lunes 23 de febrero de 2026
Publicidad

POSTALES DE PROVINCIA

Los Salieris de Vito Dumas

La aventura del velero marplatense que navega alrededor del planeta
domingo 21 de septiembre de 2025

El velero se llama San Gabriel, fue hecho en Estados Unidos hace unos cuarenta años, tiene dieciocho metros de largo y veintiocho toneladas de peso. Para la época en que se hizo era un velero de lujo, con cuatro camarotes, tres baños, una cocina amplia y un motor potente para cuando se lo necesita, generalmente para salir y entrar a puerto o para cuando no hay viento. Su propietario y capitán se llama Mariano Arbelaiz y de la mano de un grupo de marplatenses está cumpliendo el sueño de dar la vuelta al mundo. 

Carlos Lugea es un destacado deportista siempre ligado al patín carrera, comenzó a competir a los 13 años, integró y dirigió la selección argentina y fue entrenador de campeonas como Nora vega y Andrea González. Carlos y Mariano se conocieron haciendo un curso de piloto en la Universidad de la Prefectura Naval en Buenos Aires y allí nació la amistad y el amor por el mar. “Empecé a navegar en el año 65 en el Club Náutico y me enamoré de la navegación”. Su dilatada trayectoria en el deporte lo mantuvo alejado, pero el mar siempre estaba en su cabeza, así que en los noventa volvíó a los veleros, hizo todos los cursos y se construyó su propio barco, que se llama por supuesto, “Patinador”. 

Para el comienzo de esta travesía se hizo previamente un recorrido el ante año pasado a Brasil de tres meses para ver virtudes y defectos de la embarcación, se corrigieron y quedó listo para comenzar esta aventura. El 28 de enero del 2024 iniciaron la navegación hacia Natal, en el norte de Brasil, donde llegaron a mediados de abril. 

Allí estuvieron esperando unos cuantos días porque tuvieron problemas con el clima y el diésel que venden en Brasil les tapó todos los filtros de combustible. Solucionados los inconvenientes comenzó la travesía del Atlántico, con una tripulación conformada por el capitán, Carlos, Daniel Soria y Hernán Tugores. Tardaron quince días solamente viendo agua, hasta el archipiélago de Cabo Verde en el norte de Africa, de allí siguieron con dirección a Canarias, luego la isla de Madeira y finalmente pudieron entrar a Marruecos. ”Ahí nos quedamos unos días, pudimos ducharnos con agua caliente y lavar la ropa, pues veníamos saladitos y grasosos después de dos semanas en alta mar.” 

Luego cruzaron hacia el Mediterráneo por Gibraltar, y se quedaron un día en Algeciras, escapando de las orcas."Esa semana hubo muchos ataques de orcas, habían hundido dos veleros. Le muerden el timón, le entra agua y se hunden, rompen siempre lo mismo. Hay una orca que se conoce, se llama Gladys, la tienen identificada por las manchas, y está entrenando a orcas más chicas, las lleva y destruyen los timones de los barcos.”  

Carlos cuenta como orientarse en medio del océano. “Hoy tenés GPS, el día que te lo apagan se pone complicada, pero teníamos el sextante,  Mariano y yo somos pilotos de Yate y sabemos usar ese instrumento como se navegaba años atrás, donde podés calcular la longitud y la latitud,  pero hoy es muy difícil que te quedes sin electrónica. En el velero  tenés que manejarte con el viento, ver cuál es el más conveniente y combinarlo un poco con la corriente marina que tenés en ese momento.” 

Estuvieron cinco meses recorriendo el Mediterráneo, al que Carlos define como bonito y muerto. “ Yo soy fanático pescador y nos tiramos a bucear bastante, y es lamentable que te tires a bucear y no veas vida. Vas al puerto y te das cuenta que con las redes que pescan van depredando la fauna, sacan peces muy chicos y han ido destruyendo todo el fondo marino y el ecosistema. Y las autoridades no hacen nada.”  

“Para el regreso a América teníamos que estar en noviembre porque vos tenés un período donde no hay huracanes para cruzar el Atlántico y en pleno verano del hemisferio norte es complicado. Por eso antes de esa fecha se hace un cruce en grupo, se juntan casi doscientos veleros en  la isla de Cabo Verde y todos cruzan juntos.” 

