POSTALES DE PROVINCIA
Villa Epecuén: el encanto de un pueblo fantasma
En el oeste de la provincia existe un lugar de aspecto fantasmal que encierra una historia muy particular. Villa Epecuén fue un pujante pueblo turístico del partido de Adolfo Alsina que supo de décadas de esplendor pero que en 1985 fue escenario de una tragedia singular: quedó sumergida bajo las aguas tras la rotura de un terraplén y hoy, cuarenta años después, se ha convertido en un fascinante paisaje que asombra a quienes lo visitan.
La laguna Epecuen contiene agua del tipo minero- medicinal- hipotermal , una gran concentración de minerales, alta flotabilidad lo que permite relajar el cuerpo y es hipotermal porque su temperatura es la del ambiente, sin necesidad de elevarla artificialmente. Es un agua de características únicas en la Argentina y Sudamérica, de características similares a la del Mar Muerto de Israel.
A fines del siglo XIX Carhué comenzó a hacerse conocido por dos cuestiones: como destino turístico por sus aguas termales y por los minerales que podían utilizarse en la industria de la época. El sulfato de sodio era muy útil para la fabricación de vidrio y de jabones y marcas muy conocidas como Rigoló o Duperial se proveían del mineral que abundaba en las orillas de la laguna y cuya explotación generaba muchos puestos de trabajo.
En forma paralela, la clase alta de Buenos Aires comenzó a elegir el lugar para el descanso y los tratamientos terapeuticos y comenzó a crecer la actividad turística lo que logró que durante años se convirtiera en una competencia de otros atractivos ubicados en la costa atlántica, sobre todo Mar del Plata. Para 1911 llegaban a la laguna tres líneas de tren: el Ferrocarril El Sur, posteriormente llamado Roca, el Ferrocarril Oeste ( luego Sarmiento ) y el Ferrocarril Mitre.
Según la época, la laguna llegó a tener hasta diez veces más concentración de sal que el mar. A fines del siglo XIX, principios del siglo XX se registraban 380, 390 gramos de sales por litro de agua. Después fue variando de acuerdo al ciclo hídrico de la provincia de Buenos Aires, pero esta característica lo convirtió en un flotario natural. Esto despertó la idea de registrar un récord Guinness, que fue lograr la mayor cantidad de personas flotando el unísono durante dos minutos. La hazaña, que aún no ha sido superada se logró en el año 2017 donde hubo 1941 personas flotando al mismo tiempo.
Sergio González es guía de turismo y conoce cada detalle de la historia del lugar. “La Villa turística se ubicó a seis kilómetros de Carhué y sobre el margen de la laguna. ¿Por qué se ideó tan cerca un pueblo del otro? Es porque los turistas desde 1900 a 1921 se alojaban en la ciudad cabecera, les quedaba muy lejos la laguna, el transporte era engorroso y no había ningún tipo de infraestructura en el lugar donde iban a tomar los baños. Por eso en 1921 se desarrolla un balneario y un año después se realiza un loteo inmobiliario. Ahí nace como una villa turística aristocrática hasta con la presencia de una princesa francesa, va creciendo y transformando hasta llegar a la década del 50 y 60 donde comienza a predominar el turismo de clase media.”
Villa Epecuén era única en gran parte de la región y tenía una vida nocturna y social prácticamente como ningún pueblo en la provincia. A pesar de ser un lugar ideal para poder desarrollar turismo, fueron transitando por distintos inconvenientes a través de su historia. Uno de los inconvenientes más severos, sobre todo en la década del sesenta, fue la sequía, que hizo que los visitantes tuvieran que trasladarse unos ochocientos o mil metros para llegar al agua, con dificultades, entre la sal y el barro.
Eso hizo que los mismos pobladores de la región pidieran obras para mejorar la cantidad de agua que tenían las lagunas encadenadas del oeste. Esa famosa obra es un canal llamado Florentino Ameghino que lo que hacía era unir todos los arroyos de Sierra de la Ventana que tenían como destino al mar, para que ese agua volviera a alimentar la cuenca y evitar que las lagunas se secaran. Es decir, derivaron agua con salida al mar a un lugar que no tenía salida. Ese fue el principio de la catástrofe.
Empezó el ciclo húmedo y como el canal estaba inconcluso y no tenía gran posibilidad de frenar las aguas, de 600 milímetros anuales se pasó a más de mil en la década del 70. Eso se repitió a través de los años y eso empieza a hacer que el agua empiece a derivar hacia la cuenca cerrada, donde el último eslabón es la laguna Epecuén.
