POSTALES DE PROVINCIA
Pablo Barrio, el alquimista de los quesos
Se llama Pablo Barrios, su almacén de campo en la ciudad de Tres Arroyos es furor en las redes y es el creador entre otros sabores increíbles, del único queso en el mundo con sabor a frutilla.
Este emprendedor ha recorrido un largo camino para llegar a este presente. Nació en San Cayetano un 6 de junio del 76 y ya era inquieto, a los dieciséis años tenía su primer disco de música, después tuvo un programa de radio casi por casualidad. Al poco tiempo compró su propia radio con un crédito que su padre le sacó porque era menor de edad y tuvo que trabajar duro para pagarlo. A través de los medios de comunicación pudo llegar a la fábrica más importante de quesos a nivel mundial que está en Suiza y la vida, ocho años después lo llevó a tener un negocio que se ha hecho conocido por ofrecer productos que sorprenden por sus sabores innovadores y fuera de lo común.
“Fui bicampeón argentino de ciclismo, campeón sudamericano de atletismo, tengo cinco discos de música, fue un camino hermoso. Me fui a Mar del Plata porque me habían prometido un trabajo que nunca se concretó y terminé trabajando como peluquero, oficio que aprendí de mi papá."
"Ese fue mi primer trabajo oficial en la ciudad y gracias a eso me pude meter en los medios de comunicación, que era mi sueño y así fue que me fui vinculando y la vida también me dio el privilegio de ser embajador turístico de Mar del Plata, designado por el Concejo Deliberante gracias a un programa de televisión. Se llamó Guía Gastronómica TV y me dio la oportunidad de poder viajar y conocer sabores, personas, vínculos, cultura, contactos.” Pablo pasó a ser conocido como conductor de radio y televisión, animador de eventos y músico.
Cuando ya había logrado un lugar en los medios, con proyección nacional, contrajo una enfermedad, le encontraron una especie de tumor en la mandíbula, tuvieron que operarlo y decidió bajar un cambio e irse a vivir a Misiones, a disfrutar de la vida. Y la vida poco después lo llevó a volver a San Cayetano, su pueblo, en plena pandemia porque no tenía trabajo, no tenía nada, no había que arrancar de cero.
“Yo siempre hice lo que me gustó, soy un privilegiado, se entiende, soy una persona privilegiada que siempre fue detrás de sus sueños y tengo una pasión tan grande que me ayuda a cumplirlos. Utilizando los contactos del programa de televisión, empecé a pensar en que no había lugares de productos regionales en mi pueblo. Entonces decidí unir todos esos contactos que me había ganado durante más de veinticinco, treinta años y llamar uno por uno.”
Empezó a trabajar y a vender productos de otros, en un pequeño local, con poca mercadería. Pero inquieto como es, decidió empezar a intervenir los quesos azules, porque para él eran muy aburridos, eran todos iguales. Empezó a hacer cursos, capacitaciones y se dedicó a experimentar, como por ejemplo ponerle cacao a la cobertura de un queso azul, desarmarlo todo, procesarlo y ponerle nuez y whisky y a partir de ahí empezó a jugar con quesos azules con lavanda, con cerezas al marrasquino, avellanas y arándanos.
La experiencia adquirida y el espíritu inquieto de Pablo lo fue llevando a vivir intentando nuevos sabores. “Hicimos un queso sardo de menta para rayar en las pastas, le pusimos pistachos a un queso de limón y arándano. Ahora estoy haciendo un queso de vainilla por dentro y por fuera va a tener canela o café. Al principio la gente decía no, eso no, querían un queso normal, un queso común. Pero pasaba que cuando se iban les daba un pedacito para que prueben y se volvían para preguntar que era por les gustaba.”
Tiene una propia línea de bombones artesanales con Gancia, frutos rojos, con pistacho, con roquefort y nuez, y ahora también lanzó una línea de embutidos, de salame con pistacho, naranja, limón y pomelo, salames con cacaos, salames con queso y salame con kinotos. Para acompañarlos, también fabrica su propio vermouth artesanal.
Desde hace un tiempo Pablo decidió radicarse en Tres Arroyos y a partir de allí su emprendimiento, "Pueblito mío", comenzó a ser conocido a través de las redes y hoy es un boom. Su último éxito es un queso que va más allá de todo lo conocido: un queso de frutilla.
Así lo define su autor: “Tiene la base de un queso para rallar, porque en realidad quisimos hacer un queso gouda, un queso suave para la picada, pero me decidí hacer un escalón más arriba, y jugar con un queso sardo. ¿Por qué? Porque el queso de menta nos anduvo bien, o sea para rallarlo en las pastas, y es como salir un poco de lo clásico. Entonces dijimos, vamos a hacer lo mismo con la misma pasta base para que la gente pueda comer un queso frutado muy aromático. El queso lo hicimos hace dos semanas y es la primera vez que se hace en el mundo un queso semiduro.”
“Como todavía no tiene el estacionamiento para ser en un cien por ciento un queso sardo, se transforma en un queso para picada. Cuando lo probás, tiene dos facetas. En el primer bocado el sabor es el de un yogurt hecho queso. Ahora, cuando pones en la boca el segundo bocado, ya cambia y es como que se pone un poco más intenso el sabor de la frutilla y realmente es una experiencia.”
Las estanterías de su almacén de campo parecen un muestrario de colores y sabores: quesos de naranja, de arándanos y limón, de remolacha, entre los más sorprendentes.
“Yo cuando era chico entraba a mi casa y sentía el aroma de mi abuela amasando pasta, mi familia italiana y me acuerdo siempre de eso, de lo tradicional. Pero, por otro lado, intento meterle cosas diferentes a lo que está acostumbrada a la gente, porque yo siempre digo algo, es muy aburrida la vida si siempre comemos el mismo queso, el mismo salamín. Por eso, disfrutar de un buen reggianito al whisky, un queso con café, un queso con jengibre, es maravilloso.”
Varios famosos que han recalado con sus giras en Tres Arroyos han quedado gratamente sorprendidos por los sabores que nacen en “Pueblito mío”. A través de las redes bandas de rock como Los Tipitos, Los rancheros y Los Pericos, cantantes como Valeria Lynch y su pareja Mariano Martínez de Ataque 77, o Javier Calamaro, entre otros, han agradecido y recomendado sus productos.
De a poco, comenzaron a llegar pedidos de distintos lugares, algunos de ellos insólitos.“Lo máximo que me pasó fue que me hayan llamado un día desde una base militar de Estados Unidos en Oceanía para comprarme quesos y yo les corté, les corté porque me están tomando el pelo. Me vuelven a llamar, pero por videollamada para que les crea y era cierto.”
Pablo Barrio es un ejemplo de resiliencia, un luchador que ha sabido levantarse de cada caída y volver a intentar, desde ese pequeño lugar de Tres Arroyos muestra que hay que arriesgarse e ir por los sueños, y que la fuerza del trabajo derriba cualquier barrera.