POSTALES DE PROVINCIA
La postal más conocida de Necochea cumple 96 años
El Puente Colgante de Necochea no solo es una imponente estructura de ingeniería, sino también un símbolo de la historia, el progreso y la identidad de la ciudad. En el año 2029, la estructura cumplirá cien años y debido a ello, el año pasado se formó una comisión de vecinos con el fin de preparar un importante evento para el centenario.
El proyecto que se presentó ante el Concejo Deliberante, consiste en embellecer la zona, crear un paseo, un lugar de esparcimiento, incluyendo las dos riberas. Carlos Palotta es uno de los integrantes de dicha comisión y conoce con detalle la historia del símbolo de la ciudad de las playas del suave declive.
“Lleva el nombre de “Hipólito Yrigoyen” en homenaje al presidente argentino y es único en su estilo en la República Argentina y es uno de los pocos que hay en el mundo de este tipo, totalmente de acero y con remaches. En nuestro país el único del mismo estilo, aunque con algunas diferencias, es el Ingeniero Pascual Candioti sobre la laguna Setúbal, en la ciudad de Santa Fe.”
Este puente se armó de una manera tal que son dos torres, una en cada orilla del río, aproximadamente un cuarto antes de terminar el puente y desde esas torres cuelgan unos cables llamados péndulos y la estructura que permite el paso vehicular está construida sobre ellos. Debajo hay dos bases o pivotes donde el puente se apoya y que le permiten oscilar cuando hay mucha correntada.
Carlos Palotta explica: “El puente se mueve de acuerdo al tránsito o a la fuerza del viento. Todos los puentes tienen un punto de oscilación, no son rígidos porque si no se romperían.Cuando uno lo cruza caminando muchas veces se nota cuando se mueve.”
El proyecto del puente arranca en 1905, 1907. Antigüamente, río arriba, en el paraje Las Cascadas había un puente bastante precario que se usaba para pasar carretas y ganado que data de 1875 aproximadamente. Después había dos o tres pasos donde se utilizaban balsas, hasta que se construyó el puente. En 1925 arranca la obra y el 21 de julio de 1929 se inaugura, aunque en realidad un año antes ya empieza a tener tránsito.
“Era una época donde la gente manejaba otro dinero y otros proyectos, por lo que en lugar de un puente más sencillo se decidió por este modelo. Después que terminó la Primera Guerra Mundial, Europa queda en una depresión muy grande, los astilleros y acerías que se dedicaban a fabricación de armas y buques quedaron prácticamente con una mano de obra ociosa, con una gran infraestructura y con una pobreza terrible.”
Entonces empezaron a reconvertirse y había la posibilidad de hacer este tipo de obras magníficas a un costo bastante bajo. En esos años Argentina, si bien venía de años muy complicados vivía una época de apogeo y era bastante más económico para hacer una obra de este tipo, traerla de Europa hasta acá que construir un puente convencional.
Más allá de algunas cuestiones políticas que había respecto de lo que significaba toda esta zona para la política en Buenos Aires, el puerto de Quequén ya comenzaba a tener importancia y había personalidades importantes en esta zona que seguramente influenciaron en esa decisión.
“Es un trabajo realmente faraónico lo que se hizo con ese puente. Se hizo pieza por pieza y se trajeron para acá, todas numeradas y seleccionadas en dos barcos. Y acá se armó como un mecano. En el año 1929, si bien había algunos primeros indicios de lo que es la soldadura eléctrica, se hacían las estructuras armadas abulonadas o remachadas para unir las distintas partes.”
El sistema de construcción es el mismo con el que está armado la Torre Eiffel. El puente tiene 270 metros de largo y está dividido en cuatro partes, dos en la parte central y dos laterales. Cada uno de esos péndulos está calculado para sostener las 3000 toneladas que pesa toda la estructura. Todo fue calculado y diseñado en la Argentina por el ingeniero Palazzo y luego construído en Francia por la compañía Les Ateliers et chantiers de la Gironde .
En la peor inundación que sufrió la provincia de Buenos Aires en 1980, la violencia de la crecida del Río Quequén destruyeron el Puente Ignacio Ezcurra que estaba cerca de la desembocadura, el Puente Negro en la localidad de Lumb, el puente Ardanaz en el paraje Las Cascadas y el Ferroviario junto al Club Del Valle. El Puente Colgante resistió los embates de la correntada, a pesar de que el agua llegó a veinte centímetros de los puntos de apoyo, habiendo crecido nada menos que siete metros de su cota normal.
El puente pertenece a Vialidad Provincial y está declarado Monumento Histórico Nacional, al igual que el faro de Quequén. No requiere gran mantenimiento, pero cada tanto se hacen algunos controles de los tensores, estructura y pintura. "Lo que pasa es que durante mucho tiempo no se le hizo ni siquiera eso. Por ese motivo hubo que hacer una reparación muy grande en el 2006 y después en el 2011 una reconstrucción prácticamente de toda la calzada y una pintada con una pintura especial y alguna reparación de algunos tensores que se cortaron.”
Con 96 años, el fuerte color naranja sigue destacando su silueta inconfundible sobre el cauce de uno de los ríos más importantes de la provincia.