2025-07-05

POSTALES DE PROVINCIA

La otra cara de Puerto Quequén

Aristócratas y rockeros formaron parte de la historia de las playas cercanas al faro

La ciudad de Quequén, a orillas del río del mismo nombre que la separa de Necochea, es conocida por su importante puerto cerealero. Sin embargo, este lugar, donde en la actualidad su paisaje está dominado por los cientos de camiones que llegan a traer el fruto de las cosechas del sudeste de la provincia y los gigantescos buques que recortan su silueta sobre el mar, esconde historias que merecen ser descubiertas. Raúl Jauregui es periodista de Ecos Diarios y conoce los detalles de ese pasado de esplendor. 

Un rincón de paz entre las dunas y el mar 

Nació en la década del cuarenta, fue el sueño concreto de un empresario capitalino llamado Mario Corte que un día descubrió ese lugar y se le presentó la posibilidad de comprar tierras allí a la familia Kris que era la propietaria. Allí empezó a montar un balneario que denominó  Costa Bonita por la belleza que tenía el lugar. 

El empresario loteó el lugar y a través de una empresa llamada la Gran Master Rural empezó a ofrecerlo y tuvo mucho éxito en Buenos Aires, donde muchas familias compraban terrenos en la costa para instalar sus casas de veraneo. El balneario comenzó a crecer y tuvo su apogeo entre los sesenta y ochenta. 

Se hicieron tres complejos de departamentos que aún existen frente al mar y una hostería del propio Mario Corte que se llamaba “Canción del Mar”, luego fue cambiando de dueños, se llamó “Dunas” hasta que quedó cerrada desde el año 2016.  

Tenía solo ocho o nueve habitaciones, pero era el lugar buscado porque era muy pintoresco, arriba tenía una especie de torre o mirador desde se veía todo el alrededor, las dunas, las playas, el faro, y además tenía una pileta que era alimentada por agua de mar. Después se le agregó un sector de hostel más grande, que inclusive lo explotó la familia de Eduardo Freiler quien fuera juez de la Cámara Federal Porteña.  

El encanto del paisaje y la paz del lugar atrajo a los músicos de Arco Iris, una de las bandas clave del génesis del rock nacional, a fines de los años 60 conformada por Gustavo Santaolalla, Ara Tokatlian, Guillermo Bordarampé y Horacio Gianello. A ellos se sumó luego “Dana” Wynnycka, nacida en Polonia y llegaron a tener una casa donde pasaban todos los veranos. Según afirman, allí se inspiraron para crear canciones entre las que se destaca “Mañanas Campestres”.  

Sin duda, la época de esplendor de Costa Bonita estuvo relacionada con esos años de rebeldía y la filosofía hippie. Allí también nació un lugar muy pintoresco: el Cerro del Amor. Cuenta Raúl: “Eso lo hizo un vecino que le llamaba Mario Petani, el famoso Tío Mario. Era una persona que vivió desde el primer momento ahí, tenía un negocio, se dedicaba también a las artesanías, y fue colocando en un médano cercano a la Hostería distintos carteles con frases relacionadas a la naturaleza, hechos en madera, de tono místico y el lugar se fue transformando en un atractivo. Es un recorrido hacia la cima de la duna, desde donde tenés una visión de toda la zona, tanto para el lado de Arenas Verdes al norte, como de Necochea hacia el sur.”  

Sobre otro médano, de unos cuarenta metros de altura, se construyó la gruta de Lourdes, que tenía unas escaleras de material para llegar hasta la imagen de la Virgen y era muy visitada. Por estar sobre un médano vivo, con el tiempo la arena fue avanzando y terminó tapándola. Los vecinos trasladaron la imagen unos metros más allá y construyeron una capilla. Todos los veranos en febrero se realiza una procesión por la costa hasta el santuario. 

