2026-01-19

POSTALES DE PROVINCIA

Marisol: la playa donde Maradona fue feliz

La historia del balneario de Coronel Dorrego, entre bandidos rurales y los recuerdos del Diego

Oriente es el pueblo más grande del partido de Coronel Dorrego después de la ciudad cabecera, tiene alrededor de dos mil habitantes, rodeado de buenos campos, por lo que la mayor parte de la gente ha vivido siempre de las actividades agrícolas y del comercio.  Pero desde hace un tiempo se ha empezado a ampliar lo que es el turismo y a unos veinte kilómetros se encuentra una verdadera maravilla: su balneario Marisol. 

Gloria Fernández es martillera pública, tiene su inmobiliaria, este es su lugar en el mundo y se ha encargado de recopilar la historia en un libro de su autoría. 

Marisol arranca con los campos que un hombre de origen francés había comprado con la idea de hacer un balneario  en el sur de la provincia de Buenos Aires, entre Bahía Blanca y Tres Arroyos. Cuando terminó la Segunda Guerra Mundial , en la década del cuarenta y llegó al lugar David Mathov, que ya estaba trabajando con Carlos Gessel cuando Villa Gesell empezó a formarse,  vendiendo lotes. Quiso hacer su propio emprendimiento, buscó hasta que en Oriente vio la unión del río Quequén Salado con el mar y comenzó la aventura.  

Mathov compró siete parcelas de campo en 1948, Geodesia le aprobó el plano del futuro balneario y un año después, el 11  de diciembre 1949  inaugura la playa a la que le pone playa Marisol porque él tenía una inmobiliaria en Buenos Aires con ese nombre. 

El lugar, en realidad, era una planicie muy baja, que cuando había sudestada se inundaba. Aclara Gloria: “ Era un terreno inhóspito, para poder llegar desde oriente hasta el mar solamente se podía a caballo, porque era todo arena viva. Fue un trabajo que llevó casi cincuenta años de forestación, venía gente desde el pueblo en camiones, familias enteras, los fines de semana con una viandita, el mate y una pala en la mano, y a plantar árboles para salvar el balneario, y así fue tomando forma.” 

Hoy, Marisol es el único balneario de la costa atlántica con una playa de casi quinientos metros desde la orilla del mar hasta la primera construcción. “Uno gira 180 grados alrededor en la playa, y no ve construcciones, no ve cemento ni ladrillo. Es todo naturaleza pura. Aquí ves al sol salir y ocultarse en el mar”. Otra particularidad que tiene el lugar es que un estudio que se hizo hace muchos años, es que el agua es más cálida que en las playas que se ubican más al norte de la provincia y no hay piedras en los 52 kilómetros de costa, lo que lo convierte en un lugar privilegiado para la pesca.

El río Quequén Salado, que constituye el límite natural entre los partidos de Coronel Dorrego y Tres Arroyos constituye otro de los atractivos de la zona, con sus cascadas, entre las que se distingue la Cascada Cifuentes, con saltos de casi 7 metros, los más altos de la provincia. Más cerca del balneario, hay otras que esconden una historia particular: la Cueva del Tigre. Está justo a mitad de camino entre Oriente y Marisol y su nombre viene del apelativo de un cuatrero de fines del 1800, llamado Pascual Pacheco, oriundo de Toay, La Pampa.

Él había sido criado por una familia cerca de Palermo en Buenos Aires, había tenido un entrevero en alguna pulpería o en algún lugar, había tenido un entrevero y había una muerte de la que lo estaban acusando. Aprovechando un arreo de ganado hacia esta zona, escapa junto a los troperos para tratar de localizar a una familia que el conocía, los Zubiaurre, que eran dueños de todas las tierras del lugar. 

Al llegar al Quequén Salado, el único lugar por donde se podía cruzar era el llamado “Paso del Médano”, adonde Pacheco llega enfermo. Allí, en las orillas encuentra una cueva natural, se guarece y se queda ahí viviendo.  A partir de entonces, aprovechaba la pasada de tropas y carruajes y robaba hacienda, comía y vivía del producto de sus andanzas.  