El regreso tuvo una tripulante inesperada. “Mi señora que a gatas nada,  se me apareció cuando estábamos en España, y un día me dijo qué te parece si me vuelvo con vos y yo creía que me estaba cargando. Mariano  dijo: Sí, que suba, sí se la banca y bueno, ahí se subió e hizo el primer tironcito que eran dos días desde el pueblo hasta Gibraltar, después a Canarias y luego a Marruecos. Le ofrecimos dos veces para que se bajara y se volviera en avión, pero quiso seguir y nos acompañó los quince días que tardamos en llegar al Caribe, como una duquesa.”  

En Curazao Carlos se bajó del barco con su esposa y se volvió a Mar del Plata después de un año de navegar, para reencontrarse con sus cinco nietos. “Lo más triste para mí del viaje es que cuando me fui me tuve que despedir de mi mamá que tenía noventa y cuatro años. Sabía que no le iba a ver de vuelta, eso fue lo más complicado.” 

En Panamá se conformó la nueva tripulación del San Gabriel: Mariano Arbelaiz, Facundo que es su sobrino, Javier Guidoti, Gabriel el reportero gráfico Francisco “Kito” Méndes.  

Cuenta Kito:“ Yo empecé a navegar post pandemia, después de conocer la historia de Juan Manuel Ballestero, el marplatense que cruzó el Atlático en velero para venir a ver a su padre. Hice el curso de timonel y después el de capitán. Lo máximo que había hecho yo fue Mar del Plata-Piriápolis en dos oportunidades y esto salió así medio de sorpresa, ir a Panamá, cruzar el canal y atravesar el Pacífico. Me avisaron el cuatro de marzo y el once estábamos ahí.” 

 
 
 
 
 
Ver esta publicación en Instagram
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Una publicación compartida de Francisco Kito Mendes (@kitosailing)

 

“Por cuestiones burocráticas nos comimos catorce días en Panamá para poder cruzar el canal y ahí arrancamos. Elegimos ir por debajo del Ecuador, tuvimos seis días de calma y ahí si tuvimos que usar motor porque no teníamos todo el tiempo disponible, yo había pedido a los amigos que me ayudaron, dos meses de changüi, que me cuidaran a mi viejita, que vive en un hogar. Por suerte aparecieron los vientos y allá fuimos.” 

Estuvieron 26 días navegando hacia el oeste sin ver tierra hasta llegar a Fatu Iba, una de las Islas Marquesas en la Polinesia Francesa. Para Kito la experiencia fue inolvidable: “Cuando te tocan noches claras, ver el cielo, las estrellas reflejándose en el mar, en esos días que vas con viento suave, que el barco va tranquilo, miras y es increíble. Cuando cruzamos del norte al sur, en el paralelo cero, brindamos con ron, le tiramos una copa de ron al mar y nos tiramos al agua. Estás a tres mil metros del fondo y a diez días de cualquier lugar terrestre. 

Allí estuvimos frente a una isla llamada Hina Oa, anclados sin pagar nada, disfrutando el día desde las seis de la mañana a las seis de la tarde. Te despertás, te tiras y estás nadando con rayas que se acercan y te miran, no lo podes creer.” 

Carlos comparte con Francisco lo deslumbrante de la naturaleza: “Cuando estás navegando ves los peces voladores, las ballenas jorobadas, los atunes que también nos sirvieron como alimento. El agua es más limpia que la de la bañadera a mi casa, son increíbles esos lugares donde no está contaminado el mar y es una pena ver cuántas cosas destruimos.”  

Kito Méndes regresó a Mar del Plata desde la Polinesia y ahora el San Gabriel sigue navegando con Mariano y Facundo, pasaron por Indonesia y van por el Océano Indico rumbo a Madagascar. La idea es llegar a Durban en la costa oeste de Sudáfrica, de ahí a Ciudad del Cabo, y luego subir bordeando la costa africana para finalmente cruzar el Atlántico para llegar a la altura de San Salvador de Bahía y de allí bajar hasta Mar del Plata. Carlos Lugea seguramente va a compartir este último cruce del océano de regreso a casa. 

La aventura del San Gabriel se puede seguir a través del instagram @velerosangabriel y también @kitosailing. 

Temas de esta nota