POSTALES DE PROVINCIA
Rodrigo Cunqueiro: el "Messi" de los semáforos
Aquellos que transitan las calles de Mar del Plata suelen sorprenderse cuando el semáforo de Saavedra y la costa se pone en rojo y de repente un hombre delgado, de rulos y con ropa deportiva se planta delante de los autos y comienza a hacer maravillas con cinco pelotas de fútbol que en sus manos parecen flotar en el aire. Se llama Rodrigo Cunqueiro y es un artista callejero de 43 años nacido en Balcarce y radicado en Mar del Plata desde los 20. Su vínculo con la ciudad viene desde la infancia, ya que sus abuelos maternos vivían allí, lo que hizo que siempre se sintiera cercano a la ciudad feliz.
Antes de dedicarse al arte, su gran sueño era ser futbolista, pero con el tiempo entendió que no iba a poder concretarlo. Luego trabajó en empleos como frigoríficos, donde sentía un fuerte vacío personal. Ese quiebre fue clave: buscaba algo que le diera sentido a su vida y lo encontró en los malabares, una disciplina que descubrió a los 28 años gracias a un amigo que lo introdujo en el ambiente callejero.
“Con el tema del fútbol se me pasó el tren, y cuando trabajé en relación de dependencia me sentía vacío, hasta que viendo a un amigo comencé con esto y traté de ir perfeccionandome cada vez más.”
Aprendió de manera autodidacta, practicando durante largas horas con gran obsesión por mejorar. Su motivación era clara: quería ser el mejor. Comenzó con pelotitas, pero rápidamente incorporó su amor por el fútbol, lo que lo llevó a desarrollar un estilo propio utilizando pelotas número cinco. Esto le permitió destacarse, ya que no es común realizar malabares con objetos tan grandes y pesados. Con el tiempo logró dominar rutinas con hasta cinco pelotas, lo que requiere gran coordinación, fuerza y entrenamiento constante.
Su trabajo principal sigue siendo en los semáforos, donde llegó a trabajar hasta ocho horas diarias en su juventud y hoy mantiene jornadas de alrededor de cuatro horas. Allí no solo realiza su arte, sino que también construye un vínculo con la gente, a quien considera fundamental en su crecimiento: al principio, aunque su nivel era bajo, el apoyo del público le permitió seguir adelante. También reconoce que no siempre es fácil, ya que convive con reacciones negativas de algunas personas.
“Me di cuenta que cuando mejor era mi técnica, la gente lo valoraba más, entonces me dije tengo que ser cada vez mejor y mostrar un espectáculo que no exista, que no lo tengan, cosa de que la gente se sorprenda y sientan desde el corazón, darme y colaborar conmigo. Obviamente que siempre te encontrás con alguna persona que no está en su día y se te enoja, se piensa que vos el psicólogo, se la agarra con vos porque te cruzó ahí.”
Además de los semáforos, empezó a generar contenido en redes sociales, lo que le abrió nuevas oportunidades. Rodrigo también se hizo viral en redes por responder con humor a quienes desvalorizan su trabajo, por ejemplo, cuando le gritaron “andá a agarrar la pala”. Lejos de enojarse, pidió prestada una pala a un ferretero amigo y se grabó haciendo malabares con las pelotas de fútbol mientras la sostenía haciendo equilibrio sobre su pera.
Además de actuar en la calle, participa en eventos privados y empresariales, aunque no de manera constante. Uno de los momentos más destacados de su carrera fue su participación en espectáculos internacionales: tras el Mundial de Qatar 2022, fue convocado para integrar un show en Medio Oriente (Arabia Saudita), donde durante varios meses trabajó junto a otros artistas urbanos como skaters, bikers y bailarines. Allí experimentó un fuerte contraste cultural, especialmente en países donde el arte callejero aún no está tan desarrollado.
En el plano personal, es padre de dos hijos pequeños y el principal sostén económico de su familia, ya que su pareja se dedica a las tareas del hogar. Aunque logra cubrir sus necesidades, reconoce que vive sin lujos y con esfuerzo diario.
“Hay algunos que piensan que esto no es un trabajo. Para mí, la realidad es que me costó más esto, que el trabajo en los frigoríficos. Lo que tiene esto es que es infinito, primero porque amo la pelota de fútbol, no sé qué tengo, que la veo girar y corro, es como que me gana. Y después es infinito porque practicas todos los días algo que no sabe hasta donde podes llegar, todos los días es algo nuevo.”
Finalmente, su mayor anhelo es dar un salto profesional: dejar el trabajo en semáforos y formar parte de una compañía artística, espectáculos en hoteles, cruceros o producciones internacionales que le permitan tener mayor estabilidad, mejores condiciones de entrenamiento y seguir creciendo en su arte.
La vida de Rodrigo Cunqueiro va mucho más allá de un personaje haciendo girar cinco pelotas en el aire, su historia refleja perseverancia, reinvención personal, amor por el fútbol transformado en arte, y una fuerte convicción de que siempre se puede encontrar un camino propio, incluso comenzando desde cero.