Fue muy buscado en toda la zona y un policía, al que llamaban "El Gorra Colorada" de Bahía Blanca, lo sigue, y por el perro lo encuentra en la cueva, muy enfermo. Lo llevan preso y poco después el escritor Eduardo Gutiérrez le hace una entrevista de donde luego escribe el libro que cuenta la historia del Tigre del Quequén. Y en la barranca del río quedó la cueva que se puede visitar, como un sitio de interés histórico de aquellos tiempos de los bandidos rurales. 

 Volviendo al balneario, su tranquilidad y el encanto del paisaje han sido atractivos para que distintos famosos lo hayan elegido para tomarse unos días de descanso. Manu Ginóbili, Graciela Alfano, Luciano Pereira, Rosana Falasco, Jonny Tedesco son algunos de ellos. Hasta Pappo llegó a tocar en un boliche bailable que había allí. 

Pero sin dudas, el visitante que hizo conocido el nombre de Marisol en el mundo fue quien en 1992 se instaló en sus playas durante todo el mes de febrero: Diego Armando Maradona. Por ese tiempo, los 80 habitantes que vivían en el lugar lo pudieron disfrutar como si fuera un vecino más. Cuenta Gloria: “El fue una persona que se brindó a todos, y tuvo un gesto muy noble también de colaborar. Entre la gente que lo vino a saludar, un día llegaron desde De la Garma, una localidad cercana del partido de Tres Arroyos, y le dijeron que les gustaría organizar un partido a beneficio del club al que pertenecían, para poder terminar su predio deportivo. 

Y ahí nomás, junto a Pablo Bahía, un vecino del que se hizo muy amigo, armaron un equipo con otros chicos del pueblo y viajaron a jugar ese amistoso. Ese histórico 25 de febrero de 1992, Diego brilló en la cancha del Club Deportivo Agrario, que se convirtió en el primer estadio del país en llevar su nombre. 

Después, con el mismo equipo, al que el Diez bautizó “Los Amigos de Marisol”, hicieron otro partido en la cancha del club Quequén de Oriente, a beneficio del geriátrico local que hoy tiene una sala que se llama Diego Maradona. Y luego realizaron otro encuentro en la cancha de  El Nacional de Tres Arroyos, para juntar fondos para un hogar de día  para personas con discapacidad de la Asociación “Caminemos Juntos”. 

Maradona adoptó a las familias de Pablo Bahía y los Iribe como propias y compartió con ellos comidas, jornadas de pesca y caza y hasta cumpleaños familiares. "El estaba acá todo el día en el río, se había traído dos motos de agua y pasaba todo el tiempo en el río o en el mar y a la moto subía a cualquiera, jugaban a la pelota en la arena, se lo veía pleno.” 

Del paso de Diego por Marisol quedan miles de anécdotas. Gloria rescata dos poco conocidas. “Había un cantante acá que murió, muy reconocido, se llamaba Carlitos Pugliese. Él lo escuchó cantar en Magoya, un boliche bailable y a partir de ahí empezaron a tener una conexión, después anduvieron recorriendo otros lugares, y cuando se fue, viajó a Tres Arroyos y le compró un órgano grande porque el que tenía Carlos era chico, para que pudiera seguir cantando”.  

Otra hermosa historia tiene como protagonista a un chico con Síndrome de Down del pueblo que  trabajaba en una panadería, al que todo el mundo conocía como Pedrito.“ Un ser amoroso, cariñoso y sonriente, alegre, divino, y además, fanático de Maradona”. Apenas lo conoció, el Diez se encariñó con él. 

“Tuvieron tanta afinidad que cuando Diego iba a algún lado, por ejemplo,  a ver a Carlitos Pugliese cuando tocaba en Tres Arroyos, lo iba a buscar a Pedrito a la casa y le pedía permiso a la mamá, lo llevaba y lo traía.” 

Gloria Fernández estuvo recolectando durante más de treinta años información sobre cada una de las historias del lugar y como ella misma dice, sin ser escritora armó su libro para que cada tema tenga su capítulo y se perpetúe en el tiempo. Se llama “Balneario Marisol: de la nada al paraíso” y se puede pedir a través de las redes sociales.  

Apasionada por su tierra, Gloria es la impulsora con el apoyo de comerciantes y vecinos de la página web donde se pueden encontrar todos los datos de interés del lugar: www.balneariomarisol.com  

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