistas van de las ciudades a trabajar a los campos. No saben que vos estás y hay que hacer que te conozcan.” 

 

El Almacén Dos Naciones abre de lunes a sábados y aunque ya no se suelen ver tantos caballos y sulkys en su puerta como en sus tiempos de esplendor, siempre aparecen grupos de motoqueros o ciclistas que suelen hacer el recorrido de la antigua ruta entre las sierras del sistema de Tandilia, visitando la Puerta del Diablo, un camino realmente mágico, que a su paso no deja de deslumbrar, donde se encuentra la altura máxima de la zona. Siempre es un buen momento para hacer una pausa en lo de Caveda y de paso, traerse alguno de los embutidos caseros que fabrica junto a su familia. 

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