2025-10-25

POSTALES DE PROVINCIA

Uruzuna, el "Forrest Gump" marplatense

Desde 1996 a 1999 corrió en solitario por rutas de Argentina, Canadá y Europa y marcó un récord mundial

Se llama José Adrián Uruzuna, es marplatense, y a fines de los 90 fue el protagonista de una serie de viajes increíbles, que lo llevaron a convertirse en dueño de un Record Guinnes. Deportista desde muy chico, todos lo conocen como “Cacique” y hoy trabaja como fotógrafo. 

Cuando se recibió de profesor de educación física, Adrián comenzó a trabajar dando clases y como guardavidas en las temporadas. A partir de ese momento, decidió que lo que ganara lo iba a destinar a viajar. “Para mí este fue desde muy chico el llamado de la naturaleza, el deporte, la conexión y en esto encontré algo mágico, lo que me hacía sentir pleno.” Fue así que comenzó a realizar sus primeras travesías en bicicleta. 

Sus primeros viajes fueron desde Mar del Plata a los Valles Calchaquíes ( 540 km. ) en 1991, Mar del Plata-San Pablo ( Brasil ) y Córdoba-Mar del Plata en el 92 con un total de 4600 km., Mar del Plata-Iguazú y Paratí-Fortaleza ( Brasil) en 1993 ( 4600 km.) y 2200 km. en 1994 recorriendo el sureste de Colombia, Panamá, Costa Rica y Nicaragüa. Cada aventura le insumía 6 meses y de a poco fue apareciendo el apoyo de la ciudad, primero a través del Ente Municipal de Turismo que lo nombró Embajador Turístico de Mérito y luego algunas empresas que se fueron sumando como sponsors. 

Llegó 1995 y con él la concreción de un sueño. “ Venía leyendo un poco de filosofía oriental, siempre me gustó la meditación, el yoga. Así que me dije: es el momento de ir a conocer los monjes a India, y me fui con la bicicleta.   Crucé el Himalaya, después pasé a Nepal, estuve por los Annapurna, un lugar loquísimo, cuarenta grados de calor y  millones de personas por todos lados. En medio de la montaña, para poder avanzar con el peso de las alforjas donde llevaba mis cosas, por momentos iba parado arriba de los pedales.  Y allí surgió la idea de dejar la bicicleta para seguir viajando a pie, caminando o corriendo.”

 

Para poder llevar consigo todo lo necesario, el cacique diseñó un carrito muy especial, al que bautizó “patamóvil”.  Es un carro de aluminio con dos ruedas, una caja o  baúl y dos varas que van atadas a la cintura por un arnés. En el viajaba el equipo de acampada básico,  comida con reserva siempre para una semana y algo de ropa.  

A diferencia de las travesías en bicicleta donde podía hacer etapas de hasta 100 kilómetros en un día, aquí el desafío planteado era correr un promedio de 40 o 50 kilómetros diarios y llevando un peso extra de 80 kilos o más.

 “Hacer una maratón o más por día  ya es muy extremo para el cuerpo, entonces ahí es donde interviene la parte de una buena nutrición, un buen descanso y tener todo lo necesario porque, por ejemplo en la Patagonia, podías estar 5 o 6 días sin tocar un lugar habitado. Cuando se lo conté a algunos profesores conocidos me dijeron que era una locura, que me iba a romper. Pero como soy vasco, me dieron más ganas de hacerlo.” 

La primera etapa comenzó en 1996 en La Quiaca y culminó en Mar del Plata, a través de 2400 kilómetros.  " Todo salió como lo había planificado. A la mañana temprano, desarmar la carpa, desayunar, meter todo en el carro, calentar bien el cuerpo y salir.  Al mediodía  una parada  para tomar algo, seguir otros diez kilómetros y ahí  una parada más larga con almuerzo y siesta. Elongar y después la segunda parte del día. El promedio dio cuarenta, pero había días de sesenta.” 

En el año 97, Uruzuna fue por más y se propuso llegar a su ciudad partiendo desde Ushuahia en el mes de junio, en un trazado de 3100 kilómetros, y lo logró, aún con la dificultad de hacerlo en la época más desfavorable , en lo que denominó “Cruce Invernal de la Patagonia”, desafiando  frío, viento, lluvia y nieve. 

Por ese entonces, Hugo Alfonso,  jefe de prensa del Emtur, se enteró que la sede de ese año del Guinness Records estaba en Colombia, entonces se mandó todo  el material que había, filmaciones, fotos y recortes de diarios y terminó convirtiéndose en el Récord de Ultramaratón en Solitario ( 6250 km. ), sumando las dos etapas más los recorridos que fue haciendo al entrar a los distintos lugares para poder abastecerse. “En esa época estaba la fantasía que al entrar en los Guinnes te daban 20.000 dólares, pero yo no recibí nada. Es más, los seis libros que tuve los compré yo, le regalé uno al intendente Elio Aprile, otro al Presidente del Ente de Turismo Carlos Patrani y otro lo llevé a la Embajada Argentina en Canadá.” 

