lunes 23 de febrero de 2026
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POSTALES DE PROVINCIA

Las amazonas de Mar del Plata

La historia de dos mujeres que recorrieron casi 2000 kilómetros a caballo
domingo 31 de agosto de 2025

En el año 2018, dos marplatenses decidieron embarcarse en una aventura llena de desafíos: unir su ciudad con Lago Puelo, en la provincia de Chubut. María Bruzzone había planificado con su amigo Gustavo Lopez Larripa, oriundo de Balcarce, un viaje a Bariloche a caballo desde Mar de Plata. Por cosas de la vida él no pudo ir y María terminó haciendo el viaje con una prima hermana, Laura Pecoraro, surfista pero que sabía andar a caballo y no dudó, dejó las tablas y salieron las dos solas sin apoyo logístico, sin camionetas acompañando ni nada, cinco caballos criollos, cuatro montados y el quinto de “pilchero”, con la ropa y las cosas necesarias para el viaje.  

“La idea fue no agarrar por rutas, sino caminos internos, atravesar campos con permisos obviamente y así fue que fuimos para el lado de la laguna La Brava, de ahí rumbeamos hacia Balcarce siempre durmiendo a la vera del camino o en algún montecito que nos dejaban o alguien que nos prestaba por ahí un dormitorio de los hijos que se habían ido a estudiar, así dormíamos, Laura en carpa y yo en el recado, me gusta desarmar mi recado, ponerlo entre los pastitos buscando que no haya viento y ahí con mis mantas taparme y listo.” 

María es hija de Alberto Bruzzone, uno de los artistas plásticos más reconocidos de nuestro país, y ella fue la encargada junto a su madre Magdalena Konopacki y la familia de compartir la obra de su padre en la famosa casa museo que funcionó durante años en el barrio El grosellar de Mar del Plata. A pesar de criarse entre pinceles y bastidores, la pasión por los caballos estuvo siempre. 

“Evidentemente, la memoria genética existe porque por el lado de la familia de mi madre en Polonia tenían campo, tenían caballos, unas tías abuelas mías se disfrazaban de hombre con documento falso para poder correr carreras a caballo porque estaba prohibido que corrieran mujeres. Mi abuelo era del ejército de caballería de Polonia, y yo siempre desde chica me las ingenié para estar rodeada de caballos. Desde los doce años dibujaba alforjas en una montura y tenía idea de viajar a caballo.” 

La proeza de otra mujer, nacida en Lobería, fue la inspiración para realizar esta travesía. “Un día descubrí a Anna Becker, una mujer que viajó a caballo desde Buenos Aires hasta Canadá entre 1950 y 1954 y que había escrito el libro “Amazona de las Américas”. Conseguí el libro y lo devoré, lo leí diez veces y dije si esta mujer pudo hacerlo, como no voy a poder llegar hasta lago Puelo? Yo viví cinco años en Lago Puelo, ahí tengo una chacrita, un ranchito, así que eso fue lo que me movió y me hizo pensar que no era una locura lo mío, que era factible.” 

El viaje de María y Laura comenzó en los primeros días de octubre del 2018. “Fueron 1900 kilómetros porque no buscamos el camino corto, buscamos el mejor camino por el placer de hacerlo. Tardamos dos meses y una semana: quince días a Sierra de la Ventana, otros quince hasta Río Colorado y dos meses exactos hasta Bariloche, no entramos a la ciudad porque cruzamos a través de las montañas hasta el lago Puelo. Entonces completamos dos meses y una semana y el ritmo que hicimos fue según el camino. Hay lugares que podés avanzar solo veinticinco kilómetros por día y otros en que podés hacer cincuenta. No teníamos fecha de llegada, fuimos respetando el ritmo de los caballos, cuidándolos muchísimo porque nosotras elegimos viajar pero ellos no, entonces merecían todo nuestro respeto.” 

Seis caballos fueron también responsables de esta hazaña: el “Colo”, “Dulce de Leche”, “Pascual”, que se lastimó una pata y fue reemplazado por “Treinta y ocho", “Pepino” y “ Emma”, la yegua pilchera. 

Los caballos salieron de acá en muy buen estado y llegaron allá igual o más gorditos, igual que nosotras, porque la gente en el camino nos convidaba tortas fritas, cordero, fue increíble. Siempre primero era que el caballo tuviera agua y comida, que por suerte nunca nos faltaron. Creemos haber viajado con la bendición de la naturaleza porque llovía antes en el lugar hacia donde nos dirigíamos.” 

En dos meses y medio los caballos durmieron solamente tres noches atados, el resto de los días conseguimos para armarles un corral con las sogas o un corral que nos prestaron, eso hace mucho al descanso del animal. Nosotras teníamos en las alforjas algunas cosas que no pesaran porque también hay que tener en cuenta que no se puede llevar mucho peso, entonces llevamos polenta, frutos secos, cebolla, ajo, algunas manzanas, e íbamos reponiendo en el camino.”  

De esta travesía quedaron vivencias de todo tipo, desde las divertidas hasta las peligrosas. “Pasamos por el Cuy, un pueblito perdido en la meseta patagónica donde justo habían organizado una fiesta para unir a la gente porque había habido problemas con unos pumas que se comieron todas las ovejas de la gente, entonces había muchos enojos y mucha tristeza, así que entonces hicieron esa fiesta y empezó a venir gente de todos lados.” 

“Sin querer nos convertimos en una atracción, dos rubias a caballo que aparecieron allí desde tan lejos. Nosotras también tuvimos problemas con unos pumas, que nos hicieron perder unos caballos y lastimaron a otro cuando pasamos por un lugar que se llama naciente del río Chubut en medio de la Cordillera.” 

Desde la llanura bonaerense pasaron a recorrer el valle rionegrino, la soledad de la meseta patagónica para terminar entre las montañas. Pasaron por lugares desolados y fueron recibidas por líderes de pueblos originarios. “Fuimos a Mencué, otro lugar increíble donde lo que existe es un pueblo que medio fantasma porque los niños no viven ahí, sino que empiezan las clases y ellos se quedan todo el año en la escuela viviendo y vuelven en vacaciones. Son lugares muy particulares, con una cultura muy distinta, muy buenos, muy generosos.” 

“Nos vino a ver el lonko de Blancura, un lugar de una comunidad mapuche, hablamos muchísimo, estábamos atravesando su territorio y querían saber quiénes éramos, nos terminaron dando la bendición para continuar el viaje. Fue hermosísimo hasta llegar a Comallo, el lugar más frío de todos, donde tuve que dormir hasta con las alpargatas puestas.  Y ya después de ahí a Pilcaniyeu para después ir bajando hasta Lago Puelo en Chubut”.  

María Bruzzone rememora esa experiencia como un hito importante en su vida, mientras ya sueña con el próximo viaje a caballo que ya está planeando junto a Gustavo, con quien se casará en diciembre. 

“Me dejó un estado de paz interna increíble, el darme cuenta lo maravillosa que es la gente, la solidaridad, lo poco que necesitas para ser feliz y dejar ese mensaje. Yo no tengo veinte años, hoy tengo cincuenta y ocho, soy madre de cuatro hijos, abuela, trabajo, yo no soy millonaria, siempre podés hacer lo que soñás, es simplemente tomar la decisión.”  

“Uno tiene que darse el permiso, porque nadie te lo va a dar. Nadie te va a decir agarra el caballo y andate, tomá hacelo, planificalo. Uno tiene que decidirlo, la vida es hoy y hay que vivirla. Siempre es hoy.” 

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