lunes 23 de febrero de 2026
Publicidad

POSTALES DE PROVINCIA

Una casa de Quilmes entre las diez más raras del mundo

Una construcción hecha con más de 3 millones de botellas y 30 años de trabajo
viernes 18 de julio de 2025

La "Fortaleza de Vidrio" se llama una particular casa propiedad de Rubén “Tito” Ingenieri, un hombre que se autodefine como obrero del arte, autor de esculturas en hierro que embellecen los paseos de la zona donde el decidió vivir: Quilmes. Esta vivienda, considerada entre las diez casas más raras del mundo, fue construída en la zona del balneario, a pocos metros del río, utilizando como principal elemento, nada menos que 3.700.000 botellas.  

Tito nació en Mataderos, pero desde los 8 años su vida se trasladó a ese sector de la costa quilmeña, a una pequeña casita de fibrocemento en un terreno propiedad de su padre. Como el lugar era bastante precario, decidió construir su hogar, pero no contaba con dinero para invertir en ladrillos.  

El mismo cuenta como surgió la idea: “Me di cuenta que lo que más tira la gente son botellas, así que pensé que pegándolas con arena, cemento y ceresita se podían levantar paredes. Hablé con un arquitecto amigo mío para que me asesore y empecé a hacer toda una estructura abstracta, porque la casa no tiene por qué tener una forma clásica."

"Como soy soldador, primero hice toda una estructura de hierro con muchas tramas, puse ventanas que eran ruedas, empecé a hacer algo sólido para que la pared no se vaya a caer. Y bueno, la mezcla lleva dos baldes de cemento y cuatro de arena. Al tener una estructura sólida, primero se pone el techo porque después se puede golpear muy poco. Y a partir de ahí arranque a pegar las botellas para levantar las paredes, de a treinta centímetros lineal o radial por día y dejar fraguar dos días.”  

La construcción le llevó más de 30 años y hoy es el refugio que comparte con su mujer, una ex empleada del poder judicial que además es licenciada en artes visuales. Allí mismo funciona el taller donde sigue dando rienda suelta a su imaginación para crear desde el hierro y la chatarra esculturas que hasta han trascendido las fronteras del país. 

“Yo me definiría como un obrero de arte, el artista es otra cosa, el artista es respetado pero tiene ese concepto de que el público está obligado a ir hacia él. Yo creo que es más fácil llevarle el arte al público.” En Quilmes hay unas 27 obras de Ingenieri en distintos paseos. Seguramente la más conocida es el monumento al Indio Kilme, en la costanera, pero también estan Los Bomberos de Bernal, Juan Manuel de Rosas, Simón Bolívar, Los 4 jinetes del Apocalipsis y un Cristo.  

“A mi me ayudó mucha gente, tuve buenos mecenas que se la jugaron y me fueron dando una mano, me compraron herramientas, hierro, tus locuras para que trabaje. Pero trabajás, entonces debo mucho a mucha gente y siempre agradezco. Nunca llega uno solo.  En la vida tuve mucha suerte no me puedo quejar, no tuve plata pero la suerte supera la plata.”  

Su principal inspiración fue la obra de Julio Verne, que leía de chico y una de sus primeras obras fue el “Nautilus”, la nave de 20000 leguas de viaje submarino. “Ahora lo voy a hacer de vuelta con botellas, con treinta seguidores, como le llamo a aquellos que van a aprender conmigo al taller. Va a ser como una casa de quince metros que será una galería de arte para público libre, cualquiera puede poner lo que quiera.” 

Otro de los espacios de la Fortaleza es el faro que tiene veinte metros de altura, inspirado en el faro del Fin del Mundo. Es un hexágono para que rompa el viento de sesenta kilómetros que viene desde el río. La ubicación de los picos de las botellas y el efecto del viento hace que por momentos el faro produzca un silbido muy particular. 

Pero esta casa de botellas no fue la primera vivienda extravagante que tuvo Tito. “ A los dieciseis años me fui de mochilero, anduve por Bolivia y Perú y me hice amigo de dos norteamericanos que fueron corresponsales de guerra en Vietnam. Caí preso y me tuve que venir, pero como no quería volver a la casa de mi mamá, con mis amigos me fui a un terreno que había aquí cerca, con mucha vegetación, y me hice una casa en un árbol y viví ahí hasta los veinte años que me toca el servicio militar obligatorio. Cuando volví, no quedaba nada ni de la casa, ni del árbol.” 

 

Entre miles de anécdotas, una de las más increíbles surgió a causa de un asalto que sufrió en su casa. Un día que regresaba de comprar una garrafa, se encontró con dos ladrones que a punta de escopeta se llevaron todo lo que tenía, hasta la ropa y el colchón. Lejos de asustarse, a Tito se le ocurrió una idea genial. “Hablo con un amigo carpintero y le digo me tenés que hacer un ataúd. ¿Qué te vas a morir?  No, lo necesito para dormir. Lo convencí y se lo cambié por unos pájaros de hierro que él quería tener.” 

“Hicimos un ataúd alto y ancho con una tapa que de día era la mesa y de noche yo me metía adentro, hice una colchoneta con unos sacos que mangué a mis hermanos y una frazadita que cosí toda a mano. Adentro le metimos todos unos círculos para respirar tranquilo y mi gato dormía los pies, o sea que calentito estaba. A partir de ahí nunca se volvió a meter nadie. Se ve que veían el ataúd y rajaban. “  

Más allá de lo pintoresco de la casa de botellas, Tito Ingenieri tiene un sueño y sigue luchando por él: “El mensaje real de la casa es que la gente la copie y deje de vivir tan pobremente y no esté esperanzado en que el Estado le va a regalar una casa ya armada, porque el desafío es hacerse uno su propio cobijo, el lugar donde llevar adelante cada minuto de su vida.” 

Le ha acercado su técnica de construcción a distintos funcionarios, con la intención de que en tierras fiscales se puedan desarrollar proyectos comunitarios, pero más allá de que le han mostrado interés, nunca se hizo nada.   

“Yo les quería enseñar la técnica en esas tierras fiscales, antes que hagan tristes asentamientos. Yo pienso en todos esos muchachos jóvenes que duermen abajo de un puente y creo que la misma intensidad de tiempo que invierten en buscar como cubrirse para no morirse de frío es la misma intensidad de tiempo que necesitarían para crear la casa con pocas cosas. Pero parece que a los políticos no les interesa mucho.”  

Temas de esta nota