Justamente ese país iba a ser el próximo escenario donde Adrián volvería a concretar otra hazaña. Viajar corriendo pasó a ser un estilo vida, la familia lo empezó a aceptar y él vió que se podía vivir de esto porque en el medio fue conociendo gente que viajaba de diferentes maneras y hacía quince o veinte años que lo hacían. "En ese momento tuve grandes dudas, muchas veces tenía la posibilidad de no volver, me podía quedar trabajando afuera, juntar plata y seguir. Pero tenía el puesto fijo de guardavidas y además estaban mis viejos. No podía tener novia, no podía tener una familia.”  

La tercera etapa fue cruzar el territorio canadiense desde el extremo oeste al este, uniendo Vancouver en la costa del Pacífico con Montreal en la costa atlántica. Partió en junio de 1998 y llegó a fines de noviembre, completando 4800 kilómetros. Para entonces, a sus propios ahorros del verano se sumaban auspiciantes, como los desaparecidos Supermercados Aragone, que le bancaron los pasajes y firmaron un contrato por mil dólares por mes. “Un país hermoso para viajar, organizado, la ruta prolija, la gente muy piola y bien de plata, fue un viaje redondo. En el medio del viaje, Celeste, por entonces mi novia y luego madre de mis hijos, viene un mes y me acompaña unos mil kilómetros en la zona de Winnipeg.” 

Regresaron a Mar del Plata y allí surgió la idea de continuar el viaje alrededor del mundo, pero esta vez viajando juntos. Así fue que partieron en el año 1999 hacia Europa. La nueva etapa arrancó en julio en el extremo norte de Noruega, para luego pasar a Finlandia y Suecia, Adrián con el “patamóvil” y Celeste en bicicleta. En total fueron ocho países del norte de Escandinavia  hasta culminar en Bélgica. Allí se cortó el viaje, pues ya estaban en noviembre y él tenía que volver para trabajar en la playa. 

En el 2000 comenzaron los problemas económicos en nuestro país y comenzó a postergarse lo que en principio habían planeado, que era seguir bajando por el continente europeo para luego continuar por Africa y Asia. Y luego llega Urko, el primer hijo. Adrián y Celeste seguían con su sueño aventurero, pero ahora serían tres. Como prueba piloto, adaptaron una sillita de bebé para colocarla sobre el cajón del “patamóvil” y volvieron a la ruta, esta vez por suelo argentino.

Ese viaje tuvo mucha repercusión, y en cada lugar al que llegaban la gente se acercaba para saludarlos, traerles comida y hacerle preguntas sobre esta experiencia de un matrimonio corriendo junto a su pequeño hijo. “Celeste  se cansó de tanta exposición y en el medio de viaje, cuando llegamos a la Pampa, ella decide parar. Y a partir de ahí nos volvimos los tres, y ya me dediqué a la familia hasta el día de hoy.” 

Al poco tiempo de regresar, la familia se agrandó con la llegada de los gemelos Ekian y Zuri, que hoy tienen 20 años  y están terminando este año la carrera de tecnología de programación y además son atletas, por lo que está la posibilidad de que se vayan afuera, ya que tienen un par de amigos corriendo en Estados Unidos. Con 60 años y sus hijos ya crecidos, el cacique vuelve a sentir ese deseo de continuar saliendo a los caminos.

“El sueño en mí está intacto. El cuerpo obviamente cambia, estoy más gordo, más viejo, más achacoso, con dolores, pero la parte del sueño, lo que me hizo vibrar, lo que me hizo latir hace treinta años atrás, está intacto. Lo sentí cuando iba  a trabajar corriendo o cada vez que salgo por la costa. Hay veces que voy a hacer las compras con el “patamóvil”.

 

“ Entonces, por eso digo, puede estar cerca o no la posibilidad de volver a viajar. Igualmente, de hacerlo lo haría por Argentina. Me quedó la espinita de recorrer los rincones, fuera de las rutas tradicionales,  caminos de tierra, a otro ritmo. Yo antes viajaba corriendo, siempre, pues no caminaba, pues era como hacerme trampa. Y ahora a veces que  salgo, camino. Entonces ese es el sueño actual,  salir  tranquilito y a recorrer todo el país. “ 

Adrián Uruzuna guarda todos los recortes de diarios y revistas que cubrieron sus viajes, con fotos y documentos prolijamente ordenados, y cada vez que se detiene en alguno de ellos para contar alguna anécdota, su rostro se ilumina y le brillan los ojos. Seguramente, a esos albumes con recuerdos que atesora con tanta emoción, le faltan varias páginas por llenar. Hasta dan ganas de gritarle, como a Forrest Gump: “Corre, Cacique, corre!!”  

 

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