Luego de dos décadas de esplendor, Costa Bonita comenzó a estancarse y de a poco el sueño de Corte comenzó a truncarse. Hoy viven aproximadamente unas ochenta personas y hay un solo comercio abierto  todo el año. Cuáles fueron las causas para que el balneario no siguiera su crecimiento? Raúl tiene su teoría: “Creo que en parte tiene que ver la estructura de la playa, con mucha piedra más que arena. Inclusive con el propio canto rodado de la playa se comenzaron a construir las primeras casas del lugar.” 

“Para evitar la erosión del mar hay doce espigones que están bastante deteriorados. El balneario pertenecía al municipio de Lobería, pero en el año 1979 pasó a depender junto con Quequén al partido de Necochea. A los descendientes de la familia fundadora no les interesó continuar con el desarrollo del proyecto y a su vez a los inversionistas comenzaron a interesarles lugares más cercanos a Capital federal como Cariló o Mar de las Pampas. A pesar de que sigue siendo un lugar atractivo, pero no logró el progreso que se esperaba.” 

Un hotel de estilo francés a orillas del Atlántico 

El Hotel Quequén se llamó Hotel Balneario Victoria en sus principios, estuvo a la altura de grandes hoteles de la época, fue hecho con un modelo similar a los establecimientos de Biarritz en Francia. Se construyó en 1892 y comenzó a funcionar en 1895. 

Desde sus inicios atrajo a la aristocracia porteña, venían familias de mucho renombre. Para la época era un hotel de avanzada: tenía por supuesto salón de baile donde se hacían las fiestas de carnaval, estafeta de correo, destacamento policial propio, salas de masajes, baños calientes con agua de mar, una lechería para elaborar los distintos quesos y productos lácteos que se consumían allí, y hasta su propia fábrica de hielo. 

Entre las familias de la aristocracia que disfrutaron de sus comodidades estaban, por ejemplo, la familia de Emilio Mitre, director del diario La Nación, Ramón Santamarina, que da nombre a un pueblo cercano, Dardo Rocha, el fundador de la Ciudad de la Plata, hasta el ex presidente de la Nación Carlos Pellegrini, entre otros apellidos ilustres. 

Ubicado cerca del mar en 502 y 115, albergaba a unas trescientas personas, distribuidas en elegantes departamentos. Tuvo el salón comedor más grande de Sudamérica, de 50 metros de largo por 13 de ancho, desde donde se podía disfrutar de la vista al mar. Según algunos historiadores, en el sótano del hotel funcionó, en forma clandestina, la primera mesa de ruleta del país. 

A lo largo del siglo XX el hotel mantuvo sus puertas abiertas, aunque el paso del tiempo fue modificando sus características, de acuerdo a los cambios de modas y costumbres. Entre 1980 y 1982  permaneció cerrado  y en 1983 se reinauguró con una gran fiesta. Actualmente, funciona como Apart Hotel y mantiene su estructura original, con departamentos pequeños, reconvertidos, que fueron comprados por familias que son los habituales visitantes en verano de Quequén. 

El viejo hotel es uno de los sobrevivientes de aquella Belle Epoque junto a algunas mansiones que se mantienen en pie. La llegada del tren en 1893 hizo que la aristocracia porteña eligiera estas agrestes playas para pasar sus descansos veraniegos. Luego el crecimiento del puerto, uno de los más importantes del país, le fue cambiando el destino a ese sector de la costa y su operatoria comenzó a chocar con el sueño de aquellos que buscaban allí un lugar de tranquilidad y glamour. 

Esas viejas casonas, de las cuales hoy quedan cuatro o cinco han sido escenario de varias películas, entre las más conocidas “El camino de los Sueños” de Javier Torres, hijo de Torre Nilson, protagonizada por Víctor Laplace. 

Cuenta Raúl Jauregui:”En los últimos años, este sector de la costa ha vuelto a tomar impulso turístico, se ha permitido la construcción de edificios de hasta tres pisos sobre la costa, el Hotel Quequén, ya transformado, sigue funcionando, hay un exclusivo club de playa, “La Virazón”, fundado en 1970, paseos costaneros como Monte Pasubio o Bahía de los Vientos, entre otros emprendimientos que está volviendo a atraer a los turistas”.  

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