A la provincia de Buenos Aires le comienza a ingresar agua del norte, una inundación por el Río V de Córdoba entrando por la Pampa y entra agua por el Delta del Paraná al norte de la provincia de Buenos Aires. Ese agua tiene que irse al mar por el río Salado, que empieza a desbordar y parte de ese caudal deriva por gravedad a la parte más baja de la región hacia esta cuenca de lagunas terminando frente a la Villa Epecuén.
El pueblo se defendió con un terraplén de tierra y piedra que aguantó hasta mediados de los 80. Después de fuertes vientos y grandes cantidades de agua que seguían entrando a la laguna, terminó el 10 de noviembre de 1985 colapsando e ingresando agua al pueblo como depositario final. Es decir que gran parte de la villa estuvo sumergida más de veinte años en agua salada.
“Se dieron diez días como límite para abandonar el pueblo. La primera noche hubo dos, tres manzanas de inundación, para el día diez ya estaba casi todo cubierto.” Quedaron bajo el agua hoteles, clubes, restaurantes, casas de familia, la delegación municipal, la comisaría, la sala de primeros auxilios, el correo, por lo menos el noventa por ciento de elegido urbano.
Una de las pocas cosas que sobrevivió a la inundación fue la estación del ferrocarril, ubicada a unos dos kilómetros de la orilla. No era casualidad. Los ingleses habían llevado al ferrocarril hasta ahí en la década del veinte y habían aconsejado con sus ingenieros construir el pueblo más atrás.
En ese momento había unos 1300 habitantes fijos pero tenía unas 6000 camas para alojar turismo. Para tomar dimensión de lo que se perdió, hoy Carhué unas 2600 plazas hoteleras, menos de la mitad de lo que la villa ofrecía en los 70.
Después de la fatídica fecha cuando colapsó el terraplén, el agua siguió entrando a la laguna logrando su altura máxima en 1993. Esto hizo que además de la villa, quedara sumergido el cementerio. “A todo el dolor de perder una villa turística, perder fuentes laborales, perder tu casa, lo que le pasó al habitante de Epecuén fue tener el dolor de perder tus recuerdos familiares y hasta el lugar donde descansan tus seres queridos. Es por eso hoy ese lugar es algo muy respetado y cuidado.”
Con el paso de los años las aguas volvieron a su nivel normal y las ruinas de lo que fuera un verdadero paraíso vacacional se ha transformado en un atractivo turístico con paisajes que parecen salidos de una película apocalíptica. Se pueden recorrer las calles enmarcadas entre árboles secos y blanqueados por la sal e ir reconociendo cada uno de los espacios que despiertan nostalgia en aquellos que lo conocieron y asombro en los que tratan de imaginar como eran esos lugares donde había tanta vida y hoy solo quedan escombros.
Dice Sergio : “Cuando vos estás en Epecuén, por más de que eso ya es tierra fiscal, no estás haciendo otra cosa que estar en la casa de las personas que tuvieron que abandonar su lugar. Para quienes vivieron allí esto siendo su casa, sigue siendo su pueblo, su pertenencia. Este es un sitio de reflexión, un sitio de interés turístico que vale la pena visitar para que las personas entiendan que no se puede hacer lo que uno quiere, no se pueden hacer las cosas sin planificar y no se puede sobre todo subestimar el poder de la naturaleza y de Dios.”
El célebre arquitecto Francisco Salamone realizó en el partido de Adolfo Alsina tres obras importantes: el Palacio Municipal, el Cristo del Camino, ubicado sobre el camino que une la ciudad con las ruinas y el Matadero, que también sufrió la inundación y hoy es uno de los lugares más visitados por aquellos que se acercan a este paraje que parece de otro mundo.
Varios artistas han elegido las imágenes surrealistas que ofrece la villa para realizar producciones audiovisuales, entre ellos Abel Pintos, Axel y el Indio Solari y los Fundamentalistas del Aire Acondicionado. También allí se han rodado películas de ficción y documentales. Uno de ellos, producido por la marca de bebidas energizantes Red Bull, muestra al campeón mundial de BMX Danny MacAskill haciendo acrobacias con su bicicleta por las calles del pueblo.
Sergio Gonzalez sintetiza el encanto que despierta este lugar y su historia con un lema que surgió de un trabajo realizado por dos profesionales de la carrera de turismo de la Universidad Nacional de Mar del Plata :” La belleza de lo distinto.” Las malas decisiones de los humanos modificaron lo que la naturaleza había creado y surgió como resultado un espacio totalmente diferente a lo conocido.
La localidad de Carhué celebra en el mes de enero la Fiesta Nacional del Turismo Termal desde hace 23 años, junto al aniversario de su